FICHA TÉCNICA



Título obra Toda una dama

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Elenco María Tereza Montoya, Prudencia Grifell, Lucha Núñez, María Teresa Rivas, Teresita Mondragón, Carmen Sagredo, Emma Fink, Jambrina, Luis Aragón, Fernando Mendoza, Raúl Farell, Noé Murayama, Héctor López Portillo

Vestuario Armando Valdez Peza

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Toda una dama de Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 19 junio 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   19 de junio de 1954

Columna Teatro

Toda una dama de Luis G. Basurto

Rafael Solana

Efectivamente, Toda una dama es la mejor obra de Luis G. Basurto; esto no implica menosprecio de toda su producción anterior, en la que hizo ese autor interesantes experimentos, y fue, con el espíritu de un estudioso enamorado de su profesión, adueñándose de una técnica que ahora para él ya no tiene secretos; ha alcanzado la maestría en la parte mecánica del oficio; ahora es evidente que no tiene ya la menor dificultad para decir lo que quiere decir, y que le responde todo como materia perfectamente dominada.

Pero... ¿qué quiso decir Luis G. Basurto con Toda una dama? ¿Para qué escribió esa obra? ¿Cuál es su finalidad artística?

Basurto no tiene en este momento un manifiesto que lanzar; la pieza no va a promover una revolución literaria, como Hernani en 1830. Basurto no se propone asombrar a nadie con descubrimientos sensacionales. Ni empezar por el último acto, ni hacer que aparezcan los sueños, ni escenificar crudezas sexuales. Basurto piensa que lo que el teatro mexicano necesita en este momento es profesionalismo, formalidad, tomar las cosas en serio; entonces su mensaje es un mensaje de probidad artística; en vez de una obra novedosa y nunca vista; Toda una dama trata de ser una obra bien escrita y bien construida. Y como lo es, se hace necesario proclamar que Basurto ha triunfado plenamente en lo que se propuso.

Todo en ella está manejado más que con habilidad, con verdadera maestría: el tono y la medida de las escenas, el carácter de los personajes, la fuerza de las situaciones; todo además escrito en un limpio diálogo.

Hay quien haya dicho, en tono de pretendida censura, que todo eso ya lo hizo Benavente... ¡ojalá que el teatro mexicano tuviera dos o tres Benaventes!

Otro de los propósitos de Basurto al escribir Toda una dama ha sido(1), salta a la vista, el dar ocasión de lucimiento a los artistas de su compañía, y muy en especial a doña María Tereza Montoya, para quien fueron escritas unas cuantas escenas de gran emotividad y gran fuerza dramática.

Para la señora Montoya, nuestra máxima actriz teatral, esas escenas son pan comido; quizá las saca con excesiva facilidad; lo que otras actrices dificultosamente podrían lograr poniendo en ello todos sus sentidos, María Tereza, tan maestra es de su oficio, es capaz de hacerlo casi dormida; no hay sorpresa, porque está tan magnífica... Deliciosa, encantadora, como siempre, doña Prudencia Grifell, que también tiene un papel muy lucido, y parlamentos cáusticos que despiertan gran interés. Hay quien haya dicho que doña Prudencia se come en Toda una dama a todos los demás artistas; esto ya se había dicho de ella en muchas otras ocasiones, con motivo de otras obras.

Sí, da la sorpresa Lucha Núñez, que tiene un papel pequeño, y logra dejarse ver en él; los progresos de Luz María en el género de la comedia, en el que es relativamente joven, son admirables; con paso muy seguro va notablemente mejorándose de actuación en actuación.

Menos brillantes, pero muy cumplidas, María Teresa Rivas, Teresita Mondragón, Carmen Sagredo y Emma Fink, con una escena del segundo acto muy bien sacada.

El principal de los actores es Jambrina, que lleva con mucho aplomo y una gran dignidad su personaje. Luis Aragón y Fernando Mendoza, simpáticos en papeles de menor relieve; es evidente que Basurto pensó mucho más en las actrices que en los actores el escribir su pieza. Raúl Farell, tierno y apasionado, aunque se sienta en momentos un poquito falso; excelente impresión con dos escenas muy sinceras, produce el debutante Noé Murayama; Héctor López Portillo consigue todos los efectos encomendados a su papel de criado antiguo.

En la dirección se siente a Basurto preocupado por contener a sus personajes, temerosos de darles rienda suelta en las situaciones de mayor violencia; en momentos resulta fría, tal vez para hacer aparecer a la obra más moderna.

Muy apropiada y correcta la postura en escena. En cuanto al heterogéneo y en lo general espantoso vestuario, la señora Montoya ha dicho: "No volveré a hacer teatro mexicano, y en mi próxima temporada en México sólo pondré obras rusas, porque los mexicanos andan a la greña unos con otros". (El modista de esta obra(2) había puesto como chupa de dómine a la anterior, en una columna social que escribe en un diario, y el autor de esa comedia anterior quiso vengarse diciendo en un noticiario de televisión que "doña Prudencia Grifell saca una bata de loca"). En realidad, desapasionadamente, y dejando a un lado (a petición de la señora Montoya) todo bajo espíritu de venganza, lo justo es decir que hay un vestido bonito, el de Lucha Núñez; a doña Prudencia; que pudo verse tan majestuosa con un traje oscuro al que en la parte del busto subrayasen algunos adornos, no está nada favorecida con un traje muy claro y disforme, ni doña María Teresa da la impresión de tener 10 millones de pesos, con un trajecito negro no muy de moda, ni a María Teresa Rivas la ayuda en nada un disfraz de tulipán, ni a Teresita Mondragón un traje de 15 años de niña de la clase media en 1930; pero sería tan absurdo que un cronista de teatro pretendiese criticar hechuras de trajes y otros secretos de alta costura, como el que un modista haga crítica de teatro y pontifique sobre obras, aunque en realidad esto último sí ocurre.

En todos estos casos, las actrices no son responsables del vestuario que se les impone, como no lo son de las majaderías que los autores las hacen decir en algunas obras. Si a alguien le han parecido mal los vestidos (y hay algunas notas en ese sentido) ello no va de ninguna manera enderezado como crítica a las artistas que se los ponen, sino a los modistas que los hicieron, y que tal vez prestarían más atención a su máquina de coser si estuviesen menos ocupados en también golpear, con escasa fortuna, la máquina de escribir.


Notas

1. La obra se estrenó el 3 de Junio en la sala Chopin. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Armando Valdez Peza. Idem.