FICHA TÉCNICA



Título obra Palabras

Dirección Germán Castillo

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Rodolfo Obregón, “Capillas”, en Proceso, 4 noviembre 2001, p. 84.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Capillas

Rodolfo Obregón

Como una de sus primeras señales en cuanto a su política cultural, la resucitada Compañía Nacional de Teatro ha dado inicio al ciclo “Nuestro teatro”, un proyecto que implica llevar a escena obras que refieran o aborden los momentos fundamentales en el desarrollo del teatro nacional.

Su primer producto, Palabras, es una escenificación de Germán Castillo a partir de la poesía de Xavier Villaurrutia y de una conferencia que el poeta dictara en torno a las relaciones del teatro y el cinematógrafo.

Son estas relaciones una obsesión recurrente en la primera mitad del siglo pasado, como se expresa también en el magnífico ensayo que Antonio Magaña Esquivel dedicara al “hijo bastardo” identificado desde entonces, en la visceral opinión de los teatreros y hasta su destitución por la pantalla doméstica, como el gran enemigo de la escena.

En realidad, el cine desposeyó a los escenarios de sus funciones informativa y de entretenimiento masivo, permitiéndole ser tan sólo un arte. Y con este cambio de función social, apareció el concepto y la necesidad de un teatro experimental, a cuyos primeros movimientos contribuyó ampliamente Xavier Villaurrutia.

De ninguna manera podríamos decir que ese teatro, realizado siempre en la oscuridad de las catacumbas, haya fracasado. Sin él sería imposible entender el desarrollo artístico, la estética del teatro nacional. Pero lo que sí es evidente es que, contra todos los augurios de los Contemporáneos, de Usigli, y de tantos otros renovadores de la escena, el teatro propositivo, vital, aquel que pulsa y ha pulsado al ritmo de su tiempo, no ha podido establecer nunca una interlocución abierta con el espectador mexicano.

No sé a quién habría que culpar por este desencuentro, a los propios hacedores o a un público desinformado y reaccionario cuya ausencia definitiva me impidió atestiguar el “homenaje a Xavier Villaurrutia” que se representa significativamente en el Teatro La Capilla. Con toda seguridad, a ambos.

De cara a la fallida función, Jesusa Rodríguez, como es su costumbre, puso el dedo en la llaga y nos recordó que ese teatro, el bastión donde se estrenaron algunas de las obras más importantes del siglo XX, “tiene 52 años sin público”.

Así, sin quererlo, la revisión propuesta por la Compañía Nacional vino a desenmascarar el evidente divorcio entre la escena y la sociedad a la que, supuestamente, se dirige. A 73 años del Teatro de Ulises, el teatro continúa haciéndose para los muchos amigos y sus escasos interlocutores.

Así sucedió a los Contemporáneos. Cuando quisieron salir del pequeño local de Mesones o de la bodega adaptada como Teatro de Orientación, se encontraron predicando en el desierto. Salvador Novo, arrepentido eremita, decidió entonces refugiarse en su Capilla.

Así sucedió también a los jóvenes audaces e ilustrados que promovieron una Poesía en Voz Alta desde espacios donde el solo murmullo bastaba para hacerse escuchar.

Desde entonces, el dilema ha sido siempre el mismo: permanecer eternamente en las catacumbas, con los riesgos y el desgaste que esto conlleva, o calcinarse bajo los desnaturalizadores rayos del sol.

La experiencia dramatúrgica de Villaurrutia nos aporta el ejemplo. Tarde que temprano, el poeta homenajeado desistió en la creación de sus “autos profanos” y terminó escribiendo un drama convencional para la actriz (María Tereza Montoya) que representaba todo aquello contra lo cual se había elevado la cavernosa voz de Ulises.