FICHA TÉCNICA



Título obra Los héroes no van al frente

Autoría Juan Miguel de Mora

Dirección Juan Miguel de Mora

Elenco Isabela Corona, Javier Massé

Grupos y compañías Compañía de Emma Grissé

Notas de grupos y compañías Ángel Estivil / dirección

Espacios teatrales Teatro de los Compositores

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Los héroes no van al frente de Juan Miguel de Mora]”, en Siempre!, 6 marzo 1957.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   6 de marzo de 1957

Columna Teatro

Los héroes no van al frente de Juan Miguel de Mora

Rafael Solana

La segunda obra mexicana de este año ha sido Los héroes no van al frente, de Juan Miguel de Mora, y la ha montado la compañía de Ema Grissé, que dirige Ángel Estivil y que ocupa el teatro de los Compositores, que apenas el año pasado fue inaugurado, justamente con otra obra de autor mexicano, El deseo llega al anochecer, de Federico S. Inclán; he aquí un teatro que no teme presentar las obras de los autores nacionales.

Juan Miguel de Mora dirige su propia obra, y encontró para ella una distinguidísima intérprete, Isabela Corona, quien es una de nuestra actrices consagradas; antes dirigió esta misma pieza, en Venezuela (pero para el cine) llevando como estrella a la actriz michoacana Stella Inda.

La sola presencia de Isabela Corona da ya esa categoría al espectáculo, que merece ser visto; Isabela es una indiscutible, una actriz de valía, cuyos trabajos siempre merecen ser conocidos y aplaudidos, no la veíamos desde que hizo una verdadera creación de Breve kermesse, en el teatro de la Comedia, y en Bellas Artes, Anna Lucasta. Antes, en el Caracol, había triunfado largamente con El niño y la niebla, de Rodolfo Usigli, pieza que llevó la entonces nunca vista cifra de 450 representaciones.

La obra de Juan Miguel de Mora gustará a unos y a otros no; pero desde luego es muy interesante; representa un género, es la expresión auténtica de una independiente personalidad literaria; está perfectamente bien construida, con la habilidad de quien domina ya el género dramático y puede darse el lujo de plantarse a sí mismo problemas y resolverlos con soltura.

Quienes gusten de ella dirán que es una pieza valiente, acometiva, viril que denuncia algunas lacras de la sociedad y de la época, y que tiene, lo que no es frecuente en el teatro que hoy se estila, un mensaje, una tesis; a ratos más que una obra teatral parece un panfleto, un artículo editorial, furiosamente combativo en contra de la guerra, sin omitir la mención de algunos lugares comunes tales como "los Generales mueren en la cama", y otros. Hay detrás de los personajes el pensamiento del autor, que es un convencido pacifista, y quisiera ver borradas de la faz del planeta las contiendas armadas, tan destructivas; tal vez haya a quienes parezcan obvios y aun vulgares los puntos de vista del escritor: otras personas consideran que hace muy bien en expresar su mensaje y en pedir que las guerras se acaben. Alguien debe pedirlo; otros escritores se han cansado ya de hacerlo, pasados ya tantos siglos de inútil campaña.

Las personas que no gusten de la obra opinarán que es "gratuitamente fuerte" (frase escuchada a uno de los artistas del reparto), que está salpicada de parlamentos pesados: ¿Qué es la patria?, la patria es...; así muchos y que su sexualidad brutal ya no está de moda; hubo un tiempo en que don Segismundo Freud quiso hacer creer al mundo que todo es sexo, como años antes don Carlos Marx había pretendido hacer creer que todo es estómago; esas doctrinas, como todas las que implican excesiva generalización, han pasado de moda; hoy existe una tendencia a poner el sexo en su lugar, el estómago en el suyo, y una serie de cosas más en los suyos, porque la vida no es tan simplista como esos filósofos quisieran; en la obra de Juan Miguel de Mora sí es simplista; parece que los soldados que invaden un país sólo lo hicieran por satisfacer bestiales impulsos en las habitaciones de ese país, y que esas habitaciones deberían preferir la muerte a sucumbir ante esa grosera animalidad; las realidades son otras también se habla en la obra de Juan Miguel de Mora del mercado negro, un tema que pudo resultar apasionante en otros países y en otros tiempos, y que probablemente el autor conoció principalmente por su lectura de periódicos o su asistencia a exhibiciones de películas italianas o húngaras.

Un espectador imparcial, que ni se apasionara en favor de la obra, ni en su contra, encontrará en ella cualidades técnicas y literarias, pero se aburrirá un poco en algunas escenas muy repetidas, y encontrará innecesario el descarnado tono de sexualidad de algunas otras, tal vez sin admirarla mucho, sin encontrarla magistral recomendará de todos modos la pieza a todos los que siguen con interés el movimiento teatral de México como muy digna de ser vista y considerada.

En cuanto a las interpretaciones, son excelentes las dos últimas de la pieza, que es un prolongado diálogo en seis cuadros. Isabela es la actriz de siempre, de recia personalidad y excelente escuela, que tiene un tesoro en la garganta, y se deleita escuchándose, y a quien ha sido señalado ya alguna vez el defecto de usar el tono mayor aun para las frases menores. No está en la edad exacta en que el autor imaginó a su protagonista (unos 20 años), pero llena las condiciones de apetecibilidad que constantemente se mencionan en la obra, con una insistencia marcada. Javier Massé tampoco tiene la edad requerida (unos 17 años en el primer acto y 18 en el segundo), pero se ha compenetrado en su personaje y ha sabido matizarlo muy bien, a través de varios importantes cambios psicológicos. Era un papel francamente muy difícil, y él ha sabido sacarlo venturosamente, sorteando con habilidad todos sus escollos, que eran muchos.

Hubo largos aplausos, la noche del estreno(1), para el autor-director y para los dos magníficos intérpretes.


Notas

1. 18 de febrero. Idem.