FICHA TÉCNICA



Título obra Hoy invita la Güera

Autoría Federico S. Inclán

Dirección Jebert Darién

Elenco Lola Bravo, Héctor Andremar, Reynaldo Rivera, José Luis López, Rubén Carrero, Julieta Velasco, Olga Romay

Escenografía David Antón

Vestuario David Antón

Espacios teatrales Teatro del Globo

Notas Antes a esta representación, la obra fue leída públicamente en la casa de Mélida de la Selva

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Hoy invita la Güera de Federico S. Inclán, dirige Jebert Darién]”, en Siempre!, 13 abril 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   13 de Abril de 1955

Columna Teatro

Hoy invita la Güera de Federico S. Inclán, dirige Jebert Darién

Rafael Solana

Al día siguiente asistimos a un espectáculo satisfactorio; el de un teatro lleno a reventar, con más gente de pie que la que llenaba las butacas; un público arrebatado, interrumpiendo seis o siete veces cada acto con ovaciones y coreándolos todos con carcajadas sinceras; y un aplauso de quince minutos, al final del último telón, un aplauso delirante, consagratorio, como corrida de toros. Era la noche del estreno en el teatro del Globo de Hoy invita la Güera(1), una comedia sencillamente estupenda, soberbia, de Federico S. Inclán, el autor de Hidalgo, El duelo y otras obras.

Hoy invita la Güera, pieza mexicana, es la mejor de todas las comedias que hay en cartelera, en una docena de teatros capitalinos. Pero la mejor por un margen amplísimo.

Hay en ella ingenio a raudales. Gracia, comicidad de la buena, chistes que van desde los más sencillos, que puede captar el público más inocente, hasta los más elaborados, propios para hacer sonreír a los filósofos; agudezas acerca de la historia de México, alusiones finas a la política actual, refiriéndola a la de otros tiempos, consideraciones de carácter sutilmente humorístico acerca de nuestras naciones amigas, en el presente y en el pasado, hay construcción dramática, hay habilidad en el manejo de una veintena de personajes; hay caracterización de todos ellos de tal manera lograda, que basta con que salgan a decir sus líneas no unos grandes actores, sino unos principiantes cualesquiera, y de todos modos los chistes tienen eficacia y los personajes se tienen en pie; hay un sano conocimiento de problemas mexicanos, que tienen que interesar vivamente a los mexicanos, conozcan o no su historia; hay, en fin, más cualidades artísticas, teatrales, o de cualquier índole, en esta obra de Inclán, que en todos los ocho o nueve vodeviles y comedietas de importación que hay en todos los demás teatros (estoy dejando aparte La paz contigo que será motivo de comentario especial aquí la semana entrante).

Y el público captó todas estas virtudes de la obra de Inclán, a la que no se puede bajar una letra de estupenda, y la rió a mandíbula batiente, y la aplaudió a romperse las manos, y la aclamó con gritos estentóreos.

¡Qué obra magnífica! ¡Y qué papeles! Cuánto habría dado Nadia de Haro Oliva, Emperatriz Carvajal, Blanca de Castejón, Sara Guash, Lucy Gallardo, Marilú Elízaga, porque cayese en sus manos ese personaje. Pero todas ellas estaban demasiado ocupadas leyendo comedias francesas para enterarse que en México existían tal autor como Federico Inclán, ni tal obra como Hoy invita la Güera, que por cierto no estaba escondida en ninguna caja fuerte, sino fue leída públicamente en la casa de Mélida de la Selva y la oyó todo el que se interesó por oírla. ¿No estaban enteradas de esto ninguna de esas señoras actrices?

Lo lamentarán ahora. Porque cualquiera de ellas habría podido tener un éxito de consagración con el papel de la Güera, que es una delicia, un bombón. Ojalá lo llevara a la pantalla Dolores del Río, la mejor de nuestras actrices fílmicas.

