FICHA TÉCNICA



Notas El autor relaciona algunos aspectos sobre la mente humana, tratados en el libro Un antropólogo en marte, con el arte del teatro

Referencia Rodolfo Obregón, “Arte y ciencia”, en Proceso, 1 septiembre 2002, pp. 83-84.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Arte y ciencia

Rodolfo Obregón

En su espléndido libro, Un antropólogo en Marte, el neurólogo inglés Oliver Sacks da cuenta de siete casos que revelan, en su extrañeza, los complejos mecanismos de la mente. Como él mismo cita, “la naturaleza acostumbra revelar más abiertamente sus misteriosos secretos en los casos en que muestra trazas de comportarse de una manera distinta de la habitual”.

Por medio de la hábil alternancia de literatura científica, referencias literarias y la crónica precisa de cada tranche de vie, Sacks se adentra, valido de una prosa plena de atractivos, en el universo de sus pacientes, como un viejohippie que, habiéndosele extirpado un tumor cerebral, sobrevive en un estado muy similar al producido por esa infamia médica llamada lobotomía.

Como muestra de los poderes empíricos del arte, este “último hippie” sólo consigue la plenitud de su personalidad cuando se confronta con la música y los recuerdos de los conciertos celebrados durante los años sesenta. Como sucede a otros pacientes amnésicos del neurólogo escribidor, la complejidad del ser sólo sobreviene cuando el individuo se siente partícipe de “un acto de significado”, cuando percibe “una unidad orgánica” (por ejemplo, durante una misa), “un fluir del ser, que le lleva y le sostiene”.

El docto científico se encarga de señalar la importancia del ritmo para estos efectos y, por ende, la presencia de la métrica y la rima en todos los conjuros, canciones, oraciones, que constituyen estos “actos de significado”. Estas formas métricas –aclara– se perciben siempre como una totalidad y la mente no puede recordarlas parcialmente. Una parte arrastra al intelecto hacia todo lo demás (función mnemotécnica) y, de manera inevitable, a sus connotaciones emotivas.

Obviamente, esta sabiduría ancestral está presente en los orígenes rituales del teatro y su abandono, tal y como lo ha descrito George Steiner en La muerte de la tragedia, va aparejado a la pérdida del sentido ceremonial y trascendente que emana de la escena.

Ésta –pienso ahora– puede ser una pequeña gran diferencia entre los fragmentos de La vida es sueño que componían El veneno que duerme, y No ser Hamlet, la obra que hemos analizado en nuestras más recientes colaboraciones. Al escribir sobre la primera (Proceso 1267), yo decía: “Una línea, una palabra, un eco apenas, sacuden al ser con la fuerza multisecular del poema”. Mientras agudizaba el oído para escuchar a los actores de la segunda, echaba de menos la existencia de alguna buena traducción que hiciera justicia al verso shakespeareano.

Una segunda reflexión teatral se desprende de otro caso descrito en Un antropólogo en Marte. Se trata de una bella paradoja del arte del actor que la propia vida nos ofrece. Mientras traza el cuadro de un cirujano aquejado por el mal de Tourette (mismo que se manifiesta por medio de compulsiones motoras, tics, repetición de palabras, maldiciones y otros comportamientos extravagantes), Sacks cita el caso de algunos actores tourétticos.

Cuando estos imitan superficialmente los gestos y actitudes de quienes los rodean, la compulsión motora se agudiza sensiblemente inhibiendo cualquier manifestación de “aspectos superiores de la persona”. En cambio, cuando el actor se hunde a fondo en la criatura de ficción, cuando la encarna, cuando la imitación sede su sitio a la identificación del personaje con la intimidad de quien lo representa, “la capacidad, los sentimientos, todos los engramas neurales del otro yo, toman posesión del cerebro, redefinen a la persona y todo su sistema nervioso”. Entonces, mientras dura esta actividad, toda compulsión desaparece y la personalidad del individuo alcanza una plenitud que su extraño comportamiento oculta en la vida ordinaria. Una auténtica transformación se lleva a cabo: toda una lección y todo un símbolo.