FICHA TÉCNICA



Título obra Los dos habladores

Autoría MIguel de Cervantes Saavedra / autor atribuido

Grupos y compañías Grupo Proa

Notas de grupos y compañías José de Jesús Aceves / director

Espacios teatrales Universidad de Monterrey, Nuevo León

Eventos NULl

Notas Comentarios del autor sobre entremeses atribuidos a Miguel de Cervantes Saavedra

Referencia Armando de Maria y Campos, “Ajustes y reajustes en los teatros metropolitanos”, en Novedades, 15 octubre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Representación en Monterrey de Los dos habladores, entremés que no es de Cervantes

Armando de Maria y Campos

Durante la semana cervantina –6 a 12 de octubre– se representaron en las ciudades de México y de Monterrey, tal vez en algunas otras del país, obras de Miguel Cervantes Saavedra, o atribuidas a él. A mediados de la semana el Proa Grupo que dirige J. de Jesús Aceves representó en algún local de la Universidad neolenesa de Monterrey el entremés Los dos habladores y el sábado 11, en el escenario de Bellas Artes, en función organizada por la Academia Mexicana de la Lengua, durante la que el académico Antonio Castro Leal leyó jugosas cuartillas sobre "El Teatro de Cervantes", alumnos de la Escuela de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, llevaron a escena, en magnífica interpretación, que tuvo sus puntas y collares de ballet –como se deben representar los entremeses cervantinos– la preciosa pieza del género La cueva de Salamanca.

La representación de Los dos habladores se hizo bajo los auspicios, oficiales y económicos, de la Universidad regiomontana, pero ¿por qué o cómo se eligió para una velada cervantina una pieza que está probado no fue escrita por el Príncipe de los Ingenios?

Una frase de Cervantes, tal vez irreflexiva, en las Novelas ejemplares, refiriéndose a su obra dramática: "otras andan por ahí descarriadas y quizás sin el nombre de su dueño", dio razón y motivo a que multitud de cervantistas se echaran a perseguir, como galgos tras escurridizas liebres, las obras perdidas de Cervantes. Alguna vez se acertó, pero abundaron las hipótesis, los cálculos. Un ejemplo: la novela La tía fingida La manera como antes se entendía la propiedad literaria favorecía la desaparición de las obras originales, que después eran atribuidas a otros ingenios; los escritores vendían a los empresarios o directores de compañías sus piezas, quedaban éstos por dueños de ellas, publicándolas o refundiéndolas, según su voluntad. ¡Cuántas se perdieron o fueron mutiladas! Cervantes se refiere en su Persiles a un tal Andrés de Claramonte, "médico de obras" como ahora se llama en los Estados Unidos a los técnicos que hacen lo propio en estos términos:

"Pero ninguno puso tan en punto el maravillarse, como fue el ingenio de un poeta, que de propósito con los recitantes venía, así para enmendar y remendar comedias viejas, como para hacerlas de nuevo: ejercicio más ingenioso que honrado, y más de trabajo que de provecho, pero la excelencia de la poesía es tan clara, que a todo lo no limpio aprovecha; es como el sol que pasa por todas las cosas inmundas sin que se le pegue nada; es habilidad que tanto vale como se estima, es un rayo que suele salir de donde está encerrado, no abrasando, sino alumbrando; es instrumento acordado que alegra los sentidos, y al paso del deleite lleva consigo honestidad y trabajo".

La primera afirmación de que Los dos habladores es entremés de Cervantes aparece en la Vida de Miguel de Cervantes –Madrid, Edición de la Academia Española, 1819–, de Martín de Fernández de Navarrete, según una edición de 1624, que nadie, sino él tal vez, vio nunca. Aureliano Fernández Guerra hizo en Sevilla, en 1845, nuevos, ahora dudosos, descubrimientos: La cárcel de Sevilla, El hospital de los podridos. Los descubrimientos siguieron, porque todos los cervantistas se sintieron colones. Se llegó a formar una nómina de obras de Cervantes "descubiertas": Las cortes de la muerte, en 1786; unos Autos sacramentales y el entremés de Los dos habladores, en 1819; La soberana Virgen de Guadalupe, comedia, en 1840; los entremeses de La cárcel de Sevilla y El hospital de los podridos, en 1863; los entremeses de Melisendra, Los refranes y Durandarte y Belerma, en 1867; todavía por 1872 se "descubren" los entremeses Ginetilla, Los romances, Los mirones y Doña Justina y Calahorras, y en 1884, finalmente, La toledana y María de las Esquivíass. ¡Cualquier obra dramática o entremesil que imitara o reflejara el estilo sin par del Manco sano era de Cervantes! Cotarelo y Mori, en la Introducción general a la Colección de entremeses, loas, baile, jácaras de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, puso puntos sobre varias íes: "Mezclados ahora con otros anteriores y posteriores, se ve que no se diferencian gran cosa de éstos, como tampoco unos u otros se diferencian mucho de los auténticos de Cervantes en las cualidades señaladas, porque en aquel tiempo era comunísimo escribir bien"./

Bien que el Proa Grupo haya representado Los dos habladores en homenaje a Cervantes, porque este entremés es delicioso. Trata de dos charlatanes que meten baza constantemente, atropellándose la palabra, hacinándolas sin sentido, extraviándose por ellas del asunto inicial, hasta caer en consecuencias ridículas, muy propias para excitar la risa. Lo mismo que hacen ahora Cantinflas o Palillo, Tin Tán y su "carnal" Marcelo, Manolín y Shilinsky, Leandro y Celia, el "Gordo" y la "Flaca" en los skechts a veces abominables que representan en el teatro Lírico o en los "corrales de variedades" Follies, Tívoli o Colonial. Algo de este tema esbozó el autor del Quijotes a través de Sancho Panza; recuérdese en cuento que narra en la parte segunda, Cap. XXXI, en ocasión de ceder los duques a Don Quijote el puesto de honor en su mesa.

El tema de los habladores es inagotable. Abundan en el teatro español las piezas de este género que brindan material riquísimo a nuestros cómicos "habladores", desde Cantinflas hasta Borolas y Don Chicho, en quienes, sin saberlo –claro– nuestros histriones, reencarnan el magnífico supuestamente cervantino Roldán y el no menos admirable Tadeo de El hablador de don Ramón de la Cruz, charlatán descosido y embustero, a quien en el bello y olvidado entremés se le describe:

Su lengua es como una rueda
de molino, que en cogiendo
la carrera, no es posible
detenerla en mucho tiempo...