FICHA TÉCNICA



Título obra Olor de santidad

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Lucha Núñez, Emma Fink, Herminia Álvarez, Héctor López Portillo, Carlos Navarro

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Olor de santidad de Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 17 mayo 1961.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   17 de mayo de 1961

Columna Teatro

Olor de santidad de Luis G. Basurto

Rafael Solana

El estreno de una nueva obra de Luis G. Basurto es por ahora el acontecimiento más importante que puede haber en el teatro mexicano, mientras llega el de alguna de Usigli, que no parece estar muy próximo (ahora se corre el rumor de que la Corona, que pondrá el Seguro no será siempre la de luz, que no ha llegado completa, sino otra vez la de sombra, que ya hemos visto tres veces), o el de una de Amalia Castillo Ledón, que tampoco parece muy probable; al de Olor de santidad fue el "todo México" de costumbre, un poquito menos "todo México" que el de los estrenos de Manolo Fábregas, pero importante y lucido también.

Basurto sí que no podría firmar sus obras con ningún seudónimo, ni Somerset Maugham, ni Linares Rivas, ni Benavente, ni ningún otro; sus obras se han vuelto personalísimas suyas; es ya un autor inconfundible; y eso es una virtud que pocos alcanzan; el tener una personalidad señalada, firme, es de autores sólidos, muy hechos. Y así es ya Basurto; ya no anda tentando en diferentes géneros, como Fritz Inclán o como Sigfrido Gordón, sino que sabe lo que quiere y a lo que va. Tiene un equipo de personajes (como lo tiene de actores), que usa en todas sus obras, y una misma escenografía y un léxico propio. Salvo en Cada quien su vida, su mejor obra y Los reyes del mundo, la pero, en todas las otras nos presenta salas ricas, familias que se reúnen para gritarse su precio, y alguna señora que levante un dedo y dice; "Yo no había hablado en veinte años, pero hoy voy a hablar", ¡y en qué forma!

Desde las primeras de cambio ya estamos en pleno basurdrama, si nos vale el neologismo; ya no es necesario que digamos "melodrama", como se dijo de algunas de las obras de este autor, o "pieza", como él mismo bautizó otras, o "alta comedia", como quiere algún crítico que las califiquemos; se necesita un término propio, y proponemos basurdrama, aunque las dos primeras sílabas, además del apellido del autor, traigan a la mente otra cosa muy alejada de nuestra intención; si el melodrama contiene música, o la implica por lo menos por sus etimologías, el basurdrama contiene... Basurto; y los elementos de que este ingrediente se forma, a su vez, son; extrema hosquedad en las relaciones familiares (esto ya estaba en Usigli), discursividad, ejemplaridad, y lo más característico, una extraña emulsión de religiosidad y prostitución, de la que serían símbolos apropiados aquellas hetairas que se arrodillan a rezar en un cabaret, o Victoria, la lenona de Miércoles de Ceniza, con su sacerdote al lado, o esta niña de ahora que se llama Anunziata pero que no sabe qué anuncia, y que desde sus primeros parlamentos nos dice que está indecisa entre hacerse monja o prostituta... como si fueran dos matices de un mismo color.

Tan pronto como la acción se plantea ya empezamos a reconocer personajes de otras obras basúrticas, personajes basurtidos, como el zángano filosófico, que ya conocimos en Miércoles; cuando el niño sale corriendo nos suponemos que a vomitar, hasta que nos acordamos de que eso es de El escándalo de la verdad; también llega un padrecito, pero no de incógnito, ni de morado, como en "Toda una dama", y hay una vieja loca, pero sibila, o civilizadora, como en Los reyes y en Cada quien, porque en Frente a la muerte la abuela era ciega y no hablaba tanto.

Una vez establecidos que la obra es característicamente basurtiana, hija legítima de ese infatigable basurtidor de nuestra escena, sólo queda agregar que, como todas las obras de Basurto, a unos les gustará y a otros no. Al público, creemos que sí, porque tiene efectos que siempre han gustado; se repite a doña Loreto, ahora en forma de Altagracia y con ligeras modificaciones, y eso hace reír. Lucha Núñez pronuncia nuevos sermones, tan abracadabrantes como los de otras obras, y Emma Fink delira, en la escena más lucida que su carrera completa le haya jamás brindado. Hermanos que discuten, hijos que protestan revelaciones de hechos ocurridos 20 años ha, y que sólo uno conocía... en fin, todos los elementos del basurdrama, tan hábilmente jugados como en todas las otras ocasiones.

Esta vez David Antón, que se apartó de los colores calabaza y obispo para caer un una gradación de verdes muy afortunada, acertó plenamente en la escenografía. Basurto dio a su propio drama una dirección efectista, publiquista, que subraya el carácter enfático de los principales discursos y carga ligeramente la mano en los detalles cómicos que no son muy abundantes en la obra. En cuanto a los actores, quienes de mayores oportunidades de lucimiento disfrutan son sin duda Emma Fink, perfectamente capaz para la gran escena de bravura que le fue dedicada, y Lucha Núñez, que en un papel difícil nos confirma los notables adelantos que la hacen ya una primera actriz capaz de cualquier empresa. Se repite Herminia Álvarez; Héctor López Portillo convence plenamente, en el personaje masculino mejor logrado, y no tropiezan con ninguna dificultad los demás actores; tenemos que lamentar que Carlos Navarro, actor excelente, tenga en este basurdrama un papel de tan escaso relieve.