FICHA TÉCNICA



Título obra El fantasma del Hotel Alsace

Autoría Vicente Quirarte

Dirección Eduardo Ruiz Saviñon

Elenco Gilberto Pérez Gallardo, Elena de Haro, Juan Ignacio Aranda, Mauricio Davison

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Rodolfo Obregón, “El fantasma del hotel Alsace”, en Proceso, 13 mayo 2001, pp. 63-64.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

El fantasma del hotel alsace

Rodolfo Obregón

Decía el director italiano Giorgio Strehler que una puesta en escena equivale a la escritura de un ensayo crítico sobre una obra determinada, un autor, un tema específico. Pero ese ensayo no está escrito con palabras sino con gestos, desplazamientos en el espacio, transformaciones de la luz, imágenes, inflexiones de la voz y movimientos anímicos, entre muchas otras cosas.

Un ensayo es conocimiento e intuición, y, como lo afirma Gabriel Said, “su ciencia es la del artista que sabe experimentar, combinar, buscar, imaginar, construir, criticar, lo que quiere decir, antes de saberlo”.

¿Podría existir acaso una mejor definición sobre la institución primordial del teatro: los ensayos? Idealmente, el actor se prepara de manera sistemática para descubrir, cada noche, algo que antes no sabía.

Por ello, el tejido del espectáculo y la incandescencia misma de la representación deberían ser un atractivo extraordinario para cualquier hombre de letras, un incentivo para emprender el difícil cambio de lenguajes, el tránsito hacia el género dramático.

No son pocos en nuestro país quienes lo han intentado. Sin tomar en cuenta a los poetas de Contemporáneos o a un Juan José Arreola, que cultivaron no sólo el género sino los oficios del escenario, la lista de aquellos que tocaron tangencialmente la escritura dramática es larga: Rubén Bonifaz Nuño, Fernando Benítez, José Revueltas, Sergio Galindo, Carlos Fuentes y Octavio Paz, Ricardo Garibay, José Agustín, entre muchos otros, podrían formar parte de una antología con otras voces para nuestro teatro.

A esa larga lista hay que añadir el nombre del poeta Vicente Quirarte, cuya obra El fantasma del Hotel Alsace, escrita para conmemorar el centenario de la muerte de Oscar Wilde, continúa representándose con éxito en el Teatro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario.

Practicante él mismo del “centauro de los géneros”, Quirarte trenza hábilmente la especulación biográfica (la historia probable de los últimos días del escritor irlandés) con la interpretación de su obra. Intensificando el sentido de su caída, arrastra a su personaje, convertido por las circunstancias en fantasma de sí mismo, hasta el centro de una “imaginería gótica”, en la cual se consume. Reservándose una última visita de Bram Stoker, para terminar de confundir las fronteras entre la realidad y el delirio, el poeta redondea un amoroso alegato en favor de la invención que hace llevaderos los rigores de la vida, un homenaje pleno a la literatura.

En los cuerpos de Gilberto Pérez Gallardo, Elena de Haro, Juan Ignacio Aranda y Mauricio Davison, el homenaje se materializa. Sin altibajo alguno, el elenco se distingue por la construcción de un juego escénico estilizado y orgánico a la vez, por el unánime cultivo de una pasión que se expresa con conmovedora serenidad, por su capacidad de creación de las atmósferas en una puesta en escena de eficaz sencillez.

Salvo algunos excesos característicos del “Teatro Gótico” en que se empeña desde hace años y que a estas alturas resultan anacrónicos, la escenificación de Eduardo Ruiz Saviñon fluye con imperceptible precisión; concentra el drama, revela relaciones, subraya la fragilidad de los linderos entre la realidad y el sueño, y otorga a sus actores el espacio y el tiempo justos para adueñarse de la ficción.

En el papel protagónico, Mauricio Davison se compromete a fondo con su criatura; los manierismos del gesto y el habla que en otras obras podrían resultar estorbosos, le vienen magníficamente al dandy en decadencia. A la meticulosa construcción física y verbal, Davison sabe añadir una hondura emotiva que atrapa definitivamente a sus espectadores.

El fantasma del Hotel Alsace es un digno ejemplo del diálogo natural que debería existir entre los hombres de letras y los ensayistas del tablado.