FICHA TÉCNICA



Título obra Un hombre es un hombre

Autoría Bertolt Brecht

Dirección David Psalmon

Elenco Gerardo Trejoluna, Aida López, Enrique Arreola

Referencia Rodolfo Obregón, “Brecht, Brecht, Brecht”, en Proceso, 7 octubre 2001, p. 83.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Brecht, Brecht, Brecht

Rodolfo Obregón

Tres obras de Bertolt Brecht suben en estos días a los escenarios mexicanos. En el Foro de las Artes (y en horarios especiales dada la convivencia con Silvana) se lleva a cabo el montaje de Un hombre es un hombre, dirigida por David Psalmon. En El Foro / Teatro Contemporáneo, se repone El vuelo sobre el océano (reconstrucción inútil de la memoria), espectáculo que Ricardo Díaz realizara como demostración de su trabajo para el ciclo “El cuerpo escénico”. Y, por último, el Festival Internacional Cervantino anuncia el estreno de Santa Juana de los mataderos puesta en escena por Luis de Tavira.

A este triple suceso alude el título de esta nota, pero también a la polémica y los enconos que provoca el simple nombre del “directurgo” alemán.

Perdidos en el debate ideológico, o en la defensa de una pretendida estética canónica, críticos y creadores suelen perder de vista la alta dimensión poética de su escritura y la principal enseñanza de sus escenificaciones: a saber, el tosco vigor de un teatro que cimbró hasta sus entrañas (pese a tanto distanciamiento teórico) a todos cuantos pudieron presenciarlo.

Recordemos las palabras con que el propio Brecht se defendía de sus exégetas: “¿Acaso no se han convencido de que Puntila y Madre Coraje son seres vigorosos y plenos de vitalidad sobre el escenario del Berliner Ensemble?”.

En esta contradicción queda atrapada la puesta en escena del joven director francés, avecindado en México, David Psalmon.

Psalmon ha estudiado apasionadamente el teatro de Brecht y su escenificación de Un hombre es un hombre denota conocimiento de causa y un largo proceso de reflexión sobre cada uno de los elementos utilizados en la construcción de su discurso.

Sin embargo, al gran riesgo que significa esta obra hay que sumar que el peso conceptual del director no establece un equilibrio con el cuidado necesario para que las ideas se materialicen sobre el escenario.

Ambientado pretendidamente en el contexto espectacular del circo, éste se reduce a una elemental referencia del decorado y jamás remite al riesgo, la malicia y el vértigo de la pista. Mientras el circo es arte de la presencia puesta al límite de su integridad, la escenificación de Psalmon parece vivir en la seguridad de la academia y su presencia se limita a unas tímidas incurrencias en citas de actualidad (como la hamburguesa McDonald’s o la referencia a la región del conflicto que hoy día concentra las miradas de la humanidad), a unas opacas interpelaciones a la realidad del público.

Lejos de los códigos populares que Brecht rescató para el teatro culto, la traducción (sin crédito en el programa) fluye sin los rasposos contrastes del original, sin la picardía que pudo otorgar el contexto mexicano. Un circo sin pulgas ni aserrín.

Es claro que el oído del director no se ha familiarizado aún con el habla local y, por tanto, en este circo, los actores quedaron despistados. Tres magníficos actores: Gerardo Trejoluna, Aida López y Enrique Arreola abandonados a la deriva; el primero (y ya se sabe que Brecht nunca emprendió una gran obra sin un gran protagonista) en una limitada caracterización que contradice la complejidad del personaje, misma que el director se ve obligado a sostener en el programa de mano.

El resto del elenco, nos dice Psalmon, debe echar mano de la estética del clown, que tan inspiradora fuera para el Brecht director. Una vez más, ésta se reduce al uso de unas narices postizas y nunca se realiza en la fragilidad, la vulnerabilidad de un ser propicio a todas las violencias.

Por ello, Un hombre es un hombre transita, con el paso pesado de un elefante, en la ausencia definitiva de atmósferas que establezcan el contraste entre el fantasioso encanto del circo y la brutalidad subyacente de la guerra, entre la fábula primitiva y la epopeya contemporánea en que oscilan las grandes obras del poeta Bertolt Brecht.