FICHA TÉCNICA



Título obra Topacio

Notas de Título Topaze (título en el idioma original)

Autoría Marcel Pagnol

Notas de autoría Gregorio Martínez Sierra / versión española

Dirección Alfredo Gómez de la Vega

Elenco Alfredo Gómez de la Vega, Mary Douglas, Miguél Ángel Ferriz, Arturo Soto Rangel, Carlos Riquelme, Rodolfo Landa, Carlos Aguirre, Celia Manzano, Hortensia Santoveña

Escenografía Carlos E. González

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nueva salida de Alfredo Gómez de la Vega con Topacio de Pagnol”, en Novedades, 30 septiembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Nueva salida de Alfredo Gómez de la Vega con Topacio de Pagnol

Armando de Maria y Campos

Se enorgullece Alfredo Gómez de la Vega, y con razón que le sobra, de la creación que ha hecho del personaje de la pieza de Marcel Pagnol, Alberto Topacio. En efecto, pocos actores habrán estudiado más honda, más profundamente, con mayor cariño, que Alfredo Gómez de la Vega a este moderno Crispín de "los intereses creados" de las finanzas, flor que se da punto menos que por generación espontánea a la orilla de los pantanos sociales de cualquier lugar cosmopolita del mundo...

El estreno de Topaze, en el teatro Variedades, de París, sorprendió a Gómez de la Vega precisamente cuando preparaba una temporada de comedia por México –se desarrolló en el Arbeu, en 1931, con el estreno de Maya de Gantignón; de El pensamiento de Andreiev; de El pescador de sombras de Sarment, además de Topacio– y sintió tan profundamente el personaje que en francés creara André Lefaur, que inmediatamente pensó crearlo en español. Como se sabe, Topaze se estrenó antes en Berlín que en París, y de tal modo sorprendió a todos el ágil cinismo fotográfico de "después de la guerra" de que Pagnol hace gala en su gran pieza, que media Europa conoció en pocos meses la afortunadísima obra del autor de Los Mercaderes de Gloria. Sé que Gómez de la Vega se dio a recorrer Europa viendo Topacios en Bruselas y Copenhague, en Belgrado y en Praga, en Suecia y en Zagreb. También se representaba en Moscú y en Odesa, en Nueva York y en Buenos Aires. Faltaba un Topaze en México, y desde que Gómez de la Vega lo creó en el Arbeu no hay más Topacio mexicano que el de Alfredo Gómez de la Vega, por más que Fernando Soler, en 1935, y Carlos Orellana en 1944, también lograran muy estimables interpretaciones del "professeur á la pensión Muche".

Con motivo del estreno para la generación actual de Topacio por Alfredo Gómez de la Vega se han recordado algunos de los juicios que a los cronistas mexicanos de otro tiempo publicaron, y que, como la propia interpretación de Alfredo Gómez de la Vega que los inspirara, no han perdido ni valor ni brillo. "Para mí –dijo Elizondo–, en la carrera triunfal de ese gran actor nuestro que es Gómez de la Vega, su más alta creación es Topacio, la que lo ha colocado en las alturas supremas de la fama. Su interpretación maravillosa perdurará imborrable en la mente de cuantos se la han visto hacer". Otro gran crítico desaparecido como Elizondo, J.J. Gamboa, dijo: "Alfredo Gómez de la Vega ha logrado realizar una de sus creaciones más sobrias y perfectas, una labor verdaderamente genial que lo ha puesto a la altura de los más insignes actores contemporáneos". Y Monterde: "El proceso psicológico, la transformación espiritual y moral de Topacio, logra dar, por el arte de Gómez de la Vega, la impresión de que se efectúa a través de los cuatro actos, sin rebuscamientos, como un tremendo, pero humano infortunio. Difícilmente actor alguno podría lograr una interpretación y caracterización más perfectas del personaje ideado por el comediógrafo francés".

¿Quién de los cronistas contemporáneos puede superar en emotividad y en justicia a Elizondo, Gamboa y Monterde en el juicio y comentario de la nueva, no menos espontánea y desde luego más madura interpretación que de la inmarcesible pieza de Pagnol hace estas noches Alfredo Gómez de la Vega en el Fábregas?... Creo que nadie; por eso aviento a los cuatro vientos de la curiosidad del público de ahora los más bellos pétalos de las tres rosas-críticas que una excelente triada de cronistas cortó para Alfredo Gómez de la Vega hace poco más de tres lustros, y que no han perdido ni aroma ni lozanía...

Lástima que ninguno de los tres cronistas, y otros de aquel tiempo que ahora recuerdo, no se refieran a la calidad de la dirección de Gómez de la Vega, tan excelente comediante como insuperable director. Si la de hace años se pudo calificar de magnífica, la de ahora se ha resuelto como excepcional, porque Gómez de la Vega, que ha viajado tanto desde 1931, lo mismo ocupando una luneta de observador en casi todos los grandes espectáculos de Europa, que recorriendo página a página infinidad de libros de la materia teatral, es, en la actualidad, uno de los mejores directores de teatro, creador de actores, Pigmaleón–director que ha elaborado para la escena mexicana infinidad de valiosas actrices–Galateas. La última, Mary Douglas, exquisita, dúctil, transparente Susana de esta reciente, dignísima nueva versión de Topacio por Gómez de la Vega y su estimable farándula, en la que destacan Miguel Ángel Ferriz, mismo gran actor mexicano, que estrenó en el Arbeu el "Regis Castel-Bénac, conseiller municipal d'une grande ville en France au ailleurs", según define a este personaje universal con certera ironía el propio Pagnol; Arturo Soto Rangel, en el "Muche" –Moscoso en la versión española de Gregorio Martínez Sierra–, que nos trajo a la memoria el arte de gran maquietista que se perdió con el malogrado actor Octavio Martínez, de Carlos Riquelme, Rodolfo Landa y Carlos Aguirre, aún noveles pero muy capaces; de Celia Manzano, muy fogueada en la escena no obstante su deslumbrante juventud; de Hortensia Santoveña, que dice sus primeras frases y da sus primeros pasos bajo excelente signo de orientación artística...

Tan seguro pisa Gómez de la Vega las tablas escénicas, que usó para presentar su nuevo, maduro, perfecto Topacio, el mismo decorado de Carlos E. González que resistió las ochenta y tantas representaciones que se le dieron a esta pieza hace tres lustros, logrando, con esto, que la acción del gran pícaro humano en que acaba el honesto profesor Alberto Topacio se moviera en un clima que, siendo de tremenda actualidad, parecía suspendido en un tiempo y en un espacio mitad soñando, mitad vivido...

El triunfo de Gómez de la Vega con Topacio fue clamoroso la noche de su reposición. Y ha seguido en aumento estas últimas noches. Constituye una magnífica lección del arte de dirigir y de representar que no deben perder los públicos de ahora.