FICHA TÉCNICA



Título obra Tríptico Copi

Autoría Copi (Raúl Damonte Botana)

Dirección Catherine Marnas, Daniel Giménez Cacho y Carlos Calvo

Elenco Julieta Egurrola, Enrique Arreola, Juan Carlos Barreto, Mariana Giménez, Daniel Giménez Cacho, Odille Lauría, Verónica Segura, Boris Schoemann

Escenografía Gabriel Pascal

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Rodolfo Obregón, “Copíptico (I de los que salgan)”, en Proceso, 21 julio 2002, pp. 64-65.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Copíptico (I de los que salgan)

Rodolfo Obregón

1. De cuando Copi fue presentado en sociedad

“¡Mierdra!” El grito centenario de Alfred Jarry resuena en la garganta de la dulce Evita. Nadie se escandaliza desde luego, la vocación de los herederos de la vanguardia dejó de ser provocadora: los burgueses ya hace tiempo incluyeron la mierda en su menú y a Evita en sus comedias musicales. El espíritu transgresor se refugió en el travestismo y ahora desfila como una dama auténtica.

Con toda la pompa del caso, Copi se presenta con algunas arrugas y varios años de retraso sobre los escenarios de la sociedad mexicana. Acaso la publicación de Una visita inoportuna, donde desmitifica alegremente (gay up to the end) la enfermedad que lo llevó a la tumba, y un espectáculo de José Ramón Enríquez sobre su personaje, hayan sido las únicas cartas de presentación de la gran señora parisina y cronista tránsfuga de La Internacional Argentina.

La desmesura de sus dramáticos atavíos se corresponde con la meritoria y singular empresa que ahora nos ocupa: un Tríptico que se despliega de manera fragmentaria de jueves a sábado, y en versión integral (4 horas y media de representación) los fastidiosos domingos, dentro de la inmunda covacha del Teatro Orientación.

Estridentes y excesivas por definición, las farsas de Copi son suficientemente irritantes por sí solas. De hecho, estos monumentos a la anarquía suelen convertirse en auténticas máquinas de irritar. Puestas en fila, provocan –para bien y para mal– un efecto orgiástico que no excluye desde luego ni la saturación ni la intensidad.

2. De cuando Boris Schoemann fue nominado como la revelación actoral del año (en francés)

Sin dejar de aplaudir la triunfal entrada de huéspedes tan distinguidos, un maratón semejante presenta requerimientos especiales y espaciales. A saber, una unidad ambiental que ofrezca a la vez la sensación de novedad: la uniformidad de género y la especificidad del transgenérico.

Sobre el escenario, que únicamente en la primera obra logra convertirse en un espacio específico gracias al empleo de la propia arquitectura (el bunker donde la familia Perón congela sus cuentas y migrañas), un cementerio de frigoríficos remite tanto a las cajas fuertes de los bancos suizos, como al frío siberiano y los depósitos de heroína.

Más conceptual que funcional, pues a lo muy largo de la velada permanece inexplorada y como marco para tres espacios convencionales, la instalación firmada por Gabriel Pascal pierde su innegable atractivo entre una hoja del tríptico y la otra. En su frivolidad, el invitado comienza a sentir que ese decorado ya está muy visto.

Por el contrario, la cohorte de actores compartidos (Julieta Egurrola, Enrique Arreola, Juan Carlos Barreto y Mariana Giménez, a los que se suman las intervenciones esporádicas de Daniel Giménez Cacho, Odille Lauría, Verónica Segura y Boris Schoemann) garantizan la unidad del abigarrado universo descrito por el autor, ofrecen ricas combinaciones de temperamentos y, gozosos en la vorágine energética y de acontecimientos, dan colorido cuerpo a tres sensibilidades de dirección diametralmente opuestas cuya constatación resulta el elemento más atractivo de este enorme depósito de inmundicias. ¡Basuras!