Lola Bravo no está mal en el papel. Es tan bueno, que es imposible estar mal en él; está graciosa, ligera, amable; pero uno siente por momentos que le falta talla como ocurre con otros de los personajes.

Era de temerse que la excelente obra fuese destrozada por los artistas, muy incipientes, y casi todos con el antecedente de haber estado bastante insufribles en El macho; pero otra vez aquí la calidad de la obra literaria se impuso; los personajes están tan bien trazados, que se sostuvieron por sí mismos, y aun los artistas más noveles los dijeron con gracia, en lo que sin duda intervino una felícima dirección de Jebert Darién. No hay nadie que esté mal; y hay muchos que están muy bien. Héctor Andremar, excelente; Reynaldo Rivera, atinadísimo (pero necesita calzones largos, porque esos shorts se le ven muy mal), y muy bien José Luis López, y Rubén Carrero, y Julieta Velasco y Olga Romay, y así hasta agotar el extenso reparto; y muy feliz el decorado de David Antón; y bien escogida la ropa; un triunfo redondo; una de esas ocasiones en que sale del teatro respirando a pulmón pleno, con la sensación de haber presenciado algo completo, algo que no deja nada que desear.

Sólo queda una cosa a la imaginación: el forjarse la ilusión de lo que esta misma obra espléndida pudo haber sido montada en un teatro más grande, con más elementos, y de lo que habrían podido lograr con esos papeles maravillosos esos actores y esas actrices, que se pasan el año haciendo insulsas cositas francesas, o yanquis o españolas, y, naturalmente, nunca sacan la cabeza. Vean ustedes Hoy invita la Güera y procuren imaginarse cómo pudo estar Nadia en el papel, cómo habría estado Marilú, cómo habría hecho el príncipe de Joinville, Rambal; cómo habría dibujado el Santa Anna, López Moctezuma; qué partido pudo sacar del Canónigo, Miguel Manzano; qué habría hecho con el poeta Raúl Farell... etc., etc., etc.

Pero seguirán todos ellos sin enterarse de que hay autores mexicanos. En su pereza y en su ignorancia llevan su castigo, porque cuando surge una obra estupenda, como ésta de Federico Inclán, y tal vez él mismo tenga otras, dejan pasar esa oportunidad, y la recoge quien menos podía esperarse... como en este caso acontece con Lola Bravo, que se arrepentirá toda su vida de haber abierto con El macho y no con esta obra, su teatro del Globo, y con que las entradas de la Güera se repondrá del descalabro económico que fue para ella la tan fríamente recibida pieza yanqui, que prefirió a la del autor nacional.

Por cierto que Lola Bravo y el empresario del Globo están cometiendo muchos errores y están llevando muy mal la administración de su teatro; ahora que tienen una gran comedia, y un triunfo completo, de director y artistas, y un público feliz que disfruta la obra, la aclama, la recomienda, y agota las localidades, debieran ponerse en regla no tratar de seguir al margen de la ley del orden con su teatrito, peleándose un día con el departamento de Espectáculos, otro con la Federación Teatral, otro con Autores, otro con la ANDA... así, a tirones, y en pleito constante no se va a ninguna parte; todos están dispuestos a brindarles la ayuda más completa, sobre todo hoy que con una obra mexicana tienen oportunidad de sacar la cabeza; bien harían en abandonar su actitud ridículamente independiente y tomarse a sí mismos en serio, como un teatro que, por pequeño que sea, es un teatro; no encontrarían en todas partes sino comprensión, amistad, ayuda... en fin, cada cabeza es un mundo, y si su clima es la discordia, allá ellos... ojalá que esa actitud levantisca no vaya a redundar en perjuicio de la obra, porque vendríamos a caer en aquéllo de que cuando hay medio para carne hacen vigilia.


Notas

1. El 3 de abril. Armando de Maria y Campos, crónica del 3 de abril de 1955 en 21 años de crónica teatral en México, 1944-1965, 2 vols. México, INBA-IPN.