FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre que buscó a Dios

Autoría Alejandro Verbitsky

Notas de autoría Paddy Chayefsky / autor de guión de televisón Holiday song; Alejandro Verbitsky / traducción y adaptación

Dirección Alejandro Verbitsky

Elenco Monthy Rosenthal, Olga Tabachnik, Abraham Kahn, Yurek Grynberg, René Kristal, Abraham Elstein, Jaime Vinitzky, Eva Zacarías, Bush Schabbes, Israel Heiblum, Fanny Schabbes

Escenografía Arnold Belkin

Grupos y compañías Grupo de teatro en español para adultos

Espacios teatrales Centro Deportivo Israelita

Referencia Armando de Maria y Campos, “El hombre que buscó a Dios, en el teatro del Deportivo Israelita”, en Novedades, 17 mayo 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El hombre que buscó a Dios, en el teatro del Deportivo Israelita

Armando de Maria y Campos

El Centro Deportivo Israelita cultiva el teatro periódicamente y lo practica en muy diversas manifestaciones. Tiene abiertas varias series con obras en su idioma natal y, en español, para adultos y para niños.

El grupo de teatro en español para adultos está representando estas noches, a partir de la del sábado último, una interesante pieza titulada El hombre que buscó a Dios, y que reconoce su origen en una pequeña obra que Paddy Chayefsky escribió para televisión con el título de Holiday song, que en español viene a ser Canción de día de fiesta, y que es obligada en las sinagogas en el llamado "día del perdón" de los judíos que viven en cualquier parte del mundo.

Fenómeno curioso este de Holyday song que escrita directamente para la televisión es adaptada y ampliada para la escena material sin que pierda ninguno de sus atributos emotivos ni tenga que forzarse alguno de sus recursos escénicos. Holyday song –que en español recibió el nombre de El hombre que buscó a Dios– fue transmitida por la televisión norteamericana y alcanzó tan sonado éxito entre los judíos que abundan en los Estados Unidos, que su fama llegó a México, y un judío de origen argentino, Alejandro Verbitsky, residente en México desde hace diez años y ahora director del teatro en español del Centro Deportivo Israelita de México, la tradujo y la adaptó para la escena material y, después de haberla hecho representar en el Canal 4 de televisión por un grupo de actores que dirigió Luis Aragón, la ha presentado al público israelita que acude al coliseo que, para su propio deleite tiene dentro del magnífico Centro Deportivo.

En realidad, Verbitsky escribió una nueva obra sobre la ideal central de la pieza dramática de Paddy Chayefsky que originalmente tiene una duración de treinta minutos. Con loable ambición Verbitsky se propuso hacer una comedia dramática en tres actos y cinco cuadros, cambiando y creando lugares de acción y rellenando con diálogos accesorios la pieza original de Chayefsky. No conozco la versión para TV, pero puedo asegurar que la que salió de la pluma de Verbitsky interesa, en ocasiones apasiona y finalmente conmueve hasta a quienes no profesamos la religión israelita. Un cantor de sinagoga pierde de pronto la fe en Dios. Sencillamente no cree, no cree en Dios. Esto provoca un pequeño conflicto familiar y otro en la intimidad de la sinagoga. El sacristán de ésta convence al cantor súbitamente descreído a que vaya rápidamente a Nueva York y consulte su caso y pida consejo a un rabí muy sabio que habita en la Ciudad de Hierro. Va a Nueva York el hombre que perdió la fe en Dios y le suceden tales cosas en un bien llevado suspense, que vuelve a creer en el Ser Supremo. Es más: lo ve, habla con él y sigue sus instrucciones, porque ya lo dijo el profeta Isaías: "y lo veréis con las más extrañas vestimentas y en los lugares más extraños".

Leon Stern (Musi Greenspun), el cantor descreído, ve a Dios en la calle 86 de Nueva York en la forma de un agente de tránsito y se realiza el doble milagro: que el azar reúna a dos casados que se buscan desde años y son producto de los campos de concentración nazi, y él vuelva a creer en Dios, regrese feliz a su sinagoga y se realicen los desposorios de su hija, solterona arrinconada. Todo esto llevado con sencillez y no escasa habilidad, esmaltado con alusiones a la triste vida de los judíos durante las persecuciones nazis y de frases clave y gratas a un público israelita, da por consecuencia una comedia que interesa de principio a fin, y que se debe acreditar más a Alejandro Verbitsky que a Paddy Chayefsky, por más que éste goce de auténtica nombradía en los Estados Unidos por la calidad de su producción dramática, y porque es uno de esos extraños y frecuentes casos de revelación que se dan en el país del norte. Chayefsky quiso escribir para el teatro y fracasó; se dedicó a escribir para la televisión y su triunfo fue tan rotundo que, por lo pronto dos de sus comedias escritas para la televisión –Marty y Despedida de soltero– ya fueron llevadas a la pantalla.

El hombre que buscó a Dios se representa, naturalmente, en castellano. No es un purista, ni mucho menos, Verbitsky, pero siempre encuentra las palabras justas para expresarse.

La interpretación es por demás correcta. Todos los jóvenes y entusiastas actores han estudiado con cariño sus respectivos personajes y dicen con claridad y buena entonación sus parlamentos. Les imprimen un singular aliento de realidad, y parece como si en verdad los vivieran. Yo encontré excelente y dueño de una singular vis cómica, a Monty Rosenthal, que hizo el Zacker, sacristán de la sinagoga, pero en verdad todos los elementos de este grupo cumplen con entusiasmo, sinceridad y responsabilidad. Estos son sus nombres: Olga Tabachnik, Abraham Kahn, Yurek Grynberg, René Kristal, Abraham Elstein, Jaime Vinitzky, Eva Zacarías, Bush Schabbes, Israel Heiblum y Fanny Schabbes. La escenografía muy propia y con ambiente es de Arnold Belkin. La dirección de Verbitsky, autor y adaptador, está cargada de emocionante realidad.