FICHA TÉCNICA



Título obra La silueta de humo

Autoría Julio Jiménez Rueda

Dirección Ignacio Retes

Elenco Carmen Guzmán, Ana Demetria, Pilar Marchena, Rafael Estrada, Daniel Villarán, Jaime Valdés, Raúl Zarra, José Luis Vial

Grupos y compañías Grupo La Linterna Mágica

Espacios teatrales Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas

Referencia Armando de Maria y Campos, “La silueta de humo de Julio Jiménez Rueda, por el teatro experimental La Linterna Mágica”, en Novedades, 23 abril 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La silueta de humo de Julio Jiménez Rueda, por el teatro experimental La Linterna Mágica

Armando de Maria y Campos

Cuando los acontecimientos políticos que se desarrollaban con rapidez vertiginosa en la ciudad de México, en los primeros meses del año revolucionario de 1914, obligaron a la Compañía de Jesús a cerrar temporalmente su Colegio de "Mascarones", conocido oficialmente por Instituto Científico de México, clausurando su internado y suspendiendo sus clases, los alumnos fuimos repartidos en varias escuelas también católicas, y aquellos que revelábamos inquietudes fuera de lo común escolar, recibimos la recomendación de ingresar en el Centro de Estudiantes Católicos Mexicanos, cuyo local estaba en el número 4 de la 1a. calle del Correo Mayor. No recuerdo cómo fui inscrito, ni si alguno de los sacerdotes catedráticos de "Mascarones" tuvo la generosidad de recomendarme con los estudiantes que figuraban en la mesa directiva, el caso es que habiendo sido admitido como socio en junio de 1914, al mes siguiente recibí el espaldarazo de "periodista" al ser nombrado secretario de redacción de El Estudiante, revista mensual ilustrada, órgano del Centro, de la que era director el joven y aventajado alumno de la Escuela de Leyes, Julio Jiménez Rueda; figuraban, además, como subdirector y administrador, respectivamente, los estudiantes José Valdés Rubio y Luis B. Beltrán (Jr). Entre los más inquietos miembros de aquel Centro destacaban Jorge Prieto Laurens, Fernando Saldaña Galván, René Capistrán Garza, Bernardo Ortiz de Montellano...

Recuerdo que Jiménez Rueda escribía la "Crónica mensual", lírica, y casi siempre dialogada, porque ya tenía fama de hacer teatro, aunque no había visto representada ninguna de las obras que, se decía en los corrillos estudiantiles, tenía concluidas, y eran "muy bonitas y morales". El nombre de Julio Jiménez Rueda está unido, como dejo dicho, a las primeras emociones conscientes de las dos grandes pasiones de mi vida: el periodismo, el teatro. Jiménez Rueda siguió la carrera de leyes, se doctoró, y, responsable de su misión de ciudadano, fue político a ratos, miembro del Partido Nacional Cooperatista, que a su triunfo máximo, cuando logró el municipio de la ciudad de México, llevó al joven abogado, novelista y dramaturgo, a la Secretaría General del Ayuntamiento Metropolitano. Era presidente de la corporación el reciente líder del Centro de Estudiantes Católicos, Jorge Prieto Laurens, también presidente del Partido Cooperatista, candidato al gobierno de San Luis Potosí, y la revelación política de aquel periodo. El ex director de El Estudiante no se olvidó de su antiguo secretario de redacción, y lo nombró interventor de cines...

Para esas fechas Jiménez Rueda ya había publicado y estrenado. Su primer libro, Cuentos y diálogos (1917), era gallarda muestra de sus dos aficiones literarias, mitad novela, mitad teatro; su primera pieza dramática: Como en la vida (1918), premiada por el Departamento Universitario y de Bellas Artes y representada el 21 de septiembre en el teatro Colón, con auténtico éxito. Hasta el año 1922 subió a escena su segunda obra, Tempestad en las cumbres. Con una comedia de JJR, se inauguró el 23 de junio de 1923 la primera temporada municipal del Teatro Mexicano, por la Compañía de María Tereza Montoya-Julio Rodríguez: La caída de las flores. Ese mismo año JJR, había visto representar en el teatro Ideal (22 de febrero) su comedia Lo que ella no pudo prever. Dos años después estrenó en el teatro Fábregas (23 de diciembre de 1935) Cándido Cordero, empleado público, y dos años más tarde La silueta de humo, representada por la compañía de Alfredo Gómez de la Vega y Mimí Aguglia, el 1 de junio de 1927. Después ha estrenado Sor Adoración, Miramar –sobre el segundo imperio– y El rival de su mujer.

Los amantes del teatro saben que JJR ha escrito estudios sobre Juan Ruiz de Alarcón y Lope de Vega, y que es autor de un libro fundamental: Juan Ruiz de Alarcón y su tiempo (1939).

El grupo La Linterna Mágica está representado en el teatro de los Electricistas –lleