FICHA TÉCNICA



Título obra Don Juan Tenorio

Autoría José Zorrilla / adaptación

Música Nicolás Manent

Eventos Setenta años de la zarzuela Don Juan Tenorio

Notas El autor comenta sobre las críticas de la época a la adaptación de Don Juan Tenorio, en zarzuela realizada por José Zorrilla, y cita de este escritor fragmentos de sus Notas para los directores de escena en provincias

Referencia Armando de Maria y Campos, “Don Juan Tenorio zarzuelero no sirve ni a Dios ni al diablo...”, en Novedades, 2 noviembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Don Juan Tenorio zarzuelero no sirve ni a Dios ni al diablo...

Armando de Maria y Campos

En La ilustración española y americana que se editaba en Madrid, en el número correspondiente al 8 de noviembre de 1877, aparece una crítica sobre la zarzuela Don Juan Tenorio, libro de José Zorrilla, música del maestro Nicolás Manent. Es la única que pude conseguir relatando aquel suceso teatral. "No por la entidad del poema, sino por lo que significa en la república de las letras la insigne personalidad poética de su autor, hemos de consagrar breves líneas a la inspirada transformación que acaba de experimentar el drama fantásticorreligioso Don Juan Tenorio. El señor Zorrilla ha convertido el famoso burlador sevillano en personaje de zarzuela. El don Juan del poema liricodramático no es el poeta hiperbólico, pero opulentamente oriental, del drama religiosofantástico. En su rostro juvenil se descubren los surcos de una vejez mal defendida aun contra los arrebatos de la sangre y los instintos de perversidad. En una palabra, el don Juan Tenorio de la zarzuela está en absoluto, dentro de las condiciones ambiguas de su refundida personalidad: no sirve para Dios ni para el diablo; es un matón que empieza a percibir en el brazo derecho los amagos de la parálisis", afirma don Peregrín García Cadena, crítico de La ilustración.

Verdadera obsesión tuvo Zorrilla para lograr un don Juan distinto y un don Luis diferente. El don Juan de la zarzuela no se contenta con que su singular aventura se sepa por referencia, y muestra especial fruición en violar a los ojos del público el domicilio de su víctima, para que quede perfectamente determinado el momento matemático de su comprada victoria. No deja ya la solución o la insolubilidad del enigma a la malicia o a la inconsecuencia de los diversos elementos que componen su auditorio; quiere que éste tenga una prueba notoria de su insigne bellaquería y no da por terminada su intentona amorosa hasta que a vista de inocentes y maliciosos ha pasado los umbrales que defienden tal mal el subastable honor de doña Ana de Pantoja.

En la escena del panteón, don Juan y la sombra de doña Inés, en vez de recitar otras décimas famosas, se comunican también con música:

Juan: Mármol que inerte viste
la forma de mi Inés,
de la que ya no existe
¿qué tienes que me des?
Inés, que recibiste
mis juramentos, ven,
del corazón más triste
misericordia ten.
¡Sueño! ¡Delirio!
¿do está la blanca imagen
escultural?
Inés: No es alucinación
lo que con tu alma ves.
Don Juan, tu evocación
ha obedecido Inés.

En el cuadro de la cena, a la que está invitado el difunto comendador, siéntanse a la mesa con don Juan dos jaraneros estudiantes sevillanos, y con uno de los dos habrá de batirse "a las puertas de su casa", pero nada se dice en la zarzuela de si le mata o no le mata. Y así por el estilo...

A propósito de la aparición de la estatua de don Gonzalo, Zorrilla escribió en unas "Notas para los directores de escena en provincias", que se publicaron en la edición de su zarzuela que comento, la siguiente:

"En el cuadro sexto la estatua del comendador no debe de andar; sino aparecer y desaparecer. La estatua de la tradición, la del libro en su leyenda, no anda más que en la imaginación del lector: el narrador de la tradición puede hacer de su estatua lo que crea conveniente para su efecto fantástico en la narración; pero en la representación el movimiento de la estatua es absurdo: tiene que moverse sobre el tablado y a la vista del espectador, el ruido de sus pasos sobre la madera, y la idea del mecanismo muscular en la piedra resultan ridículos; aunque el calzado del bajo que represente la estatua, esté preparado de modo que no produzca son, los pasos de la estatua destruyen el efecto de la aparición; porque recuerdan tan natural como inoportunamente que el actor es quien anda, etc.

"La entonación de la estatua al hablar, debe de ser solemne, pero no debe hacer el bu, como suelen hacer todos los actores, como en Madrid; esta aparición de piedra que viene haciendo un ¡bu! ¡bu! que no espanta ni a los chiquillos, contribuye a que la escena se tome más en broma de lo que ya por broma lo caracteriza el fondo ridículo de la tradición. Si un muerto se apareciera hablando como dentro de un puchero, como se habla este desventurado papel, vería el más tonto que era un muerto de pega.

"Y no se concibe cómo un director de escena de sentido común, ni un público sensato, han tolerado tantos años semejante abuso, y lo ha sido de los actores, porque cuando se estrenó, ni el autor, ni el director de escena Carlos Latorre, autorizaron tal antiteatral niñería".

El crítico de La ilustración afirmó, lleno de razón: "La zarzuela Don Juan Tenorio pasará en breve plazo a las tinieblas del olvido, y nada se perderá con ello; quedará siempre el drama Don Juan Tenorio, como una muestra gallarda de las brillantes facultades poéticas del autor, y entrará, no sabemos hasta cuándo, en el sentimiento de la masa impresionable".

Por lo que hizo al desempeño de la zarzuela, "ha dado, en general –dijo García Cadena– origen más frecuente a la comezón de la risa que a las emociones de lo patético o lo terrible; ni la familia de carne y hueso que juega en el poema ha expresado con sentido y natural acento los afectos de humanidad, ni la efigie marmórea encargada de representar los preternaturales acentos de la divina justicia y de la divina misericordia, ha estado a la altura de su misión".

Espíritu de contradicción siempre que del éxito de su Tenorio se tratara, don José Zorrilla explicó ampliamente por qué había ensayado convertir en zarzuela el drama Don Juan Tenorio.