FICHA TÉCNICA



Eventos Puerta de las Américas

Referencia Rodolfo Obregón, “Puerta de las Américas. Cordilleras”, en Proceso, 15 junio 2003, p. 69.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Puerta de las Américas. Cordilleras

Rodolfo Obregón

Días antes de abrirse la Puerta de las Américas, tras la que muchos vemos un muro ciego, se presentó en México de una manera un tanto cuanto atropellada, el Teatro de los Andes. El espectáculo, que honra a su nombre: Frágil, deja un gusto a poco pues sabemos del éxito mundial de su versión de La Ilíada.

Punto y aparte de una obra que muestra la capacidad creativa y actoral del colectivo, tanto como las edulcorantes rebabas de la literatura de “lo real maravilloso”, sorprende la capacidad del grupo boliviano para trascender la cordillera que encierra a un país del quinto mundo.

En condiciones mucho más difíciles que las nuestras, el grupo andino da la pauta de lo que significa hablarse de tú con el teatro del mundo. Baste como ejemplo (para no recurrir a su inclusión en las programaciones de algunos de los festivales más importantes del mundo) el número 3/4 de su revista El tonto del pueblo. 170 páginas de contenidos sólidos que afirman una identidad latinoamericana sin romper ligas con el teatro universal.

Mientras tanto, en nuestra opulencia tercermundista y con la experiencia de al menos setenta años de intensa promoción de las artes, no somos capaces de sostener el paso (aunque sea de gato) de una revista teatral*.

Por cierto, el más reciente número de Paso de Gato, que siempre puede ser el último, abrió la discusión en torno a Puerta de las Américas y mostró, sin ambages, la pobreza de argumentos en lo que concierne a las implicaciones económicas y promocionales de las actividades escénicas. Las discusiones se calentaron, no obstante, con los certeros comentarios de Fernando de Ita y su tardío recordatorio: “remember Mercartes”.

Para quien se niegue a aceptar las similitudes de ambas iniciativas, recomiendo la lectura de la mordaz crónica que Omar Valdéz publicó en el Bianuario del Teatro en México 1993-1994. Al analizar la teatralidad de Mercartes, Omar escribió el oráculo que hoy se escucha pegando la oreja a la Puerta de las Américas.

Procedamos entonces como él, a “leer” la teatralidad de la noche de gala (“formal”, aunque usted no lo crea, rezaba la invitación) con que dio inicio el proyecto de Mario Espinosa quien –primer signo escénico para reflexionar– no apareció sobre el proscenio de Bellas Artes. Quizás fue su buen instinto teatral que lo libró de la incomodidad que traslucía Ignacio Solares, ante una de esas ceremonias inaugurales en las que pervive un cierto aire provinciano.

Así como pervive en el programa (fragmentos de música, danza, teatro, y banda de viento como remate) un tufo a festival escolar, por más que se cobije bajo el actual concepto de Showcase. Increíble, siendo todos hombres de escena, que nadie haya pensado (más allá de la mecánica técnica) los enlaces entre los diversos fragmentos presentados.

En ellos (de indudable calidad, desde luego), se aprecian algunas características interesantes: la teatralidad que potencializa los efectos de la música contemporánea (por ejemplo, el excelente número en la mesa de Tambuco o la explotación de la singular figura de Horacio Franco) contrasta con la ausencia absoluta de la palabra y, por ende, del teatro. Aunque se agradece el cambio de tono que significó el fragmento de Galería de Moribundos, limitar al teatro a su vertiente corporal (a la que, dicho sea de paso, no se le hace ningún favor colocándola después de un fragmento dancístico) es asumir el pavor a expresar la propia voz, “a la mitad del foro”.

Finalmente, el signo más alarmante de la primera sesión de Puerta de las Américas tiene mucho que ver con ese idiosincrásico pánico escénico que aparece en cuanto pensamos en el exterior. Como si el tiempo de afirmarnos bebiendo aguas de jamaica (sin menoscabo, insisto, de la belleza de los soneros veracruzanos y las bandas de viento) no hubiera pasado ya, una vez más abrimos la puerta al mundo aferrados a la idea de atraer las miradas mediante nuestro espléndido folclore.

Esta visto que las cordilleras suelen ser una actitud mental.


Notas

* A decir verdad, el aserto no hace justicia a la admirable continuidad que Emilio Carballido ha dado a Tramoya, una revista que ha llegado al número 100 aunque, como dice un chiste que ronda en el medio, nadie la lea… ni para corregirla.