FICHA TÉCNICA



Título obra Perros héroes

Autoría Mario Bellatin

Dirección Mario Bellatin y Marcela Sánchez Mota

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Rodolfo Obregón, “Perros héroes”, en Proceso, 25 mayo 2003, pp. 85-86.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Perros héroes

Rodolfo Obregón

Hay quien dice que Constantin Sergueievich Alexeiev Stanislavski, el padre de la puesta en escena, desarrolló su impresionante summa teatral aguijoneado por un problema nemotécnico.

Su incapacidad como actor para memorizar los textos que debía interpretar, lo llevó a establecer un método de asociaciones afectivas que le permitió salvar el escollo y revolucionar, de paso, los conceptos de verdad escénica y puesta en escena.

La fuerza de esa voluntad compensatoria queda manifiesta en la mayor novela teatral de todos los tiempos, en una obra de aspiraciones totalizadoras equivalente a la de los grandes novelistas del siglo XIX.

Otro tanto parece suceder al hombre inmóvil, el protagonista de Perros héroes, quien, desde su imposibilidad motora (¿o acaso debemos decir su elección?), desarrolla un método de entrenamiento inigualable para adiestrar perros Pastor Belga Malinois.

Dueño del misterio que revisten sus peculiares condiciones, el hombre inmóvil no se conforma con ello, sino que extiende sus procedimientos –en una nueva actitud totalizadora– para mantener el control absoluto de todo lo que lo rodea.

Si el mundo es una jaula, vale más levantar jaulas dentro de jaulas y mantenerse impasible al centro.

En cuanto al método que el personaje de Mario Bellatin ha desarrollado, éste tiene que ver también con el manejo afectivo de la voz del amo, con el entendimiento de la voz (a la manera de Roy Hart) como “músculo del alma”. En la extrema condición del hombre, en su agonía, se producen sonidos insólitos. Voces profundas que acaso, como las sirenas lejanas, avivan el aullido de los lobos y sus parientes más cercanos: los Pastor Belga Malinois.

Sabedor del secreto de Montaigne: “la vibración misma de mi voz extrae más de mi espíritu de lo que puedo encontrar cuando lo sondeo”, el hombre inmóvil confía ciegamente en la comprensiva sensibilidad auditiva de los Pastor Belga Malinois, entre los cuales –según los expertos– sobresale el caso de Snap, un ejemplar campeón en todos los rings y cuyas orejas rebasaban el tamaño admitido por los estándares de la raza.

Es por ello que, según el relato de Bellatin, “un grupo de intelectuales conocedores del caso catalogaron al hombre inmóvil como el psicólogo de perros más prominente de la ciudad”. Y es por ello que la elección del autor y Marcela Sánchez Mota, de representar beckettianamente al mal llamado bulto por medio del registro de la voz de Rita Guerrero constituye todo un hallazgo.

Conocido por los deslizamientos genéricos, la ruptura de estructuras convencionales, y las prácticas interdisciplinarias que refuerzan la ambigüedad de sus relatos, Bellatin ha provocado múltiples acercamientos teatrales (hoy mismo, y como consta en las últimas páginas del libro, Yvett y Philippe Estauchón preparan la versión escénica de La escuela del dolor humano de Sechuán, mientras Juan José Gurrola se enjaula con estos mismos Perros héroes).

Decepcionado quizás por los fallidos acercamientos de otros, Bellatin ha emprendido, ayudado por Sánchez Mota, su propia escenificación conceptual. La coincidencia con Gurrola no es entonces casual: mientras la extrañeza y la atmósfera del relato remiten a algunas escrituras que le son caras, esta versión teatral (el término puesta en escena ya no aplica) integrada a la programación del Teatro Helénico, hace eco de los postulados artísticos de Joseph Kosuth y radicaliza algunas aportaciones escénicas del autor de Robarte el arte.

Instalada en el extremo, sin embargo, la puesta en mente (acaso este término deba sustituir a aquel que definió a Stanislavski y sus contemporáneos) de Mario Bellatin y Marcela Sánchez Mota elimina el discurso espacial para rescatar el carácter temporal de toda narrativa. Mientras Bellatin abre el sentido de sus relatos con las incursiones de materiales fotográficos o instalaciones aledañas, como director reduce al teatro, para bien y para mal, a un hecho naturalmente literario.