FICHA TÉCNICA



Título obra Fedra y otras griegas

Autoría Ximena Escalante

Dirección José Caballero

Elenco Lucero Trejo

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rodolfo Obregón, “Fedra y otras griegas”, en Proceso, 23 junio 2002, pp. 70-71.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Fedra y otras griegas

Rodolfo Obregón

Misteriosos son los mecanismos que rigen el azar de las obras, la difusión de los artistas. En un medio donde reina la premura y la ansiedad por estar sobre la escena suele atropellar al rigor, es una gratísima sorpresa la presentación profesional de una dramaturga que muestra de entrada una madurez artística y un conocimiento del oficio a todas luces ejemplar.

Si a estas cualidades la diosa fortuna añade una puesta en escena brillante y un apasionado equipo de trabajo, ya se puede imaginar el promisorio destino de la criatura en cuyo nombre, Fedra y otras griegas, se condensa un universo de pasiones femeninas.

Enfrentado con una extraña disposición triangular del Teatro El Granero, me descubro de pronto boquiabierto ante el ritmo, los enlaces, la contundencia del diálogo, y la festiva equivalencia con que las figuras clásicas reaparecen sobre un escenario del siglo XXI.

Sin aterrizar en una imagen obvia de la actualidad, estos “legados de las percepciones de la introspección humana” (como definió Sagan al mito) encuentran en la teatralidad expuesta (laberinto de feria, lamparitas laser, barco que navega frente a un ciclorama deliberadamente artificial) su cualidad de “nunca acontecido” mientras se adueñan de los personajes (Ariadna, Fedra, Minotauro y otros tantos ilustres) demostrando su condición de “siempre presentes”.

Así, sin menoscabo de su sentido metafórico, de un inquietante atractivo que se condimenta aquí con la ironía de la mirada contemporánea (frívolas sirenas que gozan induciendo al héroe hacia su desgracia, Pasífae locuaz que exige a su descendencia el comportarse a la altura de su leyenda), se explica y se revive el deslumbramiento del amor, la pérdida de la inocencia, los estragos de la traición, la pasión furiosa, el despecho, y otros vermes que habitan el cuerpo de la hembra, que corren infatigables por la mente de la mujer. A través del teatro aquel mundo original se recrea y se renueva.

Cierto, a lo largo de la obra con que se presenta Ximena Escalante y dirigida por José Caballero, el disfraz alegórico corre constantemente el riesgo de desaparecer dejándonos frente a una materia (como el triángulo de la infidelidad) tan identificable que pierde por momentos su misterio.

Cierto, la segunda parte del espectáculo no reserva ya sorpresas, el espacio (ahora tocado por una sombría atmósfera expresionista) deja de transformarse y se limita a resolver; algunas escenas (como el mundo masculino del vapor) alargan innecesariamente la obra.

Pero aun ahí, la belleza de los soliloquios (como aquel pronunciado por Ariadna en el Bar Naxos o el estremecedor final de la Moira), su inquietante acento poético, y la convicción de un elenco admirablemente parejo, donde se combinan experiencia y entusiasmo, apertura y deseos, y donde sobresale el aplomo escénico que ha adquirido Lucero Trejo (estilizada y auténtica en su triple papel de Pasífae, Europa y Moira); nos confrontan con un hecho teatral pleno.

Alzándose cual simbólica esfinge, el crítico pregunta ahora: frente a un debut tan afortunado de una dramaturga que ha defendido teóricamente y ha sabido incorporar la experiencia europea del dramaturgista (aquel que trabaja la materia dramática en su relación viva y cambiante con la escena), y frente a un grupo actoral que conjuga dos núcleos cercanos al trabajo escénico de José Caballero, ¿hacia dónde dirigir ahora sus pasos?