FICHA TÉCNICA



Título obra La fiera despierta

Autoría Carlos Arniches

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas Carta del actor Ernesto Vilches al dramaturgo Carlos Arniches, que el autor retoma del estudio Don carlos Arniches al sesgo. Documentos del Archivo de Carlos Arniches de M. Cardenal de Iracheta

Referencia Armando de Maria y Campos, “Luces y sombras de autores y cómicos. Una interesante carta de Ernesto Vilches a Carlos Arniches”, en Novedades, 5 junio 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Luces y sombras de autores y cómicos. Una interesante carta de Ernesto Vilches a Carlos Arniches

Armando de Maria y Campos

El nombre de Carlos Arniches, familiar desde hace muchos años al público de México, vuelve a ocupar la cartelera de uno de nuestros coliseos. En el escenario del Ideal continúa representando una de sus últimas piezas: La fiera despierta, no de las mejores. Parece que, maquinescrita aún, llegó a manos de los administradores del Ideal hace algunos años, que se extravió en su archivo, y que, descubierta al hacer un arreglo de él, se decidió estrenarla desde luego. La verdad es que se representa ante escasísimo auditorio, y que no ha interesado, porque, lo repito, es de lo más flojito de Arniches. Hasta 1943 no había sido editada. En la bibliografía de J. Romo Arregui que se publicó en Cuadernos de literatura contemporánea, núms. 9-10, 1943, que edita en Madrid el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se menciona con esta nota: "en publicación". El mencionado número de tan interesante publicación, que por razones que no es necesario mencionar, no circula en México, está dedicado a Arniches, y el conjunto de estudios dedicados al gran autor alicantino no deja ángulo de su vida sin estudiar. En uno de los más ricos en datos, el titulado Don Carlos Arniches al sesgo. Documentos del Archivo de don Carlos Arniches de M. Cardenal de Iracheta, se reproducen algunos documentos de su archivo particular, cartas de los Quintero, de Echegaray, de Gómez de Barquero, de Pérez de Ayala, de López Pinillos, de Fernández Flores, de Abati y... de muchos cómicos, que reflejan vivamente la intimidad del gran autor y de sus contemporáneos que se interesaban por su teatro.

"En el segundo decenio de este siglo –dice Cardenal de Iracheta– era Arniches ya un autor consagrado. Los cómicos le asediaban y adulaban a las veces. En el archivo hemos encontrado tres cartas –de Thuiller, de Vilches y de Valeriano León y Aurora Redondo– que muestran la aureola que rodeó al comediógrafo, y al par revelan tres caracteres humanos muy distintos". La más interesante de las tres para nosotros es la de Vilches, ahora en México, porque pinta con vivos trazos algunos aspectos del teatro en América, y señala cómo lo ven y lo sienten –o lo veían y sentían– los cómicos que se dejan arrastrar por el señuelo de éste: "bello país debe ser el de América, papá". La carta de Vilches a Arniches, fechada en Barranquilla, Colombia, el 28 de octubre de 1927, dice así:

"Mi querido y mi más admirado amigo: Sé que le ha de extrañar que desde aquí, tan lejos de usted, le envíe estas líneas...; pero es que precisamente en este momento me hallaba "cerca"...; estaba leyendo una de sus obras..., magnífica como todas...; pasaba un rato delicioso..., y me dieron ganas de darle un abrazo por el buen rato que me hacía pasar..., y por medio de este papel quise ponerlo a mi lado y abrazarle... y decirle: "¿Pero será posible que yo me vaya al otro mundo (más lejos que estoy ahora) sin que me dé el placer de estrenar una obra del "único" escritor teatral de que disponemos en España?

"¡Y hay que darse prisa, mi querido maestro...! Pues al otro acceso que me dé como el que me acaba de dar esta maldita úlcera, hace que me vaya, como digo, con semejante gusto de haber hecho una obra suya. Y créame que se lo digo sinceramente. Usted sabe, y no creo que sea jactancia, que yo soy capaz de meterme en el alma del personaje que usted me haga; estudio psicológicamente mis personajes y que no me importa que sea de la clase que sea. Es decir: si hacemos un paréntesis y me escribe usted un madrileño o un catalán, o un jesuita español, o un tipo cualquiera, lo he de preferir a todos los alemanes y rusos que me pueda yo mismo buscar. Porque usted está en el secreto. ¿Se escribe algo que merezca la pena para que un actor pueda demostrar sus facultades y pueda hacer algo que merezca la pena y le sirva para darle honra y provecho?

"Puede ser que si yo estuviera constantemente en ésa pudiera haber conseguido semejante fortuna; pero yo, como tengo que emigrar para poder defenderme, es por lo que autores españoles y yo estamos medio divorciados..., y me da pena cuando por estas tierras me dicen que es lo mejor que ha venido y tengo que hacer mi reputación a base de tipos extranjeros... pues hasta Todo un hombre de Unamuno, creo le doy a su personaje un tinte de indiano-cubano-mexicano; más bien parece de acá que no tipo español.

"Estudie usted esta súplica mía, querido don Carlos, y si cree usted que merece la pena, vaya pensando lo que sea, y al llegar a ésa voy a verle y empiezo a estudiar ese carácter que creo ha de inmortalizarme.

"Yo vine por estas tierras, creyendo que haría una fortuna; pero esto ya es imposible de todo punto; su virginidad terminó; pasó. Hace años nadie venía, y el que venía "se hinchaba". Hoy cada día exigen más y más y pagan menos y menos. Ahora acaba de estar la Camila Quiroga, que, por cierto, nos ha puesto a todos los españoles, autores y cómicos, como no tiene idea. Además, les ha acostumbrado a pagar un "peso" la butaca y, claro, ya el que venga atrás que arree. Y por si esto fuera poco, he tenido la desgracia de caer enfermo por mi maldita úlcera, que me ha tenido mes y medio en cama, y... ¡mi ruina! ¡No quiera saber! Mi compañía me abandonó. Nada he podido hacer, y hace un mes, ya un poco repuesto, he cogido media docena de los que se quedaron y voy haciendo por estos países tropicales una pequeña excursión, en espera del vapor que, por fin, me ha de conducir a ésa dentro de poco. Y ahora, con estos pocos que llevo es precisamente cuando me defiendo; es decir, que viniendo con una magnífica compañía he perdido, y ahora que salgo avergonzado por no poder hacer las cosas a mi gusto, como acostumbro, es cuando gano algo... ¡Cualquiera comprende los negocios del teatro!

"Supongo que allá, para mediados de diciembre, lo más tardar, a tener teatro, empezaré para hacer la Pascua a mi querido público de ésa...; para esa fecha ya creo que, por fin, realizaré mi ideal, ¿no? Así lo espero. Cómica, dramática; las dos cosas; como sea; yo he de poner mi alma entera al servicio de la obra que usted me prepare. Si usted siente por mí un poquillo de afecto, nunca comparable a la admiración y cariño que yo le tengo, acuérdese de ésta mi súplica.

"¿Por qué no me escribe usted, por ejemplo, un cómico que se vuelve loco y le da por meterse en los tipos de todos los papeles que hizo en su vida, cómicos, dramáticos y hasta trágicos, y ahí tiene usted que yo campeo por todos? Puede acabar en la tragedia final de los pobres cómicos que mueren pobres y solos..., aunque él crea, en su locura, que muere rico, rey o banquero... ¿Me comprende la idea? En sus manos ¡qué bonita cómicotragedia se podía hacer! –Ernesto Vilches".