FICHA TÉCNICA



Título obra Topacio

Notas de Título Topaze (título en el idioma original)

Autoría Marcel Pagnol

Notas de autoría Gregorio Martínez Sierra / versión española

Dirección Alfredo Gómez de la Vega

Elenco Alfredo Gómez de la Vega, Mary Douglas, Miguél Ángel Ferriz, Arturo Soto Rangel, Carlos Riquelme, Rodolfo Landa, Carlos Aguirre, Celia Manzano, Hortensia Santoveña

Escenografía Carlos E. González

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Notas Carta de respuesta del autor a una lectora quien solicitó más información sobre la obra Topacio, citando un artículo del escritor Marcel Pagnol

Referencia Armando de Maria y Campos, “Contestación a una dama que me pidió la historia de Topacio de Marcel Pagnol”, en Novedades, 5 octubre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Contestación a una dama que me pidió la historia de Topacio de Marcel Pagnol

Armando de Maria y Campos

Señora: Con el mayor placer contesto su carta fechada en Guadalajara hace dos días, en la que es usted tan amable y generosa de confesarme el interés con que sigue mis informaciones sobre teatro que aparecen periódicamente en Novedades. Desea usted señora que –si está a mi alcance– le informe más ampliamente acerca de lo que dije a propósito del éxito arrollador y permanente de Topacio –la magnífica pieza de Pagnol que viene representando en el Fábregas nuestro gran actor Gómez de la Vega– a raíz de su estreno en Europa. Con viva satisfacción paso a complacerla, señora mía, cuyos pies beso.

Marcel Pagnol, el autor de Topacio, era casi desconocido cuando la pieza que lo ha hecho famoso y rico se estrenó en París. Provenzal de nacimiento, intentó primero la poesía bucólica, editó después revistas literarias –La Boheme, Fortunio, Cahiers du Sud–, hizo crítica de teatros en un modesto periódico llamado Massilia; en plena adolescencia fue a la guerra del 14 al 17, y el poeta bucólico que era se convirtió en ironista mordaz. En colaboración con Paul Nivoix escribió y estrenó en París en 1925 su primera obra: Les Merchands de Gloria –que Fernando Soler estrenó en México–, terrible sátira contra los que comercian con el patriotismo. Seguro de sí, escribió en seguida Topaze, que fue estrenada el 9 de octubre de 1928, en el Varietés, de París, con Andrés Lefaur en el papel principal, y bajo la dirección de Max Maurrey. El éxito que alcanzó Topaze fue excepcional, manteniéndose la obra en cartel hasta abril de 1931 ¡900 días seguidos! París no recordará otro éxito de taquilla igual. Tres compañías la representaban al mismo tiempo en provincias, con Victor Boucher, Arnaydy y Jacques Baumer al frente de ellas, todos famosos comediantes franceses.

Como apunté en la crónica que motivó su carta, señora, Topacio se representó inmediatamente en los principales teatros de Europa y de América. Como usted lo desea, señora, daré los nombres de algunos de sus protagonistas: Lars Hanson en Suecia y Finlandia, Humberto Palmarini en Italia, Cor-Ruys en Holanda, Rasilor en Checoslovaquia, Radine en Rusia, Klopfer y Pallemberg en Alemania, Maximilian en Rumania, Petrovich en Rusia, Ziatkovitch en Yugoslavia, John Barrymore en Estados Unidos; en Buenos Aires estrenó esta obra la compañía Casnell-Arrieta; en Chile Rafael Frontaura, y en México, como es público y notorio, –ya he recordado con qué éxito–, Alfredo Gómez de la Vega. Un dato curioso: hasta enero de 1931, según apunte de la Sociedad General de Autores Franceses que tengo a la vista, Topaze había dado más de 125 millones de entradas en todo el mundo y más de 25 millones sólo en Francia.

Topaze, señora, tiene su leyenda, como no podía ser de otro modo tratándose de una pieza excepcional. El mismo Marcel Pagnol se encargó de contar la verdadera y maravillosa historia de su comedia, en un bello artículo –que publicó en el número especial que la revista teatral parisiense Bravo dedicó a esta pieza en marzo de 1930–, que reproduzco abajo, señora, dando con él rendida respuesta a su pregunta y divulgando a la vez una interesante crónica, inédita, por acá, que creo leerá con gusto el público de México que estas noches se deleita viendo a Gómez de la Vega en su magnífica creación de Topacio.

