FICHA TÉCNICA



Título obra Primavera en otoño

Autoría Gregorio Martínez Sierra

Elenco María Guerrero (Mariquita), José Romeu

Grupos y compañías Compañía Dramática Española Luis Fernández Ardavín

Notas de grupos y compañías José Romeu / director

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas Comentarios del autor citando la entrevista a Gregorio Martínez Sierra realizada por Enrique Díez Canedo y publicado en The Theatre in a Changing Europe, de 1937

Referencia Armando de Maria y Campos, “Primavera en otoño Martínez Sierra, en el Ideal”, en Novedades, 20 julio 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Primavera en otoño, casi estreno de Martínez Sierra, en el Ideal

Armando de Maria y Campos

Gregorio Martínez Sierra gozó, en su tiempo del máximo favor de los públicos "decentes" de España y de Hispanoamérica y, a ratos, pasó por renovador de la escena, modernista y vanguardista. Su hora ha pasado, y la mayoría de sus piezas –como esta, Primavera en otoño, que Fernández Ardavín ha escogido para iniciar el abono que se presume cubrirán las familias de la colonia española residente en la ciudad de México–, se ven ya con la dulce emoción que causan las modas pasadas, las costumbres idas o los retratos de amigos o miembros de la familia que va borrando el tiempo... Su misma manera de dibujar personajes, de hacer escenas, de fabricar conflictos, tiene un no sé qué de añoranza, de recuerdo de amigos que se fueron, o se casaron, y parece imposible que tengan hijos con hijos, es decir, que hayan envejecido, que pertenezcan a "la pelea pasada..."

Martínez Sierra (n. Madrid, 1881) pertenece a la escuela de comediógrafos a los que formó el teatro de Benavente (n. también en Madrid, 1866). Es evidente que don Jacinto es el primer dramaturgo de su tiempo, y no lo es menos que si él fue el sucesor de las glorias de Echegaray, a él no le ha sucedido nadie aún. Después de Benavente, y con Benavente sólo hubo un teatro como obra personal y volumen creador: el que hicieron los hermanos Quintero y el que creó Muñoz Seca. Pero Benavente formó una escuela de comediógrafos. Dos autores, en el sector benaventino, brillaron con luz propia: Manuel Linares Rivas –que con La mala ley (escogida por Ardavín para cubrir la segunda función de abono para el público de familias de antiguos residentes españoles), que plantea el tema jurídico de las herencias y comienza un tipo de "teatro burgués", en que pretensiones y vulgaridad se dan la mano, pero donde una potente intuición teatral deja obras hábiles en la escena–, y Gregorio Martínez Sierra, dramaturgo importante, de la más pura escuela benaventina, dueño de una hábil condición teatral, en la que sobresale la nota femenina y blanda, casi hasta lo cursi, en la que las notas simpáticas y cordiales explican su éxito ante los públicos sentimentales de España y de América, incluyendo a los del norte que hablan inglés, y a quienes no pierde ocasión de fustigar con sus característicos juegos irónicos.

Casi toda la obra de Martínez Sierra ha sido representada en México, pero casi toda ha sido olvidada. La representación de Primavera en otoño, por la compañía que dirige Pepe Romeau, llevada con un tono desenfadado, de broma y gracia fácil, como dedicada a un público "de provincia" que se conforma con divertirse y no pide a los actores más de un rato agradable, ha sido ahora como un estreno; y aun para muchos el nombre de Martínez Sierra sonaba por primera vez. Sin embargo...

Don Gregorio Martínez Sierra ha producido muchas obras rebosantes de ternura optimista, evolucionando más tarde en un sentido de apostolado social. "Con la colaboración no declarada de su esposa, María de la O. Lejárraga, ha producido muchas obras", afirmó el crítico Díez Canedo en su ensayo "Panorama del teatro español desde 1914 hasta 1936", publicado en inglés, como parte integrante del libro titulado The theatre in a changing Europe –ed. Henry Holt & Co. de Nueva York, 1937–.

Y en seguida: "Su mayor éxito, Canción de cuna (1911), fábula de la niña abandonada en el torno de un convento, que viene a ser hija de la comunidad que la ampara, hasta su matrimonio, no excluye obras en que apuntan tonos sombríos, etc." No estuvo en lo justo Díez Canedo, porque en una entrevista que El caballero audaz celebró con Martínez Sierra en 1916, le preguntó, y don Gregorio aclaró:

–¿Usted sabe, Gregorio, que por ahí se dice que su esposa posee mucho talento y que tiene una gran parte en los éxitos teatrales de usted?

–Lo sé, porque yo lo he declarado públicamente hace año y medio, sin que nadie me lo preguntara. Sí, señor: mi mujer toma parte en mi obra literaria. Es mi colaboradora y tiene más talento que yo. Es más: mientras luché sin éxito, no he querido decir nada; pero ya que hemos triunfado, me gusta que se sepa, y no hay cosa que más me enorgullezca, que el que se diga que mi mujer tiene talento.

–Y ¿cómo en las obras no figura el nombre de su esposa?

–Porque se opone tenazmente a ello. Le disgusta que se hable de ella. Mi mujer y yo nos queremos tanto y nos llevamos tan bien, que en este caso sí que puede decirse que somos uno solo; en muchas amarguras que han querido traerme las malas gentes, la primera que ha fortalecido mi espíritu ha sido ella...

El misterio de la colaboración femenina en la obra de Martínez Sierra, no fue misterio nunca. Ni las fuentes de su teatro. "Mis maestros son Galdós, Benavente y los Quintero –dijo en otra ocasión Martínez Sierra–, por los cuales siento una gran devoción; persigo siempre que mi teatro sea la vida misma, un poco aderezada y romantizada. Con el romanticismo que todos los españoles llevamos dentro..."

Culto, fino, discreto, Martínez Sierra ha producido siempre obras casi perfectas, dentro de lo dulzón y bonito. Sus mayores triunfos: Canción de cuna, Mamá (1912), Madame Pepita, de la misma temporada; Mujer, Rosina es frágil, Don Juan de España (1921) y Triángulo (1930). Dirigió el teatro Eslava, de Madrid, desde 1917 hasta 1925, ejerciendo decisiva influencia como director de buen gusto y traductor hábil y exquisito. Vino a México, con su compañía, de la que era primera actriz Catalina Bárcena, en 1927. Después se dedicó de preferencia al cine, en Norteamérica...

Su comedia Primavera en otoño se ve con curiosidad y se escucha con complacencia. No es de las mejores del fino y culto autor. Viéndosela representar a Mariquita Guerrero y Pepe Romeu, tuvimos la impresión de que ellos se creían ante un público de provincia española, de, digamos, los primeros años de la dictadura del general Primo de Rivera...