FICHA TÉCNICA



Título obra Cuadro oaxaqueño

Grupos y compañías Compañía de Danzas y Cantares de España y de América

Notas de grupos y compañías Joaquín Pérez Fernández / director

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Verdad y calumnia de las danzas mexicanas por Alicia Markova y Pérez Fernández”, en Novedades, 10 septiembre 1947.




Título obra Ixtepec

Autoría Nelly Campobello / argumento

Elenco Alicia Markova

Escenografía Carlos Mérida

Coreografía Nelly Campobello

Música Eduardo Hernández Moncada

Vestuario Carlos Mérida

Grupos y compañías Ballet de la Ciudad de México

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Verdad y calumnia de las danzas mexicanas por Alicia Markova y Pérez Fernández”, en Novedades, 10 septiembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Verdad y calumnia de las danzas mexicanas por Alicia Markova y Pérez Fernández

Armando de Maria y Campos

No hay cronista ni historiador de América que haya dejado de escribir largas páginas sobre la gran afición que sentían los nativos por las danzas y las representaciones dramáticas, practicadas desde muchos años antes de la Conquista. Tenían los aztecas sus danzas guerreras y sagradas, dadas en honor de sus dioses. En algunas vestíanse los participantes con la piel de las víctimas sacrificadas. Con el correr de los años llegaron a ser entreveradas las danzas primitivas con farsas pantomímicas, diálogos e himnos. Por medio de dichos pasatiempos los padres y frailes de la Iglesia inculcaban la fe, contaban episodios bíblicos, retrataban a los santos y ayudaban a la evangelización de la población india. La Conquista, con todo su poder avasallador, no pudo acabar con lo típico de nuestras danzas; al revés, las utilizó, con provecho. Y apenas pudo, las llevó a Europa, para hacerlas conocer en la corte del rey de España, sin mixtificarlas, ni estilizarlas, como ahora se acostumbra, para desgracia nuestra.

La primera danza –o baile–, de México que se bailó en Europa fue el tocotín, Tomás Gage, el fraile dominico inglés que escribió un libro de sus impresiones por México, la vio bailar en España. Lo dice en su libro: "La danza... que se llama tocotín... algunos españoles que habían vivido en las Indias, bailaron ante el rey de España, en la corte de Madrid, para mostrarle algunas de las costumbres de los aborígenes y se dijo haber agradado muchísimo al rey". Si agradó al monarca y a sus cortesanos fue, sin duda, por la fidelidad con que les fue mostrada, es decir, que no fue estilizada... ¡De los estilistas, líbranos, Señor! Y de los estilistas creadores del tipo de Joaquín Pérez Fernández, el coreógrafo, actor y cantante que actúa con su grupo en el Fábregas, con mayor razón.

La Compañía de Danzas y Cantares de España y de América presenta estos días un número –¡Oaxaca!– que nada, fuera de los trajes ¡también estilizados!, tiene que ver con las danzas indígenas o criollas de aquella rica región. En ese mismo programa la compañía de Pérez Fernández nos había sorprendido, desconcertado, con dos "estilizaciones" de danzas y cantos de España: la Farruca de El sombrero de tres picos de Falla, y la canción del Marabú, de Doña Francisquita de Vives. Y si esto se atreven a hacer con lo que conocen, qué no harán con lo que desconocen y saben que sus públicos ignoran. Vino, después, el Cuadro oaxaqueño de México, con los lamentables resultados expuestos. En el repertorio de Joaquín Pérez Fernández figuran otros números mexicanos –una danza ritual del novio tehuano, una danza ritual tarasca; Ay, mamacita de mi alma, jarabe, canción y danza; Romance de Tehuantepec, danzas, cantares, trajes típicos y costumbres; Boda en la hacienda de Guadalupe, en Guadalajara fin de siglo, charros, chinacos, rancheros, bailes, costumbres del lugar en una hacienda rica de la época, y Michoacán, tierra de ensueño, frente a "los lagos" de Pátzcuaro, con indios de raza tarasca danzando Los viejitos –que ojalá pueda el señor Pérez Fernández montarlos con propiedad, alejándose un poco del estilo de "revista folklórica" que parece privar en todos sus números americanos...

Veinticuatro horas después, el Ballet de la Ciudad de México presentó el bellísimo ballet mexicano Ixtepec, con música istmeña arreglada e instrumentada por Eduardo Hernández Moncada, argumento y coreografía de Nelly Campobello y escenografía y vestuario de Carlos Mérida. ¡Qué bello espectáculo! Y qué regalo para los amantes del arte del ballet la presencia de la sin par Alicia Markova en "la doncella soñadora", protagonista de este auténtico "número de baile mexicano", no obstante su estilización. El ballet Ixtepec, que tiene momentos de indudable acierto plástico, es una muestra de lo que con viejos elementos coreográficos nacionales, con melodías originales, con vestuario inspirado en la suntuaria de los bailes auténticos que a veces no son muy teatrales, se puede hacer; es más, ¡se debe hacer!

La abundancia y variedad de nuestras danzas brinda rico filnó a quienes deseen explotarlo, aun estilizándolas. Con la fusión de las dos civilizaciones, la hispánica y la azteca se formó, como se sabe, algo abigarrado, mixto, pero revelador del amor que el indígena y el criollo sienten por el pasado. El ingenio de nuestro pueblo se aguza cada vez más, y sus danzas rituales, simbólicas, tienen vida y sentimiento, y en su música y en sus cantos reside el alma y el arte rítmico de sus muchedumbres.

Las masas indígenas, con una visión clara del porvenir que les reserva la vida y sintiendo todos los impulsos y todas las emociones bellas del arte espontáneo, consagran una gran parte de su tiempo a sus danzas regionales, tocando sus instrumentos típicos, sus chirimías, sus teponaxtles, sus tlapizalis, sus caracoles, sus conchas de armadillo, ensayando simples y preciosas melodías y creando una obra estética inconfundible.

Las danzas indígenas nacieron como una flor espontánea en el alma del pueblo. Con la fusión de razas se mezclaron las dos influencias y los hombres tigres, o águilas, con los valerosos guerreros que después del fragor de la guerra bailaban y cantaban para dar sosiego al espíritu, y crearon esas simples ceremonias, pantomimas y danzas regionales que aun tienen sabor y colorido mágicos.

La boga del folklore teatral está llevando a los escenarios las danzas originales de todos los países: constantemente se forman compañías con el exclusivo propósito de explotarlas. Es pues, urgente, orientar la buena fe de quienes –ya forman legión– se han especializado en estos barullos. No tienen otra ambición estas líneas escritas al margen del pintoresco, apócrifo Cuadro oaxaqueño –simple danza a dos– que durante estas noches presenta en el Fábregas Joaquín Pérez Fernández.