FICHA TÉCNICA



Título obra Trattaría D’Improvizzo

Dirección Alberto Lomnitz

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Rodolfo Obregón, “Sopa al’improvizzo”, en Proceso, 30 septiembre 2001, pp. 65-66.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Sopa al'improvizzo

Rodolfo Obregón

Arte de los maestros, la improvisación es la prueba contundente de la vitalidad de un acontecimiento escénico, así como de un platillo.

Bastan una palabra, un lugar, un personaje, incluso una letra, para que el cómico –especialmente él– establezca una convención y una complicidad con su espectador.

Claro está que nadie improvisa con éxito sin un sólido entrenamiento y un colmillo que le cuelgue.

Desde hace ya varios años, Alberto Lomnitz se especializa en esta forma de juego muy cercana a la inmediatez del cabaret y sustentada, ante todo, en la agilidad mental de sus intérpretes; éstos las pescan todas al vuelo.

Encontróse pues Lomnitz con la Liga Mexicana de Improvisación y juráronse hacer algo juntos.

Finalmente, montaron un restaurante.

Gourmettes todos ellos, crearon una carta que permite al comensal escoger el platillo de su gusto y esconde, al tiempo, los íntimos secretos del oficio.

Hábiles con el estilete, serviciales y llenos de encanto, los meseros-cocineros, preparan ahí, sazonan, ante los ojos atónitos del hambriento, un platillo único e irrepetible.

Incluso la música y la luz, que ambientan el local, se improvisan de acuerdo al humor y las circunstancias.

Juntos, trabajadores (que varían como el menú de noche a noche) y clientes crean una velada de delicias.

Kant, famoso filósofo alemán, habría escrito La crítica de la risa pura y habría señalado, sin duda, su clara función digestiva.

Legiones de seguidores amenazarán ahora con abrir negocios semejantes.

Llenos de envidia, mirarán el éxito de tan original iniciativa.

Martes con martes rumiarán su desventura, mientras ven llenarse La Gruta que alberga a los pioneros.

Nadie, en su sano juicio, querrá perderse el placer de esta experiencia.

¡Ñaca, ñaca!

Organizados como cofradía, los improvisadores improvisarán ahora la apertura de nuevos mercados.

Podrán acaso colocar sus platillos en una telera y entregarlos así a domicilio.

Quiera el cielo que esto cambie el burdo humor de tantos otros “comediantes”.

Raro sería en cambio que los teatreros (incluido algún capitán de meseros) aprendieran a dosificar complejidad y ligereza: de vez en cuando es buena una sopa espesa.

Sabor no sólo agradable sino muy nutritivo habrá dejado entonces la importación de esta franquicia:

Trattaría D’Improvizzo.

Una exquisita experiencia.

(Valet parking no incluido).

(Whiskys y otros alcoholes se expenden generosamente en el local que ha convocado ya una muy amplia clientela; los chistes caen en blandito).

X ésta (el cronista hace aquí, con los dedos, la señal de la cruz).

Ya era hora –lo hemos dicho– de un teatro de especialistas.

¡Zócalo!