FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Compañía Dramática Mexicana de María Teresa Montoya y Ricardo Mondragón

Notas Extractos de crónicas sobre la presentación en Cuba de la Compañía Dramática de María Teresa Montoya y Ricardo Mondragón

Referencia Armando de Maria y Campos, “La gira de María Tereza Montoya por la América Española. Su debut en Cuba”, en Novedades, 24 mayo 1947.




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Novedades

Columna El Teatro

La gira de María Tereza Montoya por la América española. Su debut en Cuba

Armando de Maria y Campos

La Compañía Dramática Mexicana de María Tereza Montoya y Ricardo Mondragón se encuentra actuando en Cuba, después de haber realizado una magnífica temporada en Mérida, Yucatán. Tengo a la vista un puñado de crónicas que amigos generosos me han enviado de La Habana y quiero aprovecharlas para apartar un poco al lector de la campaña –¿de dónde ha salido la consigna?– que los cronistas de teatro españoles han desatado en contra de Rodolfo Usigli y de su obra El gesticulador, que noche a noche llena, materialmente y sin hipérbole, la gran sala de espectáculos del Palacio de las Bellas Artes.

De Angel Lázaro, autor y cronista español residenciado en Cuba, pero que ha vivido en México varios meses estos últimos años, recojo estas frases:

"México nos envía una embajada de arte con la Compañía Dramática de María Tereza Montoya. La excursión por toda América está patrocinada oficialmente por la nación mexicana. Ello es prueba de que en las alturas hay un pulso y una sensibilidad. El nombre del presidente Miguel Alemán, que ha propiciado esta empresa artística, debe escribirse con respeto y aplauso. El jefe de un Estado que sabe darse cuenta hasta qué punto el teatro es vehículo de cultura, y cuánto juega la cultura en este momento de crisis de los valores humanos, bien merece llevar las riendas de una nación como México, que mira al futuro, marchando con decisión y fortaleza extraordinarias. Al llegar a la cima, no lo ha aturdido la marea de honores y de obligaciones que cercan a quien ocupa un sitial, y ha podido seguir percibiendo el latido de lo más sensible de una colectividad: su vida espiritual. Y cuando una gran artista de su país, María Tereza Montoya, con un prestigio en los tablados más ilustres donde se representan comedias en nuestro idioma en el que comulgan los pueblos hispánicos de una y otra ribera, ha manifestado su deseo de pasear la América que habla español, de una punta a otra, el presidente le ha tendido la mano". Así es, en efecto, y no únicamente para que un grupo de actores mexicanos constituyan una embajada artística nuestra, sino para que estos artistas representen ante "los pueblos hispánicos de una y otra ribera", obras de autores mexicanos.

Dice Lázaro que "no importa que el repertorio de obras de María Tereza Montoya no sea exclusivamente de autores mexicanos", porque "México no deja de hacer una manifestación de su cultura cada vez que este notable conjunto comparece ante los públicos de América". No estamos conformes. No, porque lo esencial en una compañía con fisonomía y origen propio es el repertorio. No se concibe una compañía inglesa que no represente obras de autores británicos, ni una compañía española representando únicamente comedias francesas, italianas o americanas.

"Tres grandes lecciones de arte teatral en pocos días nos ha brindado la Montoya. De sobriedad, la continencia de la comedia inglesa de Pinero La casa en orden, a la majestad, el ímpetu, el intenso dramatismo de Locura de amor, la obra de Tamayo y Baus, pasando por esa fuerte y complicada comedia de Cocteau Los padres terribles, llena de abismos psicológicos que sólo una actriz de cuerpo entero puede bordear sin peligro de estrellarse".

El cronista J.M. Valdez Rodríguez, de El mundo, se vuelca en justos elogios para nuestra ilustre compatriota, pero le aconseja hacer otras obras de autores extranjeros, que podían hallar en ella magnífica intérprete, visto lo que hizo y demostró poder hacer con las tres obras a que se refirió su colega Lázaro.

Don Francisco Ichaso, cronista de Diario de la Marina, buen amigo de México y huésped reiterado nuestro, se refiere en una de las crónicas que tengo a la vista al estreno en La Habana de La compradora, de Steve Passeur, otra gran creación de la Montoya. Ichaso habla largamente de la personalidad de Passeur, desconocido del público de La Habana, y refiere el argumento de la obra, tal vez con el ánimo de interesar a sus reacios paisanos por esa temporada de comediantes mexicanos. Luego, refiriéndose a María Tereza escribe: "personalmente la señora Montoya aprovechó el rol dificilísimo de Isabel para hacer despliegue de sus amplias facultades de actriz y de su buen dominio de la escena. Con mucha justeza expresó el conflicto interno del personaje, ese torcedor de la pasión insatisfecha que mina su espíritu y la coloca al borde mismo de la insanía. El reparto que podemos ponerle a esa interpretación es que los actores no tenían la obra bastante bien sabida y ello les obligaba a estar pendientes del apuntador. La misma señora Montoya no se salvó de esto. Más de una vez le vimos cortar indebidamente las frases y hacer ciertas pausas no indicadas, por inseguridad".

Concluye Ichaso su crónica con estas consideraciones: "Nuestro público hasta ahora no ha sabido apreciar debidamente (la calidad de la compañía), pues la concurrencia a estas funciones del "Principal de la Comedia" no es todo lo nutrida que debiera ser". Ignoro las condiciones económicas en que se desenvuelve el negocio teatral de la Montoya, pero se me ocurre que quizá este desvío se deba a que le falta a los carteles la verdadera novedad que puede presentar fuera de México la compañía de María Tereza Montoya: obras de autores compatriotas.