"Se ha dicho muchas veces que Topaze debió esperar durante años su representación y que la pieza fue rechazada por once directores de teatro. Es una historia muy bonita y que tiene sus méritos. En primer lugar, me parece poética, pues me muestra en la actitud de un joven escritor desconocido; llevo bajo el brazo un cuaderno rojo; los porteros de los teatros me reciben mal; los mozos de las oficinas no tienen conmigo ninguna cortesía; uno tras de otro, once directores, cómodamente sentados en sus amplios sillones de cuero, se niegan a poner en escena mi obra. Dos o tres años más tarde, la noche en que se completan 500 representaciones, vuelvo a los escritorios de los que me habían desdeñado y, con una sola mirada –que dice mucho–, me vengo de sus menosprecios; esto es satisfactorio y hermoso".

"Por otra parte, esta versión del asunto Topaze es extremadamente consoladora para todos los autores que tienen en sus cajones comedias rechazadas por todos los teatros de París. Puesto que once directores no aceptaron Topaze, que debía dar más de 60 millones de francos de entradas en el mundo entero, cualquier pieza que haya sido rechazada veintidós veces tiene probabilidades de producir ciento veinte millones. Y aún, el autor que sólo haya sufrido cinco desaires puede esperar que su obra se represente 300 veces en París, ya que Topaze pronto completará las 600 en París. Cálculo sencillo y reconfortante. Desgraciadamente, esa historia es falsa".

"Cuando hube terminado Topaze, que escribí en 1927, al mismo tiempo que Marius, llevé mis dos piezas a la mecanógrafa. Ocho días más tarde tenía siete ejemplares de Topaze. Deposité uno en el registro de la propiedad intelectual; llevé el segundo al teatro de la Michodiére, a Victor Boucher; el tercero al teatro de París, a Max Dearly. El cuarto lo deposité en la oficina de Louis Jouvet; el quinto quedó en el Odeón, para Fermín Gémier; el sexto en el teatro de la Madeleine, para Pierre Geoffroy, en ese entonces secretario general de René Blum. El último lo puse en manos de André Antoine. Y esperé como quien ha comprado seis boletos de la lotería para multiplicar las posibilidades. Al día siguiente supe que la pieza había sido aceptada por todos los directores a quienes la había entregado. De un golpe me encontré en el colmo de la alegría. Pero se apoderó de mí una repentina inquietud; había ofrecido la obra a cinco personas que no me pedían nada, y me veía obligado a decir a cuatro de ellas que prefería a otra. Además, ¿a quién rechazar?..."

"Corrí a casa de Antoine para referirle mi maravillosa, dificultad. –¿Qué debo de hacer? le pregunté. ¿Gémier, Boucher, Volterra, René Blum o Jouvet?... Sin vacilar me respondió: –Max Maurrey. ¡Pero si ni siquiera conoce mi obra!... repuse. –Le he hablado de ella. Vaya a llevarle el manuscrito. Es preciso que Topaze se represente en Varietés, porque ese es su marco... Max Maurrey leyó Topaze y declaró que estaba dispuesto a poner la pieza con Lefaur".

"En lo que se refiere a los demás directores, mi embarazo fue de corta duración. Pude persuadirme de que Jouvet y Blum, que eran amigos míos, habían recibido la pieza sólo por complacerme y que no tenían interés en montarla. Arreglado con ellos, pedí a León Volterra que representara Marius en vez de Topaze. Aceptó, y me cabe la satisfacción de poder decir que no ha tenido por qué arrepentirse. En cuanto a Boucher, supe que el juicio que le mereció Topaze había sido más bien desfavorable: se la encontraba triste y se afirmaba que el teatro que la pusiera ¡no haría un centavo!, porque su trama no era una historia de amor. Esta es la verdadera historia de Topaze", concluye Pagnol.

Hasta donde alcanza mi memoria –la verdad, señora, mi memoria es mi colección de apuntes, fichas y tal cual retazo de recuerdo–, Topaze, después de su primer gran triunfo de representaciones consecutivas en Europa y en América –también fue llevado al cine por John Barrymore–, no ha dejado de interesar a los públicos nuevos, nuevos públicos, que están saliendo del mundo de quiebras espirituales que nos legó la última guerra. Para quienes ignoren la maravillosa historia de Topacio, la gran pieza de Pagnol parecerá que acaba de salir de la pluma de un escritor nuevo que nada tiene que ver con el mundo que surgió de la primera conflagración mundial.

Soy de usted, señora, atto y s.s. q.b.s.m.