FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Theater an der Ruhr

Eventos XXX Festival Internacional Cervantino

Referencia Rodolfo Obregón, “Theater an der Ruhr”, en Proceso, 10 noviembre 2002, pp. 66-67.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Theater an der Ruhr

Rodolfo Obregón

Por segunda ocasión, el grupo alemán Theater an der Ruhr ha presentado en México tres obras de su repertorio. En su primera visita, hace exactamente 10 años, la compañía fundada por el tránsfuga milanés Roberto Ciulli y Helmut Schäfer, presentó tres piezas del repertorio clásico y contemporáneo (La muerte de Danton de Büchner, A puerta cerrada de Sartre y Kaspar de Peter Handke) con puestas en escena de actualidad radical.

Para un joven director apasionado de Büchner, aquellas escenificaciones resultaron un deslumbramiento y una gran enseñanza. Diez años después, para él, las nuevas obras del Theater an der Ruhr (La ópera de tres centavos de Brecht, Antígona de Sófocles y El principito, adaptación del relato de Saint-Exupéry) han perdido su valor iluminador.

La experiencia personal de la década puede haber contribuido para ello, pero también es cierto que las puestas en escena de Roberto Ciulli (a juzgar por los ejemplos) se han vuelto en cierto modo “tradicionalistas”. No por ello menos disfrutables; o al menos, en los casos de La ópera… y El principito.

Su Antígona se cuece aparte y presenta dificultades críticas particulares pues no logra despertar un interés desde ningún punto de vista. Aburrida por ilegible, estéril pues jamás logra convocar sentimiento alguno, inarmónica visualmente y protagonizada por una actriz de fuerza muy inferior a muchos de sus compañeros, la interpretación de Ciulli de un trágico griego era tan atractiva en el papel como decepcionante en el resultado.

La ópera de tres centavos presenta, en cambio, varios puntos que invitan a la reflexión. Articulada como un homenaje y una mezcla del cabaret alemán y la comedia italiana, la escenificación se apega a la ortodoxia brechtiana y su incorporación de los códigos populares.

Para ello, resulta fundamental la presencia del propio director quien transita entre una especie de intendente italiano de un teatro de ópera, que enfatiza el fundamental desencuentro entre el gran género y la anti-ópera propuesta por Brecht y Weill, un maestro de ceremonias, una deliciosa y desfachatada madrota y un ácido clown, que delata el absurdo de un mundo regido por los intereses económicos.

Rodeado por un cuadro de espléndidos actores, que para colmo cantan bien, y acompañado por un pianista y director musical totalmente involucrado en la propuesta escénica, Ciulli sobresale definitivamente. “Es el mejor actor”, comentó sorprendida alguna colega. “No”, respondí yo, “es la mejor persona”. Y cabría aclarar aquí: no se trata de bondades, sino de la complejidad del individuo.

Filósofo habituado a pensar en alemán, el director conoce los abismos de la mente y la lucidez del sentimiento. Hombre que conserva el poderoso instinto vital que caracteriza a su país de origen, no tiene el menor reparo en mostrar su capacidad de ridículo. Artista con una visión perfectamente clara, domina desde la escena la vida de sus criaturas. Militante político cuyo lema es “bastardos del mundo: uníos”, Ciulli interpreta con una convicción estremecedora el himno más famoso de la mancuerna Brecht-Weill: “Primero la comida, y luego la moral”.

Junto a su admirable economía y claridad de medios, es ésta dimensión de complejidad humana, que el artificio teatral viene a subrayar, lo que acerca definitivamente su puesta en escena al espíritu, y no sólo a la letra, brechtianos.

En otra ocasión he escrito sobre El principito (Proceso 1269). Su formato pequeño y pobre, lo convirtieron en una entrañable declaración de apoyo al proyecto que Perro Teatro realizaba en el agreste Teatro Santa Fe. Las dudas surgen cuando se presenta en el marco del Cervantino. Los espectáculos presentados por el Theater an der Ruhr, así como otros que hemos comentado aquí, señalan la necesidad (una vez recuperada la amplia presencia de las artes escénicas en el festival) de dar un sentido claro a la programación, de trazar líneas que vuelvan a abrirnos el horizonte.