FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre la conferencia en París para la creación del Instituto Internacional del Teatro

Referencia Armando de Maria y Campos, “La Unesco y el teatro. Daño y beneficio de la crítica. Teatro mexicano en Tokio”, en Novedades, 27 julio 1947.




Notas Comentarios del autor sobre la crisis de energía eléctrica que afecta al teatro comercial de la ciudad de México y sobre la influencia del crítico en el público

Referencia Armando de Maria y Campos, “La Unesco y el teatro. Daño y beneficio de la crítica. Teatro mexicano en Tokio”, en Novedades, 27 julio 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La Unesco y el teatro. Daño y beneficio de la crítica. Teatro mexicano en Tokio

Armando de Maria y Campos

La crisis de energía eléctrica está afectando considerablemente al teatro comercial de la ciudad de México. Las empresas que han abierto "abonos" y que, naturalmente, tienen que cumplirlos –la Opera Nacional, las compañías españolas de Moreno Torroba, de zarzuela, y de Fernández Ardavín, de comedia– no tienen más remedio que continuar en la brecha, a media luz. La de Moreno Torroba tenía preparados dos estrenos de partituras regionales, Xuanón, del propio Moreno Torroba, y El caserío de Guridi, aquélla de ambiente asturiano, ésta de costumbres vascongadas, y los ha resuelto con éxito para todos, cantantes y público, que no ha escaseado, a pesar de la oscuridad. Los tres teatros que cultivan la revista o el desfile de variedades, el Lírico, el Tívoli y el Follies, se defienden con "viejas novedades", y es natural que no se aventuren a más.

Mientras tanto, bajo los auspicios de la Unesco, uno de sus comités consejeros, inaugura hoy, 28 de julio, en París, una conferencia de técnicos para decidir la creación de un Instituto Internacional del Teatro. A esta conferencia están invitadas personalidades de los países europeos, americanos y asiáticos. La creación del Instituto fue decidida en la primera conferencia de la Unesco celebrada en noviembre último y tras de agitados debates que fueron presididos por el autor dramático inglés J.B. Priestley.

El comité reunido en París estudiará, a partir de hoy y hasta el 1 de agosto "la intervención que puede tener el teatro en el desarrollo de la comprensión internacional" y singularmente se propone precisar las labores que deben incumbir a un Instituto Internacional de Teatro, cuya esencia, al parecer, debe ser ésta: facilitar los viajes de las compañías teatrales al través de todos los países, procurando materialmente sus desplazamientos; organizar bajo la inspiración del Instituto las traducciones y las representaciones de las obras aún poco conocidas en la actualidad; ayudar en la medida de la posible a los teatros de los países devastados por la guerra, etc. Una vez creado el nuevo Instituto deberá publicar todas las noticias del mundo concernientes al teatro; crear una oficina internacional de intercambio para los artistas, con el fin de proceder a las necesarias encuestas sobre las condiciones actuales de las escuelas de arte dramático del mundo, etc., etc.

No sé si nuestro país estará representado en la conferencia que hoy se inaugura en París. Debía estarlo, y demostrar que se preocupa por el teatro en manifestaciones menos ostentosas y más efectivas de las encomendadas a su Instituto de Bellas Artes. Por ejemplo, la formación de críticos y cronistas de teatro, en cuyas opiniones, muchas veces irresponsables, descansa el destino de una obra, el porvenir de una temporada. Reciente está el caso del estreno de Las 7 vidas del gato de Jardiel Poncela. La actriz empresaria María España Vidal gastó estimable cantidad en montar la obra del humorista español. Un sector de la crónica de teatro nuestro decidió que la obra... no debía interesar. Así lo dijo. La obra, la interpretación, la temporada, fracasaron.

Este fenómeno es sólo de México. Margaret Webster, directora teatral y dirigente del American Repertory Theatre, de Nueva York, ha dado una conferencia en el Club de Mujeres de Minneapolis, y ha dicho: "El público debería obligar a que antes del estreno los críticos no comieran con exceso y luego retenerles en la luneta hasta el final de la representación. Los críticos matan el teatro. Cada día cuesta más dinero montar una obra, y los críticos en una noche deciden si ha de vivir o morir".

Hay más. El comediógrafo norteamericano, autor de Joan of Lorraine –que acaba de representar el Mexico City College Summer Theatre, bajo la dirección de Theodore Apstein– ha dicho que los críticos son responsables del actual estado del teatro poque influyen en el ánimo del público. Brook Atkinson, el reputado crítico teatral norteamericano, le ha contestado en un artículo "No somos culpables", en el que entre otras cosas, dice: "No me impresiona mucho la presunción general de que los críticos hacemos o deshacemos los éxitos. Las críticas favorables no llevan público a las obras que éstos no quieren ver... A pesar de los comentarios adversos a Present laughter (Risa actual) de Noel Coward, lo cierto es que esa obra se representó 157 veces seguidas. Cuatro críticos importantes alabaron The story of Mary Surrat, y sólo pudo sostenerse en cartel ocho representaciones. Lo que ha ocurrido con Yellow Jack suministra la prueba más ilustrativa de que los críticos no ejercemos influencia alguna en los destinos teatrales. Ocho de los nueve críticos ensalzaron la obra, pero ésta fue un fracaso y se representó 21 veces. Hay algo que todos los críticos sabemos, y es que no podemos hundir una obra de taquilla. Lo que el teatro necesita no es la supresión de las opiniones, sino una drástica y aguda rebaja del precio de las entradas y un mejoramiento de la calidad de los espectáculos. El problema fundamental del teatro es económico. Las entradas cuestan dos o tres veces más de lo que deberían, porque los costos de la producción han llegado a ser excesivamente altos, lo cual se debe, sobre todo, a que los propietarios de los inmuebles y los sindicatos obreros se llevan una parte demasiado grande de las entradas, por lo menos en proporción a los servicios que realizan, y por ello, la gran mayoría del público no puede permitirse la necesidad de ir al teatro". Conformes. En México, no hay temporada que sustente probabilidades de éxito. Todo, todo se lo llevan los trabajadores de la Federación Teatral y los propietarios de los locales.

No quiero concluir sin una nota optimista y... rara. El teatro Ernie Pyle, de Tokio, ha celebrado el primer año de su funcionamiento con una estadística: 1,200,000 espectadores. Su cupo: 3,500 personas. Para celebrar el primer aniversario se realizó –hace 10 semanas– un programa teatral en que se inclulyó el estreno de una película norteamericana, Cielos azules, una pieza cómica: Loco por las muchachas, y "¡un espectáculo teatral mexicano titulado Tabasco!"...