FICHA TÉCNICA



Título obra A su imagen y semejanza

Autoría Rafael Solana

Dirección Ricardo Mondragón

Elenco Nadia de Haro Oliva, Luis Manuel Pelayo, Carlos Riquelme, José Luis Jiménez

Grupos y compañías Compañía de Nadia Haro de Oliva

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [A su imagen y semejanza de Rafael Solana, dirige Ricardo Mondragón]”, en Siempre!, 12 octubre 1960.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   12 de octubre de 1960

Columna Teatro

A su imagen y semejanza de Rafael Solana, dirige Ricardo Mondragón

Rafael Solana

La campaña en favor del teatro nacional que tomó la forma de un festival de obras mexicanas en el mes de septiembre, acabó por encontrar eco en quienes parecían más indiferentes a ella, entre los empresarios, mientras, por el contrario, instituciones oficiales que manejan dineros de la nación y a quienes por ministerio corresponde hacer patria a última hora escurrieron el bulto y se sujetaron al movimiento nacionalista. Ni la Universidad Nacional ni el Seguro Social, que lo habían prometido, pusieron obras mexicanas; ambas instituciones se mostraron más interesadas en ofrecer versiones totonacas de Shakespeare, con éxito que nadie se ha atrevido a calificar de halagüeño.

Pero aun sin Universidad y sin Seguro Social el mes del teatro mexicano fue un éxito, pues se presentaron 16 obras de autores mexicanos, y durante la mayor parte del mes hubo por lo menos tantas obras mexicanas como extranjeras en el cartel, y algunos días más, lo que no tiene precedente, y es una meta que nunca alcanzaron, ni siquiera persiguieron, quienes han tenido encomendada en otros tiempos la jefatura del teatro en nuestra patria.

Algunos de los empresarios se decidieron a colaborar con el mes del teatro mexicano tan a última hora, que ya no alcanzaron participación en la suma destinada por el Instituto Nacional de Bellas Artes para subvencionar las obras nacionales que oportunamente lo solicitaron, suma que por cierto no fue muy grande, sino mucho menor que la que se destinó a montar Brigadoon o la que se invirtió en Leocadia, obras de importación que fracasaron estrepitosamente, aunque en ambos casos sacaron grandes tajadas quienes las dirigieron o tradujeron. Ni Manolo Fábregas, ni el mayor Haro Oliva, ni Enrique Alonso, disfrutaron de subsidio oficial; y, sin embargo, montaron obras nacionales, aceptando la razón que asiste a quienes pedimos que se haga teatro mexicano en México.

Haro Oliva, que no pudo conseguir El insurgente Pedro Moreno, que era la obra en la que se interesaba, ni logró hacer caber en su pequeño teatro La familia cena en casa, que le gustaba también, se agenció un ejemplar de A su imagen y semejanza,(1) pieza que hace años fue escrita especialmente para Nadia, pero que ella en aquellos días no pudo estrenar, por tener otros proyectos.

Los ensayos debieron de hacerse con alguna premura, pues evidentemente el día del estreno la obra no estaba memorizada por los artistas y hasta se notó que alguno de ellos no tenía la menor idea de lo que se trataba. No se necesitó construir una nueva escenografía, ni contratar a nadie en especial, sino cuatro elementos de la misma compañía que sigue haciendo con sostenido éxito de taquilla La vedette y el cardenal interpretaron, dentro del mismo decorado, la comedia mexicana, que vino a tener de este modo un mínimo de exigencias.

Si olvidamos la primera noche en que el primer actor de la compañía dio el lamentable espectáculo de rodar, lastimosamente, por absoluto desconocimiento de su papel, y nos referimos a cualquiera otra de las subsecuentes representaciones, diremos que A su imagen y semejanza, que es una comedia a cerca de la cual ya a su tiempo hablaron los cronistas, varios de los cuales la consideran como la mejor de su autor, le salió a la compañía de Nadia de Haro Oliva muy bien. La dirección de Ricardo Mondragón fue muy atinada, y subrayó todas las intenciones contenidas en el texto. Y Nadia, desde luego, estuvo encantadora. El papel le vino como un guante (como le fue escrito sobre medida) y ella lo interpretó con la femineidad, con la frivolidad, con la gracia y la elegancia que en ella son características. Lució su belleza y su magnífica ropa, y dijo todo tan intencionado e inteligentemente que el autor ha confesado no haber podido imaginar mejor intérprete para su personaje.

Luis Manuel Pelayo ha sido una sorpresa para el autor mismo, y para todos quienes conocían ya la pieza y habían visto en ese papel a Ramón Gay y otros actores. Pelayo, que fue quien más estudió su personaje, supo meterse dentro de él, encontrar sus perfiles cómicos, hacerse simpático al público, arrancarle risas, los momentos cumbres de la comedia, tal como la representaron en el Arlequín, fueron los diálogos de Pelayo con Nadia, especialmente los del segundo acto.

Carlos Riquelme, que es tan buen actor, supo sacar adelante el personaje que le fue repartido y que no era ciertamente el que más le convenía de los que tiene la comedia; José Luis Jiménez, después de que desconcertó a la gente la primera noche, en la que hizo cosas verdaderamente increíbles, entró muy bien en el personaje, y lo sacó con la autoridad que él tiene.

La opinión general, después de la accidentada noche del estreno, es que la compañía de Nadia Haro Oliva hizo muy bien esta comedia que se presenta enormemente para el gran lucimiento de Nadia misma, y que deja a su público perfectamente satisfecho.


Notas

1. Original de Rafael Solana.