FICHA TÉCNICA



Título obra El jugo de la tierra

Autoría Carlos Prieto

Dirección Virgilio Mariel

Elenco Pin Crespo, Raxel, Guillermo Zetina, Jorge Russek, Mario García González, Roberto Rivero, Octabio Esquerra, Tomás Bárcenas

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro La Rotonda

Productores Roberto Núñez Escalante

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El jugo de la tierra de Carlos Prieto, dirige Virgilio Mariel]”, en Siempre!, 13 mayo 1959.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   13 de mayo de 1959

Columna Teatro

El jugo de la tierra de Carlos Prieto, dirige Virgilio Mariel

Rafael Solana

Un empresario como Roberto Núñez Escalante hacía falta en México. La Unión Nacional de Autores, aunque cuenta con algunas patrióticas y valiosas aportaciones, no puede prolongar por todo el año sus constructivas temporadas de búsqueda y consagración de autores mexicanos, el Instituto Nacional de Bellas Artes no siempre se acuerda de que promoverlos e impulsarlos es una de sus más notables tareas, y Luis G. Basurto, que representa en esta campaña la más valiente y empeñosa iniciativa privada, se toma sus descansos, para tratar de apretar un poco en algunas otras de las muchas empresas que abarca. Los premiados Arce y Aceves, que tienen la medalla de oro de la Unión de Autores por pasadas batallas, han desertado del campo y se han entregado incondicionalmente en manos del vodevil más abyecto, y en cuanto a los Fábregas, Banquells, Haro Olivas, Canales, Kaplanes y demás empresarios (Rambal heredó a los Juncos), esos jamás se acordarán de que en el país en el que viven y medran también hay escritores, y no nada más público.

Cuando en medio de tan desconsolador panorama surge un empresario que se propone dar su lugar al autor mexicano, lo menos que puede hacerse es desearle todo bien, y aplaudir su esfuerzo, y tratar de respaldarlo.

Hasta ahora ha patrocinado tres obras nacionales este empresario; Una esfinge llamada Cordelia, que ya encontró hecha, y cuya vida prolongó; Detrás de la puerta, del mismo excelente autor, Federico S. Inclán, y ahora El jugo de la tierra, de Carlos Prieto, que acaba de estrenarse.(1)

Tal vez sea coincidencia, tal vez un reflejo del criterio y el gusto del empresario; pero las tres piezas tienen el mismo tono de comedia dramáticas, serias, en las que se ventilan asuntos de trascendencia, y no nada más se juegan con ideas o con situaciones, por divertir. Las tres han tenido miga, un noble mensaje, una lección; no han sido comedias frívolas o superficiales, sino dramas penetrantes, de gran interés.

El jugo de la tierra no es ciertamente la mejor de las tres; pero es una pieza muy interesante, muy digna de ser considerada por el público. Tal vez los expertos, los que van a los teatros semanariamente y siguen la evolución del género, la encuentren un poco anticuada, o tal vez demasiado moderna, ya que las modas van y vuelven. El corte es de obra francesa de hace 30 años, y el asunto y el ambiente nos hicieron pensar en algo así como Pánuco 137, aquella obra que Mauricio Magdaleno estrenó en el teatro Hidalgo en 1931. Los caracteres están trazados un poco a la Passeur, y el trazado de la trama podría decirse que un poco a la Lenormand. Esto no es malo. No es lo más importante el estar a la última moda, en las letras, sino hacer algo bien hecho y sólido, aunque no sea el último alarido. Y esta vez Prieto ha hecho una pieza que se tiene muy bien en pie, completa, redonda, notablemente mejor que las más recientes que le recordamos, Por el ojo de una aguja, A medio camino, y alguna otra.

Prieto tiene la preocupación de utilizar sus obras para hacer propaganda social, y tal vez este prurito sea una de las cosas que las hace verse más viejas. No faltan en esta pieza frases que parecen propias para un periódico mural, o para un discurso en un sindicato; pero no se abusa de ellas, están mezcladas hábilmente, aunque tal vez se habría deseado que fuesen más brillantes y más originales. El ingenio no es una de las principales características del diálogo, ni siquiera en las réplicas de la actriz, que, siempre borracha, se supone dice frases hirientes, agudas, o audaces.

