FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del crítico sobre el libro de Peter Beardsell Teatro para caníbales: Rodolfo Usigli y el teatro mexicano, editado por Siglo XXI

Referencia Rodolfo Obregón, “Teatro… para caníbales”, en Proceso, 4 agosto 2002, p. 70.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Teatro… para caníbales

Rodolfo Obregón

Con el sugerente título Teatro para caníbales: Rodolfo Usigli y el teatro mexicano, y en traducción de Alejandro Usigli, siglo veintiuno editores hace circular recientemente un libro del académico inglés Peter Beardsell, publicado originalmente en 1992.

El título, tomado de una declaración del propio Usigli (“Lo que… he pretendido realizar en toda mi carrera… es un teatro para caníbales en que el mexicano se devore a sí mismo por la risa, por la pasión o por la angustia, pero que siempre, como La familia, cene en casa.”), hace clara referencia al contenido del estudio: la relación entre la escritura del padre de todos los dramaturgos mexicanos y su contexto específicamente nacional.

Así, Beardsell realiza un análisis de obras que considera representativas de las variadas actitudes del dramaturgo en relación al sujeto y destinatario de sus obras: México, y las divide para ello en algunas categorías.

En primer lugar, el catedrático en la Universidad de Sheffield, Inglaterra, se interna en obras como El Gesticulador y las Tres comedias impolíticas que responden a la relación de Usigli con el legado de la Revolución y con las situaciones políticas específicas que siguieron a su institucionalización, para rastrear posteriormente el tránsito hacia los dramas alegóricos (Un día de éstos…, ¡Buenos días, señor Presidente!) que muestran una distancia satírica en el tratamiento de la política mexicana.

El teatro social (Medio tono y La familia cena en casa), El drama psicológico (El niño y la niebla, Jano es una muchacha) e Historia y soberanía (las tres Coronas) son las categorías que completan el libro, junto a lo que su autor considera obras de “una perspectiva más amplia”, cuyos temas rebasan ampliamente el ámbito de lo local.

A pesar de su declarada intención de observar las obras “en su plena existencia como representación en vivo”, el análisis de Beardsell se mantiene sujeto al característico estilo académico anglo al considerar al texto como un discurso unívoco y fijar su mirada exclusivamente en su contenido. La ausencia de contraste con las formas específicas de la teatralidad pasa por alto una dimensión fundamental de todo texto llamado a la perpetuidad, más allá de la vigencia de su discurso temático: el siempre renovado atractivo de sus estructuras espectaculares.

Un ejemplo concreto lo otorga la forma en que el autor enfoca los “decorados” propuestos por Usigli, la única forma escénica considerada en Teatro para caníbales. Beardsell hace referencia a ellos como si se tratara de una condición inalterable de la representación (cuando en realidad los dispositivos escénicos envejecen con mucho mayor premura que el resto de los componentes del hecho teatral pues están sujetos a los modos y usos técnicos del momento) y no como una sugerencia de los valores implícitos que deben resurgir en el presente contextual del espectador (incluso cuando se trata de una escenografía “histórica”, no hay que olvidar el apunte de Yourcenar respecto al tiempo como “el gran arquitecto”).

A pesar de su evidente rigor y su interés para los estudiosos, Teatro para caníbales: Rodolfo Usigli y el teatro mexicano, como tantos otros estudios literarios, se ciñe tan estrictamente a la textualidad que carece de cualquier sentido de aventura interpretativa, de aquel vuelo propiciatorio que distingue al ensayista del académico.