FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta la conferencia Arte Etno-tecno: en busca de una nueva estética chicana, impartida por Guillermo Gómez Peña y La Pocha Nostra

Referencia Rodolfo Obregón, “Indocumentales (II y último)”, en Proceso, 8 junio 2003, pp. 67-68.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Indocumentales (II y último)

Rodolfo Obregón

La interesantísima aclaración que Guillermo Gómez Peña hace a sus críticos, siempre dispuestos a imprimir la etiqueta, de que el arte que practica no pertenece al género “etno-tecno” sino al realismo social, pone en la pantalla (las mesas de discusión son ya anacrónicas piezas museográficas) el tema de la amplitud de la realidad que el arte convoca.

El performance –hijo idiota del teatro–, como cualquier otra manifestación artística contemporánea, no puede plantarse frente a la realidad con la ingenuidad de los naturalistas del siglo XIX. Quien insiste hoy en hablar de las leyes de la herencia, no ignora que la carga genética puede modificarse con la presencia invisible de un virus. El naturalista del siglo XXI sube el microscopio electrónico a la palestra.

Quien pretende a estas alturas conseguir la ilusión de realidad sobre un escenario, no lo hace con el revolucionario candor del Duque de Meininger o el buen tío Stanislavski. Asumir el realismo como documento de época sólo confirma su calidad –como dice el legendario pope polaco– de “morgue histórica”.

Del mismo modo, a un siglo de distancia (y aquí el tino de la aclaración del capo), la idea del realismo no puede limitarse a su vertiente social, y ésta a la emocionada descripción de Los bajos fondos; ni mucho menos a su vertiente psicológica, a su vez limitada a la autoimitación propuesta por el actor’s studio y su mentada memoria afectiva.

Quien se acerca al realismo social del siglo XXI, como el célebre MadMex, no discrimina y, por el contrario, hace de la multiplicidad su punto de partida y su método de expresión. Quien no pertenece a un mundo excluyente, como el migrante, sabe que pertenece al menos a dos.

Así, la conferencia Arte Etno-tecno: en busca de una nueva estética chicana, que La Pocha Nostra ofreció en su más reciente visita a México, permitió confirmar la claridad conceptual (envuelta en barroquísimo huevo) del Brujo Mayor, asomarse a la pluralidad de lenguajes que domina.

Mientras sus performeros (entre los que destacan el mexican curios Juan Ybarra y su más reciente adquisición, Violeta Luna, mejor conocida como “la nieta apócrifa de Frida Kahlo”) se exhiben como criaturas de feria electrónica y echan mano de la estatuaria, el ralenti y otras armas de un cuerpo de élite para provocar la hipnosis del mirón. en pantallas paralelas se ofrecen al público las imágenes de las acciones más célebres del grupo de artistas y clips videograbados que revelan uno de los rostros más interesantes de Gómez Peña.

Sus videos mezclan la esgrima conceptual (“París es Argelia, Los Angeles es Guatemala, Berlín es Turquía…”, etcétera), con sorprendentes imágenes interculturales, intervenciones en la realidad (“¿si digo mexicano, qué piensa usted?” preguntan los estrambóticos personajes a personas de toda clase, y luego clasifican sarcásticamente sus respuestas) y un espléndido sentido del humor (como el perro chihuahueño que se niega a participar en un comercial más de Taco Bell).

A un lado del escenario, el Border Brujo lee rítmica y apasionadamente sus manifiestos chicanos, de donde emerge el sentido de una gran coherencia artística, y los intercala con brillantes poemas en espanglish o, definitivamente, en un asociativo y sonoro esperanto (en el que no están exentas las raíces náhuatl) que es, sin lugar a dudas, la lengua emergente de la Aldea Global.