FICHA TÉCNICA



Título obra Los laureles

Autoría Luis Tejedor y Luis Muñoz Llorente

Elenco Pepita Embil, Amparo Puerto, Francisco Bosch, Charito Leonís Floren (Torcuata), Carmen Valor, José María Martí, Catalá, Rafael María de Labra, Plácido Domingo

Música Federico Moreno Torroba

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Notas Comentario del autor al estreno de Los laureles de Federico Moreno Torroba, citando la conferencia de Ángel Ossorio Gloria y ventura del género chico

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en México de Los laureles de Federico Moreno Torroba”, en Novedades, 7 julio 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en México de Los laureles de Federico Moreno Torroba

Armando de Maria y Campos

"Ahora sí" –como acostumbra decir un colega veterano de la información teatral– se nos ha ofrecido el estreno de "el último éxito de Madrid". Los laureles, sainete en dos actos, el segundo dividido en tres cuadros, libro de Luis Tejedor y Luis Muñoz Llorente, partitura del maestro Federico Moreno Torroba, estrenado en Madrid, en el teatro Fuencarral, el 3 de junio próximo pasado. El viernes último, en la 2a. función del abono, cubierto en su totalidad por la colonia española residente en México, el maestro Moreno Torroba ofreció al público de México y de la susodicha colonia ibera residente, porque la otra, la formada por exiliados políticos no se para –con la sola excepción de don Indalecio Prieto– ni por equivocación en el Arbeu, de la primera representación de su última obra –último éxito de Madrid– Los laureles.

El sainete propiamente, es decir, el libreto, no es de los mejores del género. Abunda en situaciones cómicas; sus personajes probablemente son muy madrileños... de ahora: se prodigan los chistes de buena ley y de la otra, y, en general entretiene y da en cada escena la oportunidad deseada por el músico para hacer cantar a los protagonistas, a los que no lo son, y a todo el que se rueda. La partitura sí es bellísima, muy brillante, con sus números pegajosos, con schotis y mazurcas a cada paso, romanzas para la tiple y el barítono, dúo para éstos, para las dos tiples, dúo y terceto cómicos, etcétera. El maestro Moreno Torroba se ha mostrado no sólo inspirado, sino generoso, y el público disfruta más de lo que, exigente, pudiera pedir. La noche del estreno de Los laureles, no hubo número que no se repitiera, y aun se "tripitiera", entre exclamaciones de júbilo satisfecho. Al final de cada acto la presencia del maestro Moreno Torroba fue reclamada en escena, y el gran músico y batallador empresario salió a saludar en unión de Pepita Embil –Estrella–, de Amparo Puerto –Margarita–, de Francisco Bosch –Rafael–, de Charito Leonís Floren–, de Carmen Valor –Basi–, de José María Martí –Mata–, y si no salieron a escena con el autor y principales intérpretes Catalá, Labra y Domingo, no por eso merecen menos los aplausos del público.

Esta temporada de zarzuela española ha logrado interesar al público, y parece que no habrá incidente desagradable que la tuerza. Se intenta hacer una revisión del repertorio de género chico, de domingo a jueves, desde Caramelo hasta nuestros días, es decir, hasta hace algunos años, porque ahora se escriben pocas zarzuelas, y menos en un acto. Tal vez tuvo razón el político teatrófilo Ángel Ossorio, cuando afirmó en su conferencia Gloria y ventura del género chico, sustentada en Buenos Aires hace cinco años y recogida después por Espasa-Calpe en sus tomitos de la Austral, que ya no había género chico. ¿Por qué? Don Ángel lo explica: "En la segunda decena del siglo que corre empezó a enturbiarse, no la afición, no la posibilidad, sino las realidades sociales que lo hacían viable. Las masas populares suspendieron la risa y se entregaron a una lucha entre creadora y soñadora, que representaban en ardua y recíproca pelea la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo. En la tercera decena apareció en España la vergüenza de la dictadura que consumió siete años indignos. Durante ellos, nadie podía intentar hacer reír. Esta virtud la tenía monopolizada el dictador de España, al cual no aventajó nadie en tan raro menester, sino el deslumbrador Mussolini. En venganza del agravio sufrido el pueblo planeó la República, y en 1931 la impuso. Todo fue entonces ilusión generadora. Los gobiernos de ímpetu arrebatadísimo no se olvidaron de la zarzuela, y en el teatro lírico nacional la honraron y reverenciaron con representaciones magníficas de la grande y la chica. Estalló después la guerra. Todavía en Barcelona, visitada a diario por aviones alemanes e italianos, (se) creó en el Teatro del Liceo una temporada zarzuelera inmensa, presenciándose una representación de Doña Francisquita, entre el ruido de los aviones, sin que la orquesta ni los cantantes interrumpieran un instante la representación, ni una sola persona se moviera de su asiento". No la hubo durante muchos años, es verdad. Ahora, renace. Los laureles, partitura y libreto, forman la avanzadilla.

El mismo Ossorio y Gallardo lo predijo en su conferencia leída en el Ateneo Pi y Margall bonaerense: "Todo esto pasará, pasará como una pesadilla. No sabemos al cabo de cuanto tiempo, de cuántas lágrimas, de cuántas penas, ni de cuánta sangre, pero pasará. Y cuando pase, a España se reintegrarán todos los artistas hoy desperdigados y fugitivos por el mundo. Y la poesía, la música, la pintura, la novela cobrarán empuje formidable y producirán un nuevo renacimiento. Y a la hora del triunfo teatral, complacidos y risueños presenciaremos de nuevo renovadas la gloria y la ventura del género chico".