FICHA TÉCNICA



Título obra Hotel Paradiso

Autoría Georges Feydeau

Notas de autoría Meche Cabrera / traducción

Dirección Fernando Mendoza

Elenco Rita Macedo, Manolita Saval, Queta Lavat, Xenia Halina, Nicolás Rodríguez, Francisco Jambrina, Fernando Mendoza, Corzo Duarte, Carlos Bribiesca, Juanito Molinari

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Productores Rita Macedo, Ernesto Alonso

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Hotel Paradiso de Feydeau, dirige Fernando Mendoza]”, en Siempre!, 22 mayo 1957.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   22 de mayo de 1957

Columna Teatro

Hotel Paradiso de Feydeau, dirige Fernando Mendoza

Rafael Solana

Además de los grandes talentos que ya les han sido reconocidos como artistas del cine y del teatro, Rita Macedo y Ernesto Alonso tienen talento comercial; entre los muchos empresarios teatrales de que ahora disfruta nuestra metrópoli, ellos son unos de los que mayor sentido tienen de lo que va a gustar al público; varias veces han atinado ya, y el teatro que administran, que cuando lo tomaron era un campo de desolación al que iban a suicidarse los ratones, es ahora una de las salas más tibias y acogedoras de la capital, siempre llena de gente y de risa.

La obra que actualmente tienen en cartel es un viejísimo vodevil de Feydeau, autor finisecular muy desacreditado; Rita vio en Londres a Alec Guinness resucitar este vejestorio, y tener éxito; copió la idea, y lo ha montado aquí, con muchísima gracia; el resultado que ha obtenido es halagüeño; el público ríe sin descanso, y cada noche es más numeroso en la hoy amable sala del teatro Sullivan, que hasta antes de Anastasia había sido una cochera.

Fernando Mendoza, el director que con éste lleva ya tres aciertos, atinó a dar al vetusto vodevil un ritmo adecuado y feliz; no pretendió modernizarlo, ni suprimiendo apartes, ni cambiando de ropa o de iluminación, sino subrayó las notas anticuadas de la construcción teatral de Feydeau, para hacerla más cómica, casi caricaturesca; a pesar de las grandes dificultades de movimiento que propone el segundo acto, siempre fluye la acción, en diversos planos; en resumen, una gran dirección de Fernando, la mejor de las suyas.

La escenografía, de Antonio López Mancera, acertadísima; perfectamente funcional la del hotel, tal vez demasiado complicada para el pequeño espacio disponible; el sabor de época, y el toque cómico, logrados admirablemente.

Y el cuadro de intérpretes, rico y variado; no sólo se trata de una compañía grande, sino de una gran compañía.

Lo encabeza la propia empresaria, Rita Macedo, que luce bellísima, y que se viste como un ángel; es hoy, sin disputa, una de las dos actrices mejor vestidas de México (por ahora la mejor, porque la otra no está en México, sino en Cannes); tiene, además, elegancia, señorío; y ya hemos ido viendo la manera cómo ha progresado en su arte interpretativo; en lo dramático, se ha apuntado ya excelentes aciertos en Mala semilla y en Anastasia, en lo cómico, en este Hotel Paradiso que estamos comentado, no deja absolutamente nada que desear.

Otra joya de la compañía, un verdadero hallazgo, ha sido Manolita Saval, ante quien se abren anchísimas las puertas de un porvenir muy brillante; Manolita, todavía joven y linda, aunque ya no tanto lo primero como cuando fue la tierna soprano ligero de Don Gil de Alcalá, no ha tenido la ridiculez de esperar hasta de verdad serlo para hacer papeles de vieja, sino que se atrevió valientemente con una Madame Bonifaz para lo que no tiene edad ni condiciones físicas (debía ser vieja y fea), y a fuerza de arte ha compuesto ese personaje de manera que sirve perfectamente a la pieza y consigue las más entusiastas reacciones de público; sus escenas son tal vez las mejor sacadas de toda la obra, jocosísimas; Manolita Saval, que todavía podría ser, si quisiera, una linda dama joven (sólo un poquito robusta), se ha convertido en una soberbia caricata, y hace un trabajo en el que pronto será considerada como reina en el teatro, la televisión y tal vez el cine mexicanos. Un aplauso ruidoso, apasionado, para ella, por su trabajo soberbio en Hotel Paradiso.

Queta Lavat está guapa y mona en su papel chico; las dos niñas, entre las cuales Xenia Halina, de abolengo teatral, impecables.

De los tres excelentes actores que asumen los principales papeles masculinos, no sabríamos por cuál empezar; posiblemente el que alcanza más lucimiento, porque su papel se presta a ello, es Nicolás Rodríguez, ese veterano magnífico actor cómico, que cae al público como onza de oro y cada vez que abre lo boca saca risas; en papeles más largos y matizados. Paco Jambrina, un maestro, y Fernando Mendoza, que ya lo es también, dan cátedra de ángel y simpatía; Fernando ha sabido componer perfectamente su tipo, y don Francisco, sobre quien recae el peso de la obra, tiene una de sus actuaciones más sueltas y afortunadas.

Todavía hay muchos papeles más; Corzo Duarte se esfuerza por encajar en un estudiante tímido que tal vez habría venido mejor a otro actor de menos aparatosa presencia (más chiquito y flaco, queremos decir); Carlos Bribiesca resulta un poco fatigoso en su italiano macarrónico, y Juanito Molinari aparece vivaracho, pero inexperto en el papel del mozo del hotel; hay también un jefe de la policía, gendarme, cargadores... es una producción costosa.

El aplauso, y, sobre todo, las risas del público han premiado noche a noche este Hotel Paradiso que promete eternizarse en la cartelera del Sullivan, y que es un triunfo para todos, inclusive la traductora, Meche Cabrera, que se nos estaba quedando, injustamente, en el tintero.