Tal vez lo más logrado sea ese carácter de mujer, la única de la obra, típicamente americana, según ven a los americanos los enemigos del imperialismo, cegada por el materialismo, por la ambición de dinero; por desgracia, no encontró ese carácter, el mejor de la pieza, una feliz intérprete en Pin Crespo, que antes estuvo magnífica en Una esfinge y bastante bien en Detrás de la puerta; el sistema, antiguo y muy lleno de ventajas, de tener una compañía fija, en la que un corto número de actores, necesariamente muy versátiles, se reparta un gran número de muy variados papeles, ha sido superado por el nuevo sistema que consiste en llamar para cada papel al artista capaz de hacerlo mejor, en toda la ciudad; y Pin ciertamente está a gran distancia del tipo de esta americana vulgar que fue “Miss Chicago” por sus piernas, y en el que tal vez habría encajado muy bien Tana Lynn. Claro que Pin, que es muy estudiosa, y cuyos progresos son dignos de aplauso, se ha esforzado por dar vida a un personaje difícil y complicado, y que con cuidado evitó el mal gusto a que fácilmente induce el papel de una borracha permanente; pero cuesta trabajo, por su físico y por su pronunciación, hacerse el ánimo de que es una gringa; Raxel, en cambio, que también tiene un papel muy bien trazado, lo hace excelentemente, aunque habríamos preferido no verle el aparato del apuntador electrónico, tolerable en televisión, pero que en el teatro, en vivo, rompe la ilusión de la realidad. Ojalá consiga memorizar sus líneas para que en futuras representaciones pueda prescindir de este adminículo.

Nos quedan por mencionar, en otros dos papeles grandes, otros dos artistas: Guillermo Zetina a quien repartieron un personaje muy ajeno a los que ha representado antes con éxito, y que sabe superar su prueba, pero... sin convencer mucho: Virgilio Mariel evitó que hiciera un tonto al estilo del Juan Primito de Isunza o el menso de Lalito Montemayor en Mala hierba; pero en cambio permitió que buscando un acento de Puerto México, caiga en los de Venezuela y en los de Buenos Aires, sin que ninguno de ellos vengan al caso; su voz de brillante metal y su dicción muy nítida, a lo Fernando Mendoza, no encajan del todo en el campirano tono que el autor escribió; resulta un aldeano ladino como los de algunos clásicos del siglo de oro. En cuanto a Jorge Russek, puede decirse de él que tiene un buen debut; su aspecto físico es agradable, y apropiado para el papel que le asignaron; viene a ser un galán de los que hay pocos en México (recordamos solamente a Marc Lambert, a Carlos Cores y a Antonio Brixa, todos extranjeros); para un galán avillanado, pero de buena presencia, está muy bien; su actuación no es famosa, pero es cumplida, y hasta diríamos que algo más que correcta, si bien calificarla de eminente sería excesivo.

Mario García González, Roberto Rivero, Octavio Esquerra (nuevo ante nuestros ojos) y Tomás Bárcenas completan un reparto bien equilibrado, y sacan adelante sin tropiezo los papeles secundarios de la pieza.

Virgilio Mariel ha dirigido con limpieza y discreción; pero sin la perfección de otras veces; no está esto tan bien cuidado como Cordelia, o como aquella magnifica Mujer legítima que le vimos no hace mucho; no pudo entonar convenientemente a Pin Crespo, que con frecuencia está redicha, y que llega a fatigar por el intenso subrayado de frases que pretenden ser oráculos y que son trivialidades. Pin es muy laboriosa, y si Mariel lo es también quizá podrían, trabajando unas horas extras, mejorar todavía esto, para futuras representaciones, afinándolo y perfeccionándolo; el papel es muy difícil, y Pin no tiene muy grande experiencia; valdría la pena de pulir todavía un poco.

La escenografía de David Antón no nos ha entusiasmado; en ningún momento da la impresión de la época en que se desarrolla el drama, cosa que viene a saberse en el último minuto de la representación; tampoco logró el escenógrafo dar una impresión exacta del clima (recordemos la escenografía... ¿de Fontanals? de la película El niño y la niebla), ni siquiera una de la clase social de los protagonistas; en fin, que esta vez Antón, otras tan cuidadoso, salió del paso.

Es interesante El jugo de la tierra, El autor fue muy aplaudido la noche del estreno.


Notas

1. En el teatro La Rotonda. Armando de Maria y Campos. 21 años de crónica teatral en México, 1944-1965, 2 vols. México, INBA-IPN, crónica del 3 de mayo de 1959.