FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre el llamado teatro comercial y el llamado teatro de arte citando la entrevista realizada por el periodista Guy Dornand

Referencia Armando de Maria y Campos, “De la mano de obra en el teatro a lo que debe de ser un director de teatro”, en Novedades, 24 julio 1947.




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Novedades

Columna El Teatro

De la mano de obra en el teatro a lo que debe ser un director de teatro

Armando de Maria y Campos

El teatro Ideal dio por concluida su larga temporada de comedias de todos géneros y calibres el domingo último, por no serle posible al empresario Lavergne resistir más las pérdidas que el negocio le venía ocasionando. Lo mismo ocurrió en el Iris, con la temporada iniciada apenas días antes. Por cuanto al Arbeu, sede por hoy de la zarzuela española, el empresario compositor don Federico Moreno Torroba ha tenido que llamar, punto menos que casa por casa, a la vieja colonia ibera residente en México, para hacerla salir rumbo al Coliseo mencionado. El Lírico permanece cerrado, y sólo el Fábregas, con María España Vidal al frente de una homogénea compañía que representa comedias españolas buenas por conocidas, se empeña en hacer del arte de representar, un negocio comercial medianamente costeable. No funcionan en México "teatros de arte".

Los escasos espectadores que continúan gustando del teatro llamado comercial, no dejan de abogar por un teatro de arte. En cambio, los que sueñan con un teatro de arte, carecen de todo, porque no acuden al teatro comercial. Alguien ha dicho, cuando en el teatro se pierde dinero, que es que se trata de un arte; si se gana, es un negocio. La verdad, ni lo uno ni lo otro. Lo que ocurre es que el alto costo de la mano de obra, que está, como se sabe, en manos de los obreros del teatro –tramoyistas, electricistas, utileros, apuntadores, empleados, etc.–, hace incosteable el negocio del teatro. Lo de "teatro del arte" y "teatro", simplemente, es una pura garambaina.

El periodista Guy Dornand ha preguntado al director Charles Dullin y al empresario Jacques Hebertot las diferencias que hay entre "teatro de arte" y "teatro comercial". El primero ha dicho, entre otras razones: ¿El teatro de arte? Digamos el teatro. Sólo quiero conocer sus manifestaciones elevadas. En cada época, cualquier iniciativa mecida por preocupaciones estéticas conoce dificultades del mismo orden, pero ahora están centuplicadas por la dureza de los tiempos. Las obras no triunfan, con frecuencia, por motivos marginales y exteriores a su valor. Algunos componentes de la vida teatral han adquirido valor preponderante. ¿Las primeras figuras? En el teatro no hay auténticas primeras figuras. El cine fascina, capta y deforma en dos o tres años cualquier "esperanza" para el teatro. El cine apenas acepta buenos actores provistos de conocimientos, y prefiere a los jóvenes que se proclaman reformadores. Ni siquiera existen "compañías" en el teatro comercial. ¿Los jóvenes? Desesperados como estábamos hace treinta años por las barreras que nos imponían los monopolizadores de la escena, fuimos los culpables de haberles alentado hasta el exceso. Les falta amor para el trabajo y humildad para su arte. El público también es responsable, porque está apegado "al reparto", o se deja hipnotizar por las presentaciones. Se va con la corriente. No se multiplica como lo exigiría el número material de salas que se honran en no preocuparse más que de las obras de calidad".

Por su parte el conocido Herbertot ha contestado: ¿Teatro de arte? No comprendo. Hay teatro. Eso es todo. El teatro, cuya crisis es homogénea. Una crisis que no puede resolver la política de las subvenciones, siempre discutibles, siempre sometidas al flujo y reflujo de las incidencias personales. Un empresario debe ser, antes que nada, un hombre culto, un artista, un guía; pero no debe ser actor o director. Si es lo primero, no dejará surgir a otros actores y escogerá la obra por el papel que se distribuya; si es director no puede pretender adaptarse a todas las obras que quiera presentar ¿El papel del empresario? "Dirigir": escoger una obra, hacer el reparto, designar al director capaz. ¡Y administrar!

A Tristán Bernard esta vez no se le ha preguntado su opinión, porque la tiene estereotipada en su famosa frase: "El teatro comercial es cuando se triunfa, y se llama "de arte" cuando se fracasa".

Sería curioso intentar en México encuestas como la ideada por Guy Dornand. Curioso y difícil, porque ¿dónde hallar el empresario a quien hacerle preguntas sobre su experiencia, si ésta, generalmente, se reduce a una aventura de la que salió con las manos en la cabeza y la escarcela vacía? ¿Y al director? Me propongo entrevistar a Carlos Lavergne, ejemplo de empresarios tenaces, y a Gómez de la Vega, excelente director, además de actor aunque presumo de antemano lo que me dirán, es decir, lo que no me dirán, que es lo que interesa al público. ¡Si Lavergne fuera hombre de alta entonación cultural! ¡Si Gómez de la Vega se consagrara a dirigir, sin excluir, claro está, determinadas interpretaciones! No hay que pensar en los directores de grupos experimentales, porque éstos, mientras no sometan sus trabajos a la prueba del fuego de las taquillas, ni hacen teatro, ni hacen arte teatral realmente. Resultará más interesante oír a los directores de la mano de obra del teatro –ya señalé quiénes son–, porque de ellos depende que, en suma, haya teatro, de arte o no, simplemente teatro. Lo demás es hablar por hablar, hacer frases...

A propósito de frases, encuentro una, muy útil para teatrófilos y cinéfilos. Es de René Clair, y la tomo de un artículo suyo que me ha traído el último correo extranjero: "Un ciego en el teatro y un sordo en el cine, si pierden una parte importante del espectáculo deben comprender lo esencial".