FICHA TÉCNICA



Título obra Danzas y cantares de España y de América

Grupos y compañías Compañía Argentina de Joaquín Pérez Fernández

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Notas Comentarios del autor con referencias de históricas sobre la zamacueca, danza nacional chilena, que es parte del Segundo Programa de la Compañía Argentina de Joaquín Pérez Fernández

Referencia Armando de Maria y Campos, “La Compañía Argentina de Joaquín Pérez Fernández presenta en el Fábregas la Cueca chilena”, en Novedades, 24 agosto 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La compañía de Joaquín Pérez Fernández presenta en el Fábregas la Cueca chilena

Armando de Maria y Campos

El espectáculo de Danzas y cantares de España y de América, que actúa en el Fábregas, presentó su segundo programa, no menos interesante y divertido que el primero. "Todos los números de este programa –se anuncia en el `convite’ o tira de mano– son creaciones de Joaquín Pérez Fernández", su director y primer bailarín y actor. Esta declaración releva al cronista todo juicio serio o grave sobre la autenticidad de la música, la letra de las canciones, la coreogorafía, en fin, de la raíz y del espíritu de estas danzas y estos cantares de España y América. Pérez Fernández se hace, como puede, de los elementos que le hacen falta para "crear" un número, los escoge y depura, los viste con arreglo a los modelos originales, transformados por este o aquel dibujante y figurinista, y los lanza a la circulación artística como de España, de la Argentina o del Perú, de Chile o del Ecuador, o de Guatemala. Justo es declarar que con un sentido muy claro de lo que deben ser la danza y las canciones de España y de América en el teatro.

En este segundo programa figuran cinco números españoles, una "estampa" cuzqueña, una danza guerrera peruana, un popurrí de temas argentinos –Alegre pampeano–, una canción guatemalteca, "hablada en castellano a la manera de los inditos de la región Atitlán", un dúo tipo de zarzuela frívola –a la manera, repite, antigua, fin de siglo–, una cueca chilena, y una atrevida pero muy bien resuelta escenificación de una estampa cristiana sobre temas del nacimiento de Cristo, durante la que se cantan y bailan villancicos y se recitan trozos de romancillos. Todos los números son presentados con riqueza y gusto del mejor.

Me interesan particularmente los números americanos, y de éstos los menos antiguos, es decir, los más criollos. Como el de la "cueca", que por los años de 1775 ya se bailaba en el Cuzco, según testimonio de Wiener, que la menciona entre las "danzas del país", al lado de la chilena. A principios del siglo pasado la "zamacueca" –con sus nombres modernos de Cueca, Chilena y Zamba –goza ya de intenso culto desde el Perú hasta Chile. Por los cincuentas se ejecutaba en Colombia y Ecuador, y en toda la extensión poblada de la Argentina, desde el Chaco hasta la Patagonia. Ahora es un simple recuerdo en los países donde privó, menos en Chile.

La zamacueca es la danza nacional chilena, y ningún otro pueblo la baila con el fuego comparable con que en ese país se ejecuta, y la pasión que despierta entre el público que la ve bailar y que participa del espectáculo con gritos, palmadas y risas, característica de chilenos. A la fecha se cultiva con fervor que no ha sido interrumpido en cien o más años de su historia viva.

El viajero y cronista André Bellessort, que la vio bailar en su propia salsa, en 1897, la describe así: "La bailarina tiene en la mano un pañuelo que agita, y con la otra levanta ligeramente la falda y escapa del asedio del bailarín. Este, la mano izquierda en la cadera, hace dar vueltas a su pañuelo sobre la cabeza de ella, mariposeando a compás a su alrededor deseoso de llamar su atención. El la persigue, la importuna, le corta la retirada; ella esquiva. El se impacienta, despliega todas sus gracias, redobla su donaire, se pavonea, ondula, zapatea. Pero la insensible, con la vista fija en la punta de sus botines, se desliza como un sueño. La música, los cantos, las palmadas, estimulan la persecución, pues la esperanza se renueva con los signos de languidez que se advierten en la eterna fugitiva. En fin, ella levanta la vista y el encuentro de las dos miradas decide el triunfo de ambos o, mejor, la noble derrota".

Otro viajero francés, André Bressón, la fija en una narración de 1875, como un entomólogo pudiera hacerlo con una mariposa, sobre el papel, en estos términos: "Bajo la amada, se danzaba la zamacueca al son de los instrumentos y de cantos, ruidosamente acompañados por los gritos y las palmadas de los espectadores. El caballero y la bailarina tenían cada uno su pañuelo en la mano, lo revoloteaban y lo agitaban marcando un paso cadencioso; se acercaban, se alejaban y hasta se volvían la espalda en ciertos momentos. El caballero, un robusto huaso (paisano de Chile) tomaba aires de conquistador para fascinar a la huasa que era su compañera; pero ésta, lánguidamente y por medio de actitudes tan variadas como picantes, expresaba que, aunque encantada ya, resistía todavía. Más no resiste largo tiempo, pues pronto reducida a la voluntad de su vencedor, arroja su pañuelo al suelo, en señal de sumisión y de obediencia".

El ilustre argentino Sarmiento, proscripto en Chile, escribió sobre la zamacueca y en general sobre las danzas criollas, páginas que no han sido superadas después. ¡Lástima que la brevedad de estos comentarios me impida extenderme más! Sin embargo... "La zamacueca –dice– es el solaz del pueblo llano. Después de las duras faenas diarias a que la tarea lo condena, lo aguarda en la chingana con los brazos abiertos la zamacueca su miga, la esperanza de verla lo alienta en su trabajo, y a fin de poder presentarse en la chingana con el bolsillo un poco bien provisto para festejarla debida y chamuscadamente, es que el pobre proletario se desvive y se afana".

La zamacueca se bailó en Bolivia y Ecuador; en el Perú se le denomina "la chilena" o, simplemente, cueca. El nombre de este baile aparece con numerosas variantes ortográficas: Zamacueca, Samacueca, Zamabacueca, Zamba-clueca, Zamba-queka, Zamacúca, Sama quaker, Sambanica...

La Compañía de Joaquín Pérez Fernández, que debe haberla visto bailar a chilenos y argentinos, a peruanos también, presenta la Cueca chilena, con letras modernas y coreografía mitad auténtica, mitad "arreglada", con singular riqueza en los trajes y elogiable decoro artístico. Ha hecho de ella –de la Zamacueca tradicional–, un espectáculo que permitirá a los públicos lejanos de Chile el conocimiento de una de las más bellas y típicas danzas nacionales del sur de América.