FICHA TÉCNICA



Título obra Fuenteovejuna

Autoría Lope de Vega

Dirección Álvaro Custodio

Notas de dirección Celestino Gorostiza / supervisión

Elenco Alejandro Reyna, Manolo García, Gavira, Gama, Sacramento, Miguel Maciá, Manuel Castell, María Idalia, Eduardo MacGregor, Pilar Sen

Coreografía Rafael Díaz

Música Jesús Bal y Gay

Vestuario Antonio López Mancera

Espacios teatrales Jardín de Chimalistac y casas particulares aledañas

Productores Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Fuenteovejuna de Lope de Vega, dirige Álvaro Custodio]”, en Siempre!, 14 marzo 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   14 de marzo de 1956

Columna Teatro

Fuenteovejuna de Lope de Vega, dirige Álvaro Custodio

Rafael Solana

Será memorable esta Fuenteovejuna que en Chimalistac ha montado el Instituto Nacional de Bellas Artes. Se hablará de ella, con el tiempo, como se habla de los "entremeses" de Cervantes que en la plazuela de San Roque, de Guanajuato, puso hace un par de años el licenciado Ruelas, y como se habla, con nostalgia de aquel magnífico espectáculo, El sueño de una noche de verano, que dirigió André Moreau, en Bellas Artes, en 1948 y como se habla de la Fuenteovejuna que en ese mismo Palacio le vimos a Margarita Xirgu hace una buena veintena de años; son acontecimientos que hacen historia, y a los que ha de referirse, en sus libros o en sus cátedras, el Armando de María y Campos del siglo XXI (probablemente uno de los hijos del actual, el que será heredero de su archivo de programas y de su biblioteca).

Parece ser que la idea de "sacar al teatro de entre cuatro paredes" fue del propio licenciado Miguel Álvarez Acosta, director general del Instituto; probablemente se inspiró en el éxito de los entremeses y de los Pasos de Lope de Rueda, en Guanajuato, o en las representaciones all aperto que se hacen en otros países, y de las cuales Conchita Sada vió algunas en la América del Sur y otras personas vieron muchas en Europa; el Guillermo Tell del atrio de la catedral de Berna; los autos sacramentales del atrio de Nuestra Señora de París; el teatro Popular que Jean Vilar y Gerard Philip han hecho en el castillo de los Papas, de Aviñón; las representaciones de piezas clásicas en las ruinas romanas de Orange; las temporadas de ballet del circo de Taormina; las de ópera en el Castello Sforzesco, de Milán, en la piazza del Bargello, de Bolonia, en la Arena de Verona, en las Termas de Caracalla, de Roma; la Aminta de los jardines Bóboli en el mayo florentino; la Medea que algunas veces hizo la Xirgu en Mérida (la antigua Itálica famosa); y El sueño de una noche de verano, de Hyde Park, para no mencionar sino las más conocidas.

Quizá eso no deba llamarse propiamente teatro, entre otras cosas, porque si así se llama le pondrá el güero Bustamante límite al precio de los boletos; deberá llamarse espectáculo, y entonces el límite no será el de 12 pesos, sino el que tengan las las barreras de los toros. Conchita Sada le llama "teatro panorámico" o "teatroscopio"; también se le podría dar el nombre de "teatro de masas", que utilizó Julio Bracho cuando puso en el Hidalgo Lázaro rió. Pero el nombre es lo de menos; lo importante es la calidad, la novedad, la categoría de esas representaciones dramático-coreográfico-líricas, que han venido a constituir el acontecimiento artístico más sobresaliente de este principio de año.

Para dar una idea de la aceptación que Fuenteovejuna ha tenido entre el público bastarán los siguientes datos; fue estrenada a cinco pesos, y había 300 localidades; pronto hubo que poner boletos a 10 pesos, y 500 localidades; después, a petición del público, se aumentaron las sillas a 750, y el precio de los boletos a 15 pesos; así se agotaban las localidades con 48 horas de anticipación (primero las más caras; sólo la gente que no alcanzaba ésas se conformaba con las baratas); mucha gente ha estado pidiendo, suplicando, que se pongan más butacas, aunque sea a 20 pesos.

¿Por qué esos precios? Porque el espectáculo tiene un costo de siete mil pesos diarios.

