FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre las posibles causas de las crisis teatrales en Francia, Inglaterra y México, citando textos que le llegaron por correo y considerando como factores al público y al crítico

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las crisis teatrales en Francia, Inglaterra y México”, en Novedades, 2 junio 1947.




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Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Las crisis teatrales en Francia, Inglaterra y México

Armando de Maria y Campos

El correo de lejos trae hasta mi mesa de trabajo muy interesantes noticias sobre la vida teatral en Francia e Inglaterra. Su conocimiento será útil en México, donde la crisis de los espectáculos teatrales tiene –aunque parezca increíble– mucha semejanza con la que padece México.

Al hablar del estado actual del teatro en Francia el director Gastón Baty no acusa de la depresión escénica a los autores, intérpretes, directores, ni siquiera al estado, sino al público. Para Baty los responsables de la decadencia teatral son los espectadores. "Algunos teatros –dice– ganan el máximo y la multitud invade las salas, pero por paradójico que ello pueda parecer, el teatro no tiene público. El teatro ha visto sumarse a su público habitual un neopúblico... sin educación; este nuevo público acepta cuanto se le ofrece, de lo mejor a lo peor... Me temo que ahora tan sólo nos quede ese público nuevo. Sin duda alguna, arruinado el verdadero público, aquel sobre el cual se apoyaba la escena y sobre el cual "se construyó" el teatro entre una guerra y otra, puesto que sin público el teatro es un arquitecto sin terreno. El buen público no ocupa ya sus localidades que ahora son reservadas para una minoría selecta... del mercado negro. Y vemos renacer el Teatro Libre y el "trozo de vida". En vez de continuar por su senda, el teatro bajo la presión, desde luego inconsciente, del nuevo público, da media vuelta y retrocede cuarenta años, lo cual, como todo el mundo sabe, no es un signo de vejez sino que anuncia la muerte...

Ningún medicamento podrá alejar el espectro de la cabecera de nuestro teatro. No se le salvará más que con el empleo juiciosamente dosificado de todas aquellas medicinas cuyas acciones combinadas le permitan hallar de nuevo un público verdadero, bastante cultivado, bastante apasionado por la belleza y bastante audaz, también para obligar a que el teatro reanude su marcha hacia adelante".

Esto, por lo que se refiere al teatro en Francia. Que el lector medite... Verá cómo la situación actual del teatro en Francia y la de nuestros espectáculos es muy semejante.

El comentarista teatral inglés –en Inglaterra son, en su mayoría, ingleses, y por excepción algún extranjero con larga residencia en las islas y con probado conocimiento de la historia del teatro inglés, del pasado inmediato de los sucesos salientes de su escena, para no caer en la fácil trampa de desorientar a sus lectores enseñándoles una lección que, por sabida, tienen olvidada–, el comentarista inglés, repito, W.A. Darlington, al ocuparse del estado actual del teatro en Gran Bretaña cuenta que J.B. Priestley le ha dicho: "Si escribo una nueva obra sólo hay un empresario en Londres a quien pueda ofrecérsela, y si no le gusta no podré estrenarla". Al mismo tiempo otro autor –Ian Hay– me ha contado que envió una obra a cierto empresario y que se la devolvió asegurándole que era muy buena pero que mientras el público llenara las salas para ver reposiciones de viejos éxitos teatrales, no quería arriesgarse en presentar ninguna novedad... Sin embargo –continúa el colega Darlington–, habrá una oportunidad para los noveles que intentaron introducirse en West End sin lograrlo. Después de una sacudida dolorosa es posible que haya buen teatro en Londres. Se necesitan obras, y se presume que el teatro inglés está por iniciar uno de sus mejores periodos. Lo esencial para un buen teatro, como lo demuestra la historia, es que haya un público inquieto y espiritual. Un público que tenga conciencia del tablado y se acostumbre a comprender lo que el autor se propone. El público que lo sabe todo, el que tuvimos entre las dos guerras, soluciones, si no inmediatas, lo más mediatas posible. En un mientos descubre que había respuestas que no conocía. Tenemos buenos actores jóvenes y tenemos público. Ahora queremos obras".

Todavía hay más. También en Nueva York hay gentes que se interesan por hallarle a la zozobra en que vive el teatro después de la guerra soluciones si no inmediatas lo más mediatas posible. En un programa de radio patrocinado por el New York Times se han reunido Richard Watts, crítico teatral del New York Post; Lillian Herlman, la autora de Las inocentes y Alerta en el Rin; el director teatral Irvin Shaw y el agente de publicidad Richard Maney, para discutir un tema de interés teatral: "¿Están matando el teatro los críticos?" La discusión libre y sin trabas no dio conclusión alguna, pues cada uno de los preguntados defendió un criterio categórico.

En este caso parece que no está México. Aquí el teatro resurgió hace cinco o seis años, y vive remozado gracias a la crítica y a los críticos de origen y raíz española. Por lo menos, eso creen algunos de ellos, y ya es bastante. Cuando hace seis meses llegó a México el maestro español Federico Moreno Torroba y pudo inaugurar su temporada de zarzuela, un crítico teatral que lo había sido hace años de un diario de Madrid, le declaró que no tuviera por qué preocuparse del éxito de su temporada si contaba con los críticos que antes lo habían sido en España y que ahora ejercían la crítica en la mayoría de los diarios y revistas de México. Cuando llegamos nos fue fácil apoderarnos de la crítica de teatros, porque no había quien la hiciera. Hace dos noches el mismo cronista le dijo a un colega: He buscado algún dato reciente sobre el estreno de determinada obra en los libros que sobre teatro en México se han escrito estos años y no lo hallé. No encontré nada. Por lo visto, nosotros venimos a darle al teatro vuestro la animación que ahora tiene...