FICHA TÉCNICA



Título obra El orgullo de Jalisco

Autoría Antonio Guzmán Aguilera (Guz Águila)

Elenco Pepita Embil, Carmen Valor, Charito Leonís Floren (Torcuata), Francisco Bosch, Luis Bellido, Rafael María de Labra, Roberto Catalá

Música Federico Moreno Torroba

Notas de Música Serrano Muguerza / dirección musical

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de El orgullo de Jalisco de Guz Aguila y Moreno Torroba en el Arbeu”, en Novedades, 13 septiembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de El orgullo de Jalisco de Guz Aguila y Moreno Torroba en el Arbeu

Armando de Maria y Campos

Recién llegado a México el gran músico español don Federico Moreno Torroba, y cuando estaba indeciso el debut de su compañía de zarzuela que había formado expresamente en Madrid para presentarla en México, me dijo: –Tengo una grande ilusión por escribir una zarzuela mexicana, no sólo por el éxito comercial que obtendría con ella en España, que es, naturalmente, lo que buscamos todos los empresarios, sino porque siento que en México hay temas y motivos musicales suficientes para hacer no una, sino cien zarzuelas absolutamente mexicanas. –¿Tiene usted alguna idea sobre el "libro"?, le pregunté. –Ninguna, me repuso, me bastará con un libreto de costumbres, de usos mexicanos.

Hace unos cuantos meses me dio Moreno Torroba la noticia de que ya estaba trabajando la música para un libreto que le había llevado el autor mexicano don Antonio Guzmán Aguilera, más conocido por Guz Águila. "Muchos autores me ofrecieron libretos, a muchos les pedí que me los escribieran, entre ellos a don Rubén J. Romero, y el único que me ha cumplido su palabra es Guz Aguila, y... ya estamos trabajando en una zarzuela en tres actos, que se titulará: El orgullo de Jalisco. Un tema típico del género, con tópicos y tipos de Guadalajara, y algún pretexto para que entren temas de otras regiones; charros, chinas poblanas, castores, jaranos, jarabes y corridos. He puesto mi alma entera para escribir, aunque usted no lo crea, música mexicana original..."

Desde hace unas cuantas noches se representa en el Arbeu, y justo es decir que con un éxito de público verdaderamente excepcional, la zarzuela en tres actos: El orgullo de Jalisco, letra de Guz Aguila y partitura original y muy mexicana, del maestro Federico Moreno Torroba. El ilustre e inspirado compositor madrileño trabajó sobre un libreto escrito con agilidad, versificado con fluidez, que desarrolla un tema sencillísimo, verdadero pretexto para dar "situaciones" al compositor, y concebido para impresionar la retina del espectador, que gusta de imaginar un México muy difundido por el chorro de "churros" charros que han popularizado los productores de "películas mexicanas", en el que todas las mujeres usan el castor lentejueleado, hasta para andar por casa, y los hombres visten de charro con chaparreras, porque todos parecen venir de “Allá del Rancho Grande”, por cierto, película que debe su argumento a Guz Aguila. Todos los personajes de esta zarzuela hablan muy... típicamente, es decir, usando y abusando del modismo, del regionalismo, del refrán y aun del "slang", que los autores del género de cine y teatro típicos creen indispensable, para que sus personajes sean "muy mexicanos". Los actores de la compañía de Moreno Torroba, en su mayoría españoles, asimilaron con facilidad y buen gusto todo lo típico –suntuaria, movimientos, inflexiones de la voz–, para darle sabor al caldo –verdadera olla podrida–, de los refranes y dicharajos, muchos de ellos de actualidad, tan volandera, que tendrán que ser sustituidos, a su tiempo, por los que mañana estén en boga...

El maestro Moreno Torroba, compuso para el libreto que le proporcionó Guz Aguila, catorce números, en los que brilla y luce su fácil y fecunda inspiración. Lo singular de la copiosa partitura de Moreno Torroba, es que toda ella suena a "muy mexicana", por los temas, por los tiempos y... por eso indefinible que caracteriza el acento melódico de la música de una nación que la tiene propia, y que el gran músico madrileño ha sabido captar oyendo y sintiendo nuestras danzas y canciones, el modo de hablar y de reír de nuestras mujeres, la manera de ser, en una palabra, de nosotros mismos. No ha tenido necesidad Moreno Torroba de arrancar de la pródiga veta de la canción popular mexicana, antigua o moderna, ni un compás, para que el magnífico "corrido" que Bosch canta durante el primer acto, para que sus jarabes, canciones, dúos, duetos cómicos, romanzas y coros, sean mexicanos, con temas nuevos, fáciles al oído y al sentimiento. Le ha bastado vernos y oírnos para entendernos, para escribir una música mexicana que no se parezca a ninguna anterior, y que muy pronto será tan mexicana como la que más lo sea, y ahora, ya de una conmovedora satisfacción para nosotros, porque la oímos en gargantas españolas, que al modularla, emitiría con sentimiento y carácter mexicanos, nos demuestran hasta qué punto se han acercado a un pueblo que tiene el corazón en la mano, y que al darla da también cuanto de caliente y vivo hay en su ser...

Es a los músicos extranjeros, aclimatados, encariñados con México, a quienes nuestro teatro debe sus más bellas zarzuelas mexicanas. Desde 1859, por lo menos, han sido los músicos extranjeros los más afortunados autores de partituras para zarzuelas mexicanas. El primero de todos, Antonio Barilli, director de orquesta de una de las compañías italianas que nos visitaron a fines de la década de los cincuenta del siglo anterior, uno de los profesores de música de Angela Pralta, quien el 17 de noviembre de 1859 estrenó en el Gran Teatro Nacional de México Un paseo en Santa Anita, zarzuela en dos actos, libro de José Casanueva y Víctor Landuce. Por primera vez se vieron en un escenario mexicano, remeros y chinas poblanas, payos y charritos, y cuando el argumento lo pedía, se bailaban jarabes y "sonecitos" –que así se designaba entonces a las canciones populares o del pueblo–. Otro dato que me agrada traer a esta crónica con motivo del estreno de El orgullo de Jalisco, tan bien montada y decorada, es el de que en el último acto de Un paseo en Santa Anita, apareció una "vista" del canal de La Viga –que conducía a Santa Anita y llegaba hasta Ixtacalco–, viéndose al fondo el típico e inolvidable puente de Jamaica, decoración que fue obra de un escenógrafo español, don Manuel Serrano.

El público, escaso la noche del estreno, numeroso después, ovaciona todos los números de El orgullo de Jalisco, ríe con el libreto de Guz y aplaude con calor y gratitud a Pepita Embil, Carmen Valor, Charito Leonís, Bosch, Bellido y Labra, de los españoles; y a Catalá de los mexicanos. Y si supiera que la instrumentación de la partitura de Moreno Torroba se debe, en gran parte, al talento del maestro Serrano Muguerza, español, pero ya muy mexicano –vino con Esperanza Iris el año 18–, también le otorgaría su aplauso, que no escatima a nadie que participe en esta bella zarzuela tan mexicana, porque puso en ella todo su amor por México el gran español que es Federico Moreno Torroba.