FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del crítico sobre la serie de publicadiones, Cuadernos de viaje, editada por Centro Cultural Helénico / Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos

Referencia Rodolfo Obregón, “Cuadernos de viaje”, en Proceso, 29 julio 2001, p. 66.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Cuadernos de viaje

Rodolfo Obregón

Aún como coordinador del Centro Cultural Helénico y con apoyo del Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos, Otto Minera emprendió un diagnóstico de la situación actual del teatro mexicano que deberá serle de gran ayuda en su nueva función al frente de la Coordinación Nacional de Teatro del INBA.

Cabe destacar que esta evaluación de nuestra actividad escénica contó con la asesoría de Lindy Zesch y Peter Zeisler, piezas fundamentales en el establecimiento del Theatre Communications Group, la asociación más importante de teatros independientes en los Estados Unidos y promotora de un envidiable proyecto editorial.

El dato es significativo porque permite vislumbrar la tendencia a reactivar, ahora desde las instituciones oficiales, la organización de teatristas independientes. De hecho, el propio Minera promovió recientemente una reunión en San Luis Potosí en la que quedó conformada una red nacional a la que se sumaron gustosamente distinguidos teatreros de varios estados de la República.

Como parte de ese proyecto, Marisa Giménez Cacho presentó los tres primeros números de una nueva publicación: Cuadernos de viaje/teatro. Se trata pues de un primer resultado visible, importante en tanto documento, de este esfuerzo cuyos logros habrá que esperar pero que de ninguna manera debe servir en descargo de la responsabilidad cultural del Estado mexicano.

A diferencia de los vecinos del norte, y como lo señala Larry Silberman en el tercer número de esta colección, México posee una importante infraestructura cultural y una tradición de subvención pública que envidian en muchos otros países del mundo. El modelo norteamericano, que enfatiza la autogestión, resulta engañoso pues, en contraposición a ellos, aquí carecemos de la tradición de mecenazgo privado y, dicho sea de paso, de una clase acaudalada y culta.

Para trazar el mapa de nuestra realidad, el primer número de estas bitácoras recurre a los observadores profesionales, los críticos, en entrevistas al alimón realizadas por Marisa Giménez Cacho y complementadas por una rica polémica entre dos brillantes plumas del otro lado, Robert Brustein y Steve Reich.

A fin de establecer el horizonte de lo posible, el número dos convoca a muy experimentados navegantes para analizar, bajo el ejemplo y la guía protectora de Eric Bentley, las principales corrientes de este arte en la segunda mitad del siglo que se ha ido y aventurar hipótesis sobre su destino.

Para desgracia de este segundo cuaderno, la mayor parte de sus colaboradores decidió ignorar la ruta trazada por el capitán e insistir obcecadamente en perseguir el canto de sus particulares sirenas. No deja de ser significativo que muchos de estos navegantes sean o hayan sido figuras protagónicas de nuestros tablados.

Mucho más interesante resulta el tercer número de Cuadernos de viaje/teatro, dedicado a la exposición y análisis de “modelos de organización” teatral. Al recuento de experiencias más o menos “independientes” sigue una sólida reflexión en torno a los “incómodos comodatos” ejercidos en los teatros del IMSS; una aventurada política cultural, discutida y discutible, que cobra gran vigencia frente a la bárbara amenaza de desaparecer la red de teatros públicos más importante del continente.

Frente a la permanente ignorancia de las autoridades administrativas, que nos obliga a explicar cada seis años (todavía y hasta nuevo aviso) las bondades de la cultura, incluso un prófugo y detractor de tales comodatos, como el que esto escribe, está dispuesto a defenderlos.