FICHA TÉCNICA



Título obra El plan de Iguala

Autoría Rafael Solana

Dirección Cipriano Rivas Cheriff

Elenco Roberto Soto, Aquiles Elorduy, Cipriano Cheriff, Enrique Díaz Indiano, Pilar Sen, Emilia Carranza, Eduardo MacGregor, Ada Morr

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El plan de Iguala de Rafael Solana, dirige Cipriano Rivas Cheriff]”, en Siempre!, 21 septiembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   21 de septiembre de 1955

Columna Teatro

El plan de Iguala de Rafael Solana, dirige Cipriano Rivas Cheriff

Rafael Solana

Otra vez las coincidencias de fecha y hora; tres teatros estrenaron el mismo día la semana pasada y casi en el mismo momento, como si se hubieran puesto de acuerdo para quitarse el público; el Ideal, su revista del medio millón de pesos (pavoroso vaticinio, si se refiere esa cifra a las futuras pérdidas; el Caballito, una nueva comedia a base de Marilú, y el Sullivan, una comedia mexicana, con la reaparición de Roberto Soto, después de una ausencia muy prolongada.

La crítica se cargó al Sullivan, sin duda por el atractivo de volver a ver al Panzón después de mucho tiempo, también porque allí había un estreno mundial(1), de un autor nacional muy fecundo(2), para quien los cronistas teatrales tienen siempre grandes actos de deferencia, sin duda porque se trata de un compañero suyo.

El Sullivan, que no es tan de bolsillo como otros teatros, pues tiene más de 350 butacas (lo que el Caballito y el de la Comedia juntos, pongamos por caso, y mucho más que el del Caracol y el de la Capilla encimados) dio esa noche dos funciones, lo que implica, 700 asistentes; y casi se llenó en las dos, lo que da una asistencia inicial superior a la que habrían podido tener los cuatro teatros arriba mencionados.

El público pudo formarse una idea bastante aproximada de lo que debe ser la obra que el autor escribió, y luego sometió a los cortes, algunos verdaderamente sanguinarios, que hicieron don Aquiles Elorduy, don Roberto Soto y don Cipriano Cheriff; con esa idea le bastó para darse cuenta de que se trata de una comedia ligera, casi una farsa, sin más propósito que de hacer reír echando a broma cosas tan serias como el comunismo y las grandes revoluciones; como la gente se rió bastante (unas veces de los chistes que tiene la obra, otras de las gracejadas con que la adornó Soto), el autor pudo darse por satisfecho.

¿Un éxito? Bueno... ahora ya no puede hablarse de éxitos, después del de Cada quien su vida; unas palmadas, unas cuantas salidas a escena, a agradecerlas; una cosa moderada; pero eso, que hubiera sido más que suficiente hace un par de años, ya no puede bastar a un autor; ahora las cosas se han puesto en otro plan y la aceptación amable del público para una obra no es un éxito; ya hay otras medidas nuevas para medir el éxito, y no las llena El plan de Iguala, obrita de la que nada más puede decirse sino que “Pasa”, y que si bien dista mucho de ser un desastre, convengamos en que se queda a la misma distancia de ser un verdadero triunfo. Es un nombre más en la lista de obras de un autor que no es ni el mejor ni el peor de los nuestros, y que si bien en los últimos años siempre ha estado en la terna de los mejores autores, no ha sido el mejor nunca, y parece condenado a nunca llegar a serlo.

Acerca de los intérpretes de El plan de Iguala podemos decir lo siguiente: Roberto Soto fue recibido con mucho cariño; al hacer su aparición en el escenario sonaron en su honor largas ovaciones; se le recuerda con gran afecto, por sus largas temporadas en el Iris, en el Lírico, en Bellas Artes; pocos recordarán otras más antiguas, en el Principal, en el Colón, o en el “Mexicano”, que luego se llamó Fábregas, y fue derruido hace tiempo.

¿Cómo está Soto en el género de comedia? Bueno... este papel no le exigió grandes remuneraciones; le fue cortado sobre medida, de modo que le viene como un guante; tiene en él oportunidad de desenvolver su personalidad, sumamente simpática; hace gala de su gran autoridad escénica, de su magnífica voz, ricamente matizada, y busca y obtiene efectos cómicos a base de los más variados recursos de los que fue dotando su larguísima experiencia; lleva el peso de la obra, y la lleva a buen puerto; hizo reír muchas veces, a lo largo de la función; se deja ver más que nadie; ha tenido un gran triunfo, el que de él ya se esperaba.

Enrique Díaz Indiano dio una sorpresa a muchos; es actor modesto, poco aparatoso, nada amigo del bombo, y varias veces ha aceptado papeles oscuros, en los que se le vio muy poco; por eso había muchos espectadores, la noche del estreno, que se sorprendían de que estuviese tan bien en un papel que había estudiado cuidadosamente, que compuso con gran dignidad y dijo con una sobriedad muy plausible; el que obtiene en El plan de Iguala es el segundo de los éxitos grandes de Indiano; el primero lo había alcanzado hace un par de años en otra obra del mismo autor, por cierto, Estrella que se apaga.

Pilar Sen está perfecta en un papel que, se nos hace notar con una tarjeta repartida al mismo tiempo que el programa, es inferior a su categoría; ella es estrella, primera actriz, y el papel que asumió en esta pieza, por deferencia al autor y a la empresa, es secundario; pero no hay papel malo cuando la actriz es buena; y ella se deja ver, llena el papelito, lo vive, lo hace sin tacha; además, le viene muy bien eso en el momento en que acaba de llamar la atención con otros dos papeles muy diferentes; en el punto de su carrera en que está, le hará bien este papelillo, con el que demuestra su versatilidad y su de los más diversos personajes.

Emilia Carranza está muy mona en la damita joven; casi diríamos que no pudo encontrarse a nadie que lo hiciera mejor; el papel es pequeño y de no muy grandes responsabilidades; ella pone a contribución su juventud, su dulzura, su palmito, su limpia pronunciación, sus gráciles movimientos en escena; Eduardo MacGregor, muy al principio de su carrera, no desentona de los buenos artistas de que está rodeado, y cumple; pero irá mejorando; tiene todavía mucho camino por delante. Todos los demás artistas del extenso reparto son morralla, y han sido movidos por el director con tino, dentro del tono de farsa de la obra; destaca entre todos ellos por su bella figura la guapa Ada Morr.

Cipriano Rivas Cheriff no se limitó a dirigir; no pudo contener sus ansias y asumió no uno, sino dos papeles, tan diferentes entre sí (además, los caracterizó muy bien) que pocas personas se dan cuanta de que el mismo artista los hace; Rivas Cheriff se recreó en ellos, los cargó de matices y de defectos, se dio vuelo; esas actuaciones completan el colorido tan variado, de la interpretación de esta obra, que no es pesada, ni monótona, ni sórdida, sino abigarrada, juguetona y bromista, una especie de carnavalada literaria y de satírica mojiganga.

El plan de Iguala se representará sólo unas cuantas veces, pues Roberto Soto, que se siente cansado ya, ha determinado cortarse la coleta definitivamente el dos de octubre, en una función de despedida que será muy solemne.


Notas

1. Tuvo lugar el 8 de septiembre. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Rafael Solana.