FICHA TÉCNICA



Título obra Damas retiradas

Autoría Edward Perry y Reginald Denhan

Notas de autoría Adolfo Fernández Bustamante / traducción

Dirección Adolfo Fernández Bustamante

Elenco María Conesa, Anita Blanch, Wolf Rubinskis, Kitty de Hoyos, Magda Donato, Conchita Gentil Arcos

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Damas retiradas traducción y dirección de Adolfo Fernández Bustamante]”, en Siempre!, 24 octubre 1956.




Título obra Miércoles de Ceniza

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Ricardo Mondragón

Elenco Ofelia Guilmain, Lucha Núñez, Carlos Navarro, Héctor López Portillo, Hortensia Santoveña, Alejandro Parodi, Alicia Gutiérrez, Meche Pascual

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Damas retiradas traducción y dirección de Adolfo Fernández Bustamante]”, en Siempre!, 24 octubre 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   24 de octubre de 1956

Columna Teatro

Damas retiradas, traducción y dirección de Adolfo Fernández Bustamante

Mucho tiempo hacía que el licenciado Adolfo Fernández Bustamante acariciaba el sueño de presentar en México la pieza Damas retiradas(1), que tradujo del inglés, y que ya hizo representar hace años, en algunas ciudades del interior de nuestro país, con importantes repartos en los que han figurado actrices de la categoría de doña Virginia Fábregas, doña María Tereza Montoya y doña Isabela Corona; en alguna época se habló de que Blanca de Castrejón pondría Damas retiradas en el teatro Latino, en el que hizo Teatro de Somerset Maugham, y que pronto se clausuró por defectos arquitectónicos que no han sido subsanados; ahora, cuando al fin ha podido presentar esa pieza el licenciado en el teatro Sullivan (después de que Charito Granados la chamuscó un poco en televisión) hay que confesar que ha reunido un reparto excelente, y que valió la pena esperar, porque la representación es magnífica, y todos en ella triunfan y satisfacen a los espectadores.

La obra es buena, y su traducción, impecable; la dirección, del propio licenciado, es eficaz; el movimiento en escena ni falta ni sobra, los personajes están todos bien caracterizados, son inconfundibles, y los artistas se acomodan a sus papeles hasta el grado de, algunos, realmente vivirlos.

Un párrafo especial merece la actriz María Conesa, monumento nacional, símbolo de nuestra vida teatral de todo el siglo, tan grande en la historia como la Fábregas, o como la Iris, pero superviviente a ellas, pues mientras doña Virginia falleció y doña Esperanza vive retirada, María es incansable y no se arredra ante ninguna empresa, y sigue fresca como una rosa, estudiando nuevos papeles y lanzándose a nuevas aventuras.

En Damas retiradas María Conesa obtiene un triunfo personal muy notable; es cierto que el personaje que le fue repartido se acomoda a la perfección a sus condiciones; pero también lo es que ella en ese papel derrocha gracia, simpatía, arte, proyección de su personalidad hacia las butacas; estupendamente vestida para el caso (usa ropa que da la impresión de autenticidad, y que posiblemente la tenga, en contraste con el estilizado vestuario, de corte modernísimo, de Anita Blanch) dice y actúa toda la obra con un “ángel” irresistible. Aunque sólo aparece en el primer acto, su recuerdo dura a través de toda la obra, y es uno de los más gratos que uno se lleva a su casa después de la función.

Una vez más repetiremos lo que en los últimos 20 años hemos venido diciendo cada vez con mayor asombro: ¡María Conesa es eterna!

El papel más largo y más importante de la obra fue repartido a Anita Blanch, que es una gran actriz, de tradicional escuela y de mucha autoridad, la que le han conferido 30 años de incesante trabajo en las tablas, en toda clase de papeles (más muchas películas y muchas series de radio o de televisión).

Anita no se ajusta precisamente al papel que le asignaron; la obra pide una mujerona algo macabra (asesina a sangre fría, falsifica firmas, roba) y desprovista de gracias de las que Anita no puede despojarse; sigue siendo una mujer muy atractiva y guapa, y en ningún momento puede inspirar repulsión o terror; hay otras actrices epecializadas en eso; de la misma manera que cuando intentó hacer la Mater imperatrix de Benavente, le salió una Mater amabilis, por guapa y esbelta, por físicamente atrayente, así ahora se la ve demasiado grata y demasiado hermosa para el papel, que, por otra parte, como actriz saca a la perfección, sobre todo en alguna difícil reacción muda, en la que concentró todo su talento y todo su estudio.

Anita Blanch está pasando por una edad difícil (como Dolores del Río) en la que ya no quiere atreverse a hacer damas jóvenes, pero en la que todavía no tiene empaque para hacer mujeres muy maduras (salvo cuando se caracteriza especialmente, como en el caso de la abuela de Anastasia); está en la edad crítica en que ya se es vieja para hacer damitas... pero todavía es joven y linda, para hacer papeles de vieja... por bien que sepa hacer esos papeles, como todos los que le puedan ser repartidos.

Aunque los primeros días de su actuación en Damas retiradas Wolf Rubinskis tropezó con algunas dificultades por la falta de tiempo que tuvo para memorizar su papel, después ha brillado verdaderamente como un magnífico actor, de gran personalidad, muy bella voz, arrogante presencia y notable talento interpretativo. Su papel en Damas retiradas puede figurar al lado del de Un tranvía llamado deseo, el de Anna Christie, y otros, entre lo mejor que ha hecho en su carrera; he aquí un actor que no deja nada que desear, y que ha ido poco a poco convirtiéndose en una valiosa figura de nuestro teatro.

Al lado de la Conesa, Anita y Wolf triunfan en Damas retiradas: Kitty de Hoyos, sumamente linda, y muy prometedora; y Magda Donato y Conchita Gentil Arcos, muy ponderadas y justas en sus papeles caricaturescos, a los que sacan un partido excelente.

Damas retiradas es una buena pieza, excelentemente dirigida y notablemente bien interpretada, que puede recomendarse sin reservas a los teatrófilos mexicanos.

Miércoles de ceniza de Luis G. Basurto, dirige Fernando Wagner

Un estreno de Luis G. Basurto es un acontecimiento importante en la vida teatral de México; Basurto es posiblemente, hoy, el mejor autor dramático mexicano, aunque Rodolfo Usigli siga siendo el más sonado porque tiene hecha más historia y figuró en batallas más heroicas; en 1948 se dijo que “los tres grandes” del teatro de México eran Usigli, Xavier Villaurrutia y Agustín Lazo; Villaurrutia murió y Lazo dejó caer la pluma desde entonces; ahora los tres grandes son Usigli, Basurto y Federico S. Inclán; pero si bien Rodolfo sigue siendo la cabeza del grupo, puede haber quienes piensen que algunas de las más recientes obras de Basurto superan a las nuevas de Usigli; Cada quien su vida y Miércoles de ceniza están en ese caso.

Miércoles de ceniza es obra que puede compararse no solamente con las mejores escritas recientemente en México(2), sino con las más sonadas que se hayan escrito en nuestro idioma; si tienen ustedes tiempo de detenerse por un momento a considerar en el recuerdo las obras españolas más últimamente llegadas a México, verán que ninguna de ella es mejor que la más nueva obra basurtiana; ni la última que conocimos de Benavente (la estrenó en el Ideal la Montoya), ni la última de Casona (que acaba de hundirse en un mar de indiferencia pública en el que nadie gritó de entusiasmo), ni la última de Calvo Sotelo (que estrenó don Fernando Soler) ni la de Sagarra que tradujo Pemán, ni la del propio Pemán que no duró nada en el teatro Moderno; en cuanto a Mihura, Delaiglesia, Llopis, y otros autores cómicos, sin duda tienen una categoría inferior, y sus obras, aunque hagan reír y tengan éxito, no alcanzan la altura de las de otros escritores mencionados. Por lo que respecta a la América del Sur, estamos casi en ayunas; pero es seguro que si hubiera algo muy bueno, ya lo conoceríamos.

A la pieza Miércoles de ceniza, pues, no se la debe juzgar con un criterio de amabilidad y benevolencia como a cosa caserita; aplicándole el mismo rigor que puede aplicarse a una producción de cualquier nacionalidad y firmada por un atutor de cualquier categoría, hay que proclamarla una gran pieza; una obra excelentemente construida, habilísimamente arquitecturada, escrita en forma impecable, por un estupendo escritor que es además, y sobre todo, un formidable dramaturgo; un gran creador de situaciones teatrales, de golpes de efecto y un gran constructor de papeles para el lucimiento de los artistas; hay en Miércoles de ceniza, por lo menos dos de tal manera magníficos, que serían el sueño de una gran actriz; el de Victoria, el principal, que sirve para la definitiva consagración de Ofelia Guilmain, y el de Elvira, muy pequeño, con una sola entrada, pero tan perfectamente hecho, que da ocasión a la actriz Lucha Núñez de obtener un triunfo memorable.

No queremos ahondar en la tesis católica de la obra, porque ese es un mar sin fondo y en el que no tenemos brújula para navegar; queremos solamente decir que desde el punto de vista literario y dramático, Miércoles de ceniza es una gran obra, no solamente comparada con todo lo demás que se escribe en México, sino comparada con todo lo que se escribe en el mundo; posiblemente parecerá un poco anticuada de corte (un poco benaventina) a algunos que se mueren por las novedades y que preferirían El salón del automóvil; pero señala el momento de la madurez de un gran autor, que tiene sobre muchos otros la ventaja de no dirigirse sólo a un público determinado, de jóvenes, o de curiosos literarios, o de cultos, sino puede interesar a todos los públicos, a los más amplios sectores de la población, a las personas de gustos reaccionarios como a las más ilustradas; en eso Basurto lleva una gran ventaja a todos los demás autores, o a casi todos.

El triunfo de Miércoles de ceniza es, en su terreno, tan importante, tan trascendente, para nuestro teatro como el que el año pasado obtuvo Cada quien su vida; Basurto, al ganar esta otra batalla, se ha consolidado firmísimamente como un gran autor, del que las letras mexicanas pueden mostrarse orgullosas.

Basurto es director teatral, y no de los peores; pero en los casos de sus mejores obras ha tenido la inteligente modestia de llamar a otros directores, para que pongan la mano en ellas; en Cada quien su vida fue Fernando Wagner, que hizo un trabajo excelente; ahora ha sido Ricardo Mondragón, un director de la vieja escuela, tradicional; pero que supo entender y hacer resaltar notablemente los mejores valores teatrales y emotivos de la obra.

Ricardo Mondragón, por muchos años director y consorte de la Montoya, dio un tono montoyesco al principal personaje de Miércoles de ceniza, personaje que probablemente fue escrito por Basurto pensando en nuestra insigne María Tereza; y al encontrarse la gran actriz Ofelia Guilmain y el gran papel, el resultado fue una creación admirable.

La Guilmain estuvo algunos años sacando la charola en el Ideal; luego levantó la cabeza en televisión y en las huestes de Álvaro Custodio tuvo, con teatro clásico español, algunos triunfos muy meritorios; otras veces, como ocurría en Un tal Judas, en el teatro Trianón, se desbordaba impetuosa, e iba más allá de lo que pedía la parte, hasta parecer una brava leona metida en la canasta de un gato. Pero ahora hay un papel para que ella dé rienda suelta a sus facultades, a su vibrante y cálida voz gruesa y vigorosa, a su temperamento volcánico; es joven, se ve guapa, se viste con gusto; y cuando llegan en la obra los momentos culminantes, en que hay que poner la máquina a todo vapor, por fin la Guilmain puede darse vuelo sin temor a pasarse; y viene a tener, en este papel de Victoria Rivas que le viene como un guante, el triunfo de su vida, el de su consagración. Ahora sí tiene que ser reconocida por todos como una brillantísima primera actriz, capaz de hacer los papeles que hasta ahora, han hecho doña María Tereza, Virginia Manzano o Isabela Corona.

Pero el bombón de la pieza es Lucha Núñez; ella tiene una parte pequeña; pero la saca tan deliciosamente, con tal perfección, que el público saborea su actuación como un regalo; es una joya esa Elvira que Lucha viste, mueve y dice como una gran maestra; para una buena actriz no hay papel chico; Lucha, que sabe lo que significa esperar, ha tenido al fin el premio a su paciencia; en este papel corto luce más admirablemente que nunca, y es una gran triunfadora de la obra, al lado de la primera actriz, y del autor. Si no fuera tan buena la pieza y si no estuvieran todos tan bien en ella, de todos modos valdría la pena de ir a ver Miércoles de ceniza sólo por ver a la Núñez, como iba a alguna parte, sólo por ver a la admirable Magda Guzmán, a la pieza que están poniendo en el Seguro Social hace poco.

Nadie está mal, ni siquiera flojo, en Miércoles de ceniza; Carlos Navarro, cuyo papel es al principio un poco desvaído, va creciéndose de acto en acto, para brillar en el tercero, en el que tiene una escena de gran fuerza; Héctor López Portillo viste muy bien, y dice sin tropiezo, justo y acertado, su personaje; Hortensia Santoveña pasa a través del personaje más opaco de la pieza, dando la nota precisa, que se requería en la armonía del conjunto; Alejandro Parodi aprovecha un par de escenas para impresionar al público, haciendo gala de su emotividad; Alicia Gutiérrez se ve muy mona en su criadita, y Meche Pascual, una de las actrices jóvenes de mayor talento, sabe dar emoción a su corto personaje. El conjunto de una representación excelente se completa con una sobria escenografía de David Antón. Miércoles de ceniza es una pieza clave del teatro mexicano, deberá verla todo México.


Notas

1. Original de Edward Perry y Reginald Denhan.
2. Se estrenó el 11 de octubre en la sala Chopin. Armando de Maria y Campos. 21 años de crónica teatral en México, 1944-1965, 2 vols. México, INBA-IPN. crónica del 13 de octubre de 1956.