FICHA TÉCNICA



Título obra Latitudes cruzadas

Autoría Francine Alepin

Dirección Francine Alepin

Elenco Jorge A. Vargas, Alicia Laguna, Edén Coronado

Grupos y compañías Teatro Línea de Sombra

Referencia Rodolfo Obregón, “Latitudes cruzadas”, en Proceso, 30 marzo 2003, pp. 85-86.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Latitudes cruzadas

Rodolfo Obregón

Las travesías internacionales, otrora aventuras llenas de imprevistos, han perdido significativamente su misterio en los tiempos de la aldea global. La reducción de las distancias y la cercanía tecnológica han cambiado, en mucho, el sentido del viaje; hoy día una parte medular de la actividad científica, comercial artística, o de cualquier otro rubro de la vida ordinaria.

Estas características se hacen patentes en Latitudes cruzadas, una coproducción franco - mexicana - canadiense que formó parte del muy disminuido XIX Festival de México en el Centro Histórico.

Por una parte, debemos celebrar (con la Puerta de las Américas abriéndosenos frente a las narices) la integración de Teatro Línea de Sombra a las formas y medios de la producción internacional, su capacidad ejemplar para sostener un proyecto artístico que les permite ya trascender nuestras fronteras, y del que nos hemos ocupado en múltiples ocasiones.

Por la otra, hay que lamentar, en este espectáculo particular, los vicios y lugares comunes del teatro hecho específicamente para la internacionalización, aquel que no puede desprenderse las etiquetas y rótulos de Export Quality.

En efecto, la idea misma de ubicar el viaje en un anacrónico navío donde confluyen los destinos y anhelos de once personajes, el sustentar la acción en sus encuentros y desencuentros o en las tensiones que surgen entre su afán de socializar y su necesidad de aislamiento, el uso de diversos idiomas (siempre occidentales) que enfatizan las cercanías y diferencias culturales, son, desde hace casi veinte años, típicos tópicos, recursos recurrentes, en un teatro destinado a los festivales y el mercado cultural. La idea del viaje se achata en los tiempos del turismo de masas.

Pero, a pesar de la calidad de su realización (un espacio impecable, limpieza de trazo y precisión interpretativa), el desfasamiento de estas Latitudes cruzadas se ubica también en el lenguaje elegido para redactar la bitácora del viaje, para realizar su traslación en términos de escritura escénica.

Tanto el canadiense “’Ómnibus”, como el francés “Théâtre du Mouvement”, que acompañan a Jorge A. Vargas, Alicia Laguna y al brillante huésped Edén Coronado, en esta aventura transatlántica comandada por Francine Alepin, tienen su origen en la escuela de la mima corpórea de Étienne Decroux.

Herramienta imprescindible en la revaloración de un lenguaje corporal no supeditado a las palabras, en el desarrollo de la idea de una escritura física, en la exploración de una gestual que desmenuza ámbitos de la conducta humana inaccesibles a la estricta lógica racionalista (tan amplios como el mismo comportamiento que va desde lo fisiológico hasta lo social), la mima corpórea no alcanzó la amplitud semántica suficiente para convertirse en un arte autónomo de la danza y el teatro, como lo deseaba su admirable formulador. Sus recursos expresivos se plagaron de manierismos.

El purismo de Decroux, comprensible en una época donde cada uno de los lenguajes que componen el hecho escénico debía pintar su raya para desarrollarse a plenitud, se contradice con la tendencia contemporánea a la disolución entre las fronteras de las diversas artes, a su contaminación recíproca.

Del mismo modo en que el viaje resulta ya una idea excesivamente genérica, el concepto de un Teatro Corporal o Teatro del Gesto se ha convertido en una etiqueta convencional que hay que arrancarse (como lo tiene muy claro Jorge A. Vargas), para dar paso a las formas de expresión personal, los derroteros incompartibles, a la originalidad que caracteriza a todo creador o grupo artístico de valía.