FICHA TÉCNICA



Título obra Ellos pueden esperar

Autoría Luis Spota

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Hotensia Santoveño, Enrique Cansino, Elda Peralta

Escenografía Roberto Garibay

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia Proa, conocida también como Proa Grupo

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Segunda y última función del Proa Grupo, estreno de Ellos pueden esperar de Luis Spota”, en Novedades, 6 agosto 1947.




Título obra Dónde está la cruz

Autoría Eugene O’Neill

Dirección José de Jesús Aceves

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia Proa, conocida también como Proa Grupo

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Segunda y última función del Proa Grupo, estreno de Ellos pueden esperar de Luis Spota”, en Novedades, 6 agosto 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Segunda y última función del Proa Grupo, estreno de Ellos pueden esperar de Luis Spota

Armando de Maria y Campos

Cerca de cuarenta obras de autores mexicanos y extranjeros ha puesto el Proa en nuestros foros –advierte al público el poeta y consejero Alí Chumacero, en el prospecto de la brevísima temporada, julio 27, agosto 3– que acaba de realizar este grupo de aficionados a representar, en la sala grande del Palacio de las Bellas Artes de México. Más de la mitad –puntualiza– han sido de escritores nacionales de todas las épocas, lo mismo de nuestro pasado que de la actualidad. En sus actores hemos visto encarnar personajes de Sor Juana, Peón Contreras, Díez Barroso, Abreu Gómez, Villaurrutia, María Luisa Ocampo, Magdalena Mondragón, María Luisa Algarra, Soto Alvarez, Attolin, Báez, Cantón y Aceves. En cuanto a piezas de autores extranjeros, hemos tenido la oportunidad de conocer algunas de Ibsen, Shaw, D'Annunzio, Lenormand, Andreiev, Sherwood, Kaiser, etcétera.

No siempre acompañó el acierto, o el éxito, a las aventuras teatrales del Proa Grupo, pero la voluntad de Aceves, de sus consejeros, y de los jóvenes que han formado en los repartos, y que no se han distinguido ciertamente por su persevrancia, salvo excepciones, ha logrado vencer todo obstáculo. Para la temporada de otoño del presente año el programa a representar fue bien sencillo: dos funciones, una dedicada a un autor mexicano de solvencia artística reconocida –Xavier Villaurrutia, con su obra Invitación a la muerte impresa en El hijo pródigo, inédita en los escenarios nacionales– y la otra a escritores extranjeros. Para este programa se eligió a dos autores norteamericanos de fama: O'Neill y Odets. Del primero se prefirió una obra en un acto, ya calada: Donde está la cruz, una de las más bellas de la serie de "piezas del mar", representada hace años por el Teatro Orientación –en el breve, incómodo, pero inolvidable local de los bajos de la Secretaría de Educación–, según una traducción de Celestino Gorostiza –que parece no fue la que se usó esta vez–, y otra, en un acto también, de Clifford Odets, titulada Ellos pueden esperar, traducción del joven periodista de origen italiano, Luis Spota, autor de una biografía sobre el ex tenor sacerdote José Mojica y de una breve novela y reportaje novelístico, El coronel fue echado al mar, premiada este año en un concurso organizado por la Cooperativa de los Talleres Gráficos de la Nación en su plan de impulsar la producción literaria nacional en sus diversas ramas de novela, crónica, historia, arte en general. Spota, recién ingresado en la política –fue uno de los reporteros que acompañaron al actual presidente Alemán en su gira electoral; el otro es don Benjamín Ortega– desempeña actualmente el responsable puesto de jefe de propaganda de la Secretaría de Educación Pública. Una traducción del joven e influyente periodista era una especie de lotería para el Proa Grupo.

