FICHA TÉCNICA



Título obra Santa Juana de los mataderos

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Eduardo Weiss, Stefanie Weiss, Antonio Zúñiga y Luis de Tavira / adaptación

Dirección Luis de Tavira

Escenografía Philippe Amand

Música Luis Rivero

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Rodolfo Obregón, “Tavira - Brecht (III y último)”, en Proceso, 31 marzo 2002, pp. 64-65.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Tavira-Brecht (III y última)

Rodolfo Obregón

Resulta difícil –como al parecer me ha sucedido– rehuir el debate ideológico cuando se enfrenta la obra del poeta alemán, Bertolt Brecht. Sin embargo, he defendido en otras ocasiones la dimensión poética de sus obras y la tosca vitalidad de sus puestas en escena como su gran herencia para el lenguaje del teatro.

Ni una ni otra están ausentes en la escenificación de Santa Juana de los mataderos que realiza una exitosa temporada en el Teatro Julio Castillo.

Lejos de toda teoría, la práctica de Brecht mostró siempre el instinto feroz de un animal de teatro que deja a un lado toda consideración teórica, para verificar sobre la escena el vigor y la contundencia de su discurso.

A pesar de sus propias declaraciones (citadas ahora en el programa de mano), la dramaturgia de Brecht puede ser –y es– considerada hoy día como la última posibilidad del drama aristotélico, es decir, aquel que contiene su propio proyecto de representación.

Animal de teatro como el que más, el director Luis de Tavira aflora a plenitud en su puesta en escena. Así, la versión escénica de Santa Juana… llevada a cabo por Tavira, Amand & Cía. resulta, en mi opinión, la última posibilidad del ilusionismo.

De hecho, aquí, como en Felipe Ángeles, el marco del teatro a la italiana (que Brecht tampoco pudo romper y que Tavira y Philippe Amand, juntos o separados, buscan en todo tipo de espacio escénico*) se reafirma con la presencia de un gran marco pictórico.

Mientras la estética brechtiana enfatizaba el contraste entre los elementos reales y ficticios de la escena como un guiño de ojo a la perspicacia del espectador, las citas que el escenógrafo Amand hace aquí sobre el constructivismo no tienden a revelar los mecanismos teatrales ni la materialidad de los objetos otrora degradados, sino a reconsiderar su dimensión “pictórica”, a reconvertirlos en ilusión reduciéndolos a términos del diseño y la línea, a una reestetización.

Del mismo modo, si para Brecht la representación de un acontecimiento “real” no significaba por fuerza que éste debiera ser “semejante a la vida” y el hecho de representarlo completamente tampoco significaba hacerlo “todo de una sola pieza”, la herencia barroca de Luis de Tavira (vértigo frente al vacío y pánico frente al silencio) lo llevan a completar cada una de las imágenes sugeridas por el autor y añadir las pertenecientes a su propia iconografía, como la recurrente alusión al martirio de Cristo.

Con una energía avasalladora, que sostiene la atención del espectador a todo lo largo de sus cinco horas de representación, Luis de Tavira, Philippe Amand, el compositor Luis Rivero, y un equipo de actores soldados de la causa, han creado así un gran espectáculo operístico sujeto a su unidad dramática.

No en balde, Manuel Capetillo ha publicado en “Sábado” de Uno más Uno una exultante ejemplificación de Santa Juana de los mataderos como Teatro Total (en el sentido wagneriano del término).

Coincido plenamente con él: Santa Juana de los mataderos viene a ser la culminación de una estética cultivada durante largo tiempo por Luis de Tavira, un director empeñado en escribir la gran epopeya del teatro mexicano, en ser –por encima de todo y de todos– el gran muralista de nuestra escena.


Notas

* Véanse sus adecuaciones de teatros como El Granero, Santa Catarina, Sor Juana Inés de la Cruz, y, sobre todo, El Galeón, al que casi lograron convertir definitivamente en teatro a la italiana y donde ambos han realizado algunas de sus creaciones distintivas.