FICHA TÉCNICA



Título obra Invitación a la muerte

Autoría Xavier Villaurrutia

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Julio Manzanilla (Julio Monterde), Franisco Muller, José María Heredia, Ornelas, Eva Monzón, Hortensia Santoveña, Aceves Castañeda, Enrique Cansino

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia Proa, conocida también como Proa Grupo

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Invitación a la muerte en función del grupo Proa”, en Novedades, 29 julio 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Invitación a la muerte en función del grupo Proa

Armando de Maria y Campos

"Con el nombre Proa Grupo, la actual Compañía Mexicana de Comedia Proa inició, el año 1941 en el Salón Verde del Palacio de Bellas Artes sus representaciones públicas. Desde ese entonces sus ininterrumpidos trabajos han sido, por medio de temporadas anuales en diversos teatros de la capital y de los estados, un acontecimiento en el ambiente teatral del país. Bajo la dirección de José Aceves, el Proa ha llegado a ser uno de los grupos más coherentes y disciplinados que mejores frutos ha dado en la escena mexicana". Con estas palabras, que nos ahorran antecedentes periodísticos para poner al corriente al lector, define el poeta y consejero del Proa Alí Chumacero al grupo o compañía de aficionados –algunos ya veteranos– que el domingo inició una nueva temporada –de dos funciones únicamente: 27 de julio y 3 de agosto– en la sala principal de Bellas Artes. Y agrega, para finalizar la presentación y referencia de este organizado movimiento de teatro entre nosotros "Si algo caracteriza a la Compañía Mexicana de Comedia Proa es el hecho de que, sin otros propósitos que dedicarse íntegramente a su especialidad, ha convertido sus trabajos en un taller constante cuyos fines se dirigen a la creación de un teatro esencialmente nacional, aunque sin desconocer ni cerrar las puertas a las enseñanzas que del extranjero nos llegan", etc., etc.

Dos obras de autores mexicanos y una de autor norteamericano cubrirán la brevísima temporada de este año. Las mexicanas serán representadas por primera vez en público –la de Villaurrutia de la que en seguida se hablará, ha sido impresa y fue representada por algún grupo teatral de la Argentina, en Buenos Aires, hace poco –no así la norteamericana de O'Neill–, que lo fue por el llamado teatro Ulises, también experimental, en sus balbuceos, hace varios años. Entre los actores, algunos ascienden a un relativo estrellato –Julio Manzanilla, ahora Julio Monterde, y otros, particularmente entre las mujeres, actúan por primera vez bajo la dirección del inquieto dinámico José Aceves.

Un numeroso, pintoresco, heterogéneo público que sigue puntualmente los pasos de los grupos experimentales de teatro que se conoce y se trata no importa que deje de verse durante largos meses, acudió el domingo a la nueva salida del Proa, movido por la curiosidad de conocer Invitación a la muerte, la pieza en tres actos de Xavier Villaurrutia que desde hace años ha estado a punto de ser representada, y a la que se le han adelantado otras tantas del fino e inteligente autor, de manera que siendo la primera grande, es decir, en tres actos, que escribiera Villaurrutia, viene a ser la última y más nueva de sus obras.

En su orden cronológico de composición éstas son las obras originales de Villaurrutia: Parece mentira y ¿En qué piensas? llamadas "misterios", estrenadas en los teatros de Orientación y repuestas en el teatro Hidalgo; Ha llegado el momento, escrita especialmente para alguna temporada de Teatro del Aire –es decir, para ser representada ante el micrófono, destinada a un público ciego, que yo dirigía, y después presentada en el Teatro de Medianoche, de Rodolfo Usigli; El solterón estrenada por el Grupo Proa y El ausente, puesta recientemente en el teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas. Las cinco, en un acto. En seguida, las de en tres actos: La primera, Invitación a la muerte que estuvo a punto de ser estrenada por el actor mexicano Fernando Soler, en 1935. No lo fue porque el autor –dato de él mismo– la retiró al saber que, por superstición, el señor Soler decía que iba a traer mala suerte a su compañía. La superstición, que subsiste, se apoya en que como el primer acto se desarrolla en una agencia de inhumaciones, necesariamente tienen que aparecer en escena algunos féretros. Esta pieza fue ya representada en Buenos Aires, por algún grupo experimental. Las otras piezas originales, en tres actos, de Villaurrutia son: La hiedra, estrenada por María Tereza Montoya en el Fábregas; La mujer legítima representada en el teatro Ideal, premiada en el concurso 1943, llevada después a la pantalla; El yerro candente, estrenada en el teatro Fábregas, en la primera temporada del Teatro de México y El pobre Barba Azul, estrenada hace unas semanas en el Palacio de Bellas Artes, en estos días editada por la Unión General de Autores de México en su colección Teatro Mexicano Contemporáneo. Villaurrutia ha traducido obras de Pirandello, Bontempelli, Lenormand, Romains, Passeur y Giraudoux.

Nueva por su estreno ante el público, Invitación a la muerte, es, como se ve, la menos joven de las otras comedias del autor que ya andan solitas por el mundo de la farándula. Pero no la menos fina sutil y elegante. Bellamente escrita, su diálogo literario se escucha con deleite, porque va dibujando el carácter de los personajes que al principio lo son de farsa y después se convierten en seres atormentados, describiendo sus pasiones, formando el tejido de la acción –el teatro es esencialmente acción– íntima que se desarrolla en el alma de todos y cada uno de los personajes. El primer acto, en la sala de inhumaciones, está magníficamente trazado, y tiene un juego de farsa delicioso. Es el de diálogo más vivo e irónico. Los dos restantes, más dramáticos y literarios, nos muestran los tortuosos vericuetos de la vida interior de los personajes de la fábula, en los que no falta el pequeño Hamlet con batín de seda, la madre, que faltó, la novia decidida a todo el padre que vuelve, el amigo leal, el amante cínico... Invitación a la muerte se inicia brillantemente, con audacia. Luego, toma otros rumbos. Recuerdo a Benavente, cuando dice: "El público es como las mujeres, sólo tolera los primeros atrevimientos con la condición de que se llegue a los últimos. Todo menos defraudar". O bien, del mismo: "Los autores dramáticos perdemos nuestro tiempo afanosos por conseguir el aplauso, la admiración de los intelectuales. Ante todo, ¿dónde están los intelectuales?"

Para completar el conocimiento de la obra de este autor nos hacía falta ésta que muy discretamente presenta el Proa –mejor montada que representada–. Las más recientes de Villaurrutia son más teatro y menos libro. Por eso a él ya no le sirven estas palabras de Benavente, que tomo de su libro Acotaciones pero a otros sí: "El teatro es por su origen, por su historia, un género literario que sólo en el pueblo halla su propio ambiente. Populares fueron los más grandes teatros del mundo y para el pueblo escribieron los más grandes autores dramáticos. El teatro para eruditos, para intelectuales, no tiene razón de ser. Una obra dramática en estas condiciones siempre será demasiado libro para el teatro y demasiado teatro para el libro".

Representan la bella pieza de Villaurrutia Julio Monterde, Francisco Muller, Heredia y Ornelas –por este orden– muy bien, y nos parecen únicamente discretas las señoritas Monzón y Santoveña, y los señores Aceves Castañeda y Cansino. La escena puesta con gusto del mejor, y la iluminación del 2o. acto, excelente. El público, contento.