Empezada a ensayar la obra de Odets Ellos pueden esperar, clasificada por su autor como "crimen en un acto", y que había entusiasmado al director del grupo, señor Aceves, por su técnica novedosa, la cual comienza por una de las escenas, la más culminante, de su argumento, que apenas tiene personajes y ofrece la particularidad de que la meditación de uno de ellos, es decir, el monólogo tradicional ya en desuso, se oiga por medio de un disco gramofónico, conocida al parecer, y según la versión de un semanario, por gentes de teatro –Villaurrutia, el modista teatral Valdez Peza, el poeta Chumacero– "coincidiendo todos en que era lo mejor de Odets que habían leído entonces", resultó que no era una traducción, sino una pieza original del joven periodista y novelista laureado, Luis Spota. La verdad se aclaró, según una versión circulante, no desautorizada por los protagonistas, al entregarle al señor Aceves un retrato de O'Neill para la propaganda, le dieron, también otro de Spota diciéndole: “Aquí tienes tu Odets”. En efecto, el periodista mexicano era autor de Ellos pueden esperar. Él y Vila –la persona, otro periodista, que la diera a Aceves el libreto de la piececilla– justificaron la broma diciendo que inventaron esa superchería para que se tuviera en cuenta la comedia, porque de lo contrario, "¿quién le haría caso a un novato?"

Ante la natural expectación de un público numeroso –que ya había presenciado la representación de la bella pieza de O'Neill–, curioso e impaciente por conocer la comedia de Spota, anunciada quizá con hipérbole durante toda la semana, se representó, al fin, Ellos pueden esperar, clasificada como "crimen en un acto". Recibidor de un "penthouse" ¿en México? magníficamente presentado. El y Ella, en pie, se besan; El extrae de un bolsillo de la americana un revólver y mientras besa apasionadamente a ella, teniéndola abrazada con el brazo izquierdo, le dispara –no más un tiro le da– y la mujer, amante o esposa, se desprende de sus brazos, sin vida. Oscuro, e inmediatamente empieza la obrita, es decir, el primero de los dos diálogos que la componen, entre Ella, la esposa, y El, el marido, éste hastiado de Ella; la mujer, enamorada del marido. El tiene una amante, con la que concerta una cita por teléfono, en presencia de la esposa rechazada, que suplica, hasta hacerlo desistir anudándose ambos en un abrazo. Entonces se repite la escena prologuillo. El vuelve a matar a Ella. No más dos tiros le da... la lleva a la alcoba, y llama a su propio domicilio a la amante, que aguarda el telefonema por los alrededores de la casa del crimen, no sin que antes un disco –mal impreso– nos haga oír, o adivinar, la meditación del extraño asesino. Llega Aurora, la amante, y El y la nueva Ella se enredan en el segundo diálogo de la obrita, durante el que El revela todo a la reciente Ella, para caer, al fin, uno en brazos del otro. Mientras tanto, "ellos –los de la policía– pueden esperar"...

La técnica de la pieza, como se ve, no puede ser más sencilla. El prologuillo, no pasa de ser una sorpresa, que después no se justifica como recurso de técnica teatral. La meditación –o monólogo– oyéndose los pensamientos del personaje, no es nueva, ni en el teatro, ni en el cine. Baste un ejemplo: Extraño interludio de O'Neill. Y dos piezas de teatro del aire: Voces interiores de Fernando Divoire y La voz de la conciencia, de Martín Behtim Shwarback, están construidas a base de este recurso para justificar el ilógico monólogo. Los dos diálogos, aunque flexibles, son bien convencionales. En general, Ellos pueden esperar es estimable intento teatral de un novato...

Los tres intérpretes principales se mostraron discretos, Hortensia Santoveño en Ella, Enrique Cansino en El, y Elda Peralta en la amante. Mejor, las dos jóvenes y bien vestidas actrices. Cansino, nervioso, estuvo ininteligible durante largos periodos. La escena, muy bien puesta, según la escenografía de Roberto Garibay. Los aplausos tibios que sonaron en honor de los intérpretes de Ellos pueden esperar no fueron suficientes para que saliese a escena el joven autor Spota, de quien, los que conocen su obra periodística, esperan, con razón, obras dignas de ser confundidas con las de los mejores ingenios del teatro de cualquier hora...