Y agotadas sus 750 localidades a los precios actuales (hay más localidades baratas que caras) no se llegan a cubrir esos gastos. Entonces se teme que, consumida la partida, Bellas Artes suspenda el espectáculo. Si los gastos se cubrieran, podría seguir indefinidamente, mientras el público lo disfrutase, lo frecuentase y lo pagase; y el Instituto podría dedicarse a preparar otros espectáculos igualmente importantes, en los que invertiría su corto presupuesto. Por ejemplo, la reposición en Chapultepec, de un Como gusteís que gustó mucho a la poca gente que lo vio, y la preparación de un nuevo Sueño de una noche de verano, que habrá pronto también en Chapultepec, y que tendrá todos los actores que se necesitan, que son muchos, más seis cuerpos de baile y una orquesta (música incidental de Mendelssohn), de 160 profesores.

Pero volvamos a Fuenteovejuna; nada se puede decir del texto, que está reconocido desde hace siglos como un monumento literario, y es una de las tres o cuatro más famosas obras del Fénix de los Ingenios, Lope de Vega, que escribió las comedias por centenas.

La dirección, de Álvaro Custodio, a quien supervisó Celestino Gorostiza, es felicísima; los movimientos de personajes o de grupos de personajes, a pie o a caballo, en un escenario amplísimo (tal vez unos cinco mil metros cuadrados) son magníficos y están perfectamente justificados y medidos; Custodio ha sabido desenvolverse en estas condiciones como si hubiese ya dirigido antes 20 obras en 20 plazas. Reunió un grupo de actores muy heterogéneo, y los resultados son desiguales. Mientras algunos cumplen muy correctamente (Alejandro Reyna, Manolo García, Gavira, Gama, Sacramento, etcétera), otros están francamente bien (Miguel Maciá, Manuel Castell, María Idalia, Eduardo MacGregor), y alguno eminente; ese alguno es Pilar Sen, que ya el año pasado llamó la atención en dos o tres obras, pero que ahora, al atreverse con un personaje en el que todos recordábamos a la Xirgu, se ha sometido a una prueba durísima y ha salido de ella completamente victoriosa; toda su Laurencia está bien compuesta y matizada; pero sobresale en la gracia y la dulzura del soneto y en la violencia y la energía de la imprecación, que se le aplaude, y con la que acoquina a todo el público. Un momento verdaderamente feliz, que marca la culminación de su carrera de primera actriz. Podrá acordarse de esto con orgullo ya para siempre.

Además de los 19 actores que hablan, la obra tiene 52 extras, que bailan y cantan, bien movidos por Rafael Díaz, música del siglo XV, que escogió Jesús Bal y Gay; Antonio López Mancera los ha vestido muy bellamente, con gran variedad, brillante colorido, y propiedad convincente, y don Paco Jiménez ha proporcionado hermosos caballos, que participan en la acción como si hubiesen aprendido muy bien sus movimientos.

Para el éxito completo del espectáculo digno de ser comparado con los mejores del mundo en su género, han colaborado con el Instituto de Bellas Artes dos particulares, los señores Federico Tam y profesor Tagle, que cedieron sus hermosas casas, en las que tiene lugar parte de la acción y el Departamento del Distrito Federal, que cedió el bellísimo lugar, esa encantadora plaza con sus árboles, su fuente y su pequeña iglesia (cuyo interior también entra en juego en una escena) y que proporciona diariamente servicios como los de iluminación, vigilancia, y otros.

Fuenteovejuna es algo que debe verse, obligatorio para todas las clases intelectuales y sociales. Es lo mejor que en su estilo se haya hecho jamás en México, y tan bueno como lo mejor que se haga en París, en Roma o en Londres. Ojalá que el INBA consiga sostenerla en cartel hasta que todo México haya desfilado por Chimalistac; se había pensado dar solamente 10 representaciones; pero eso habría sido muy injusto, porque sólo la gente muy metida en la vida cultural habría ido en esos primeros días; y ahora que todo México sabe ya qué calidad tiene ese espectáculo, puede suponerse que todo México querrá disfrutarlo, y tendrá pleno derecho a ello, puesto que se trata de un acto de cultura patrocinado por las autoridades de la Ciudad y por el Instituto en cuyas manos está la responsabilidad de la educación estética de todos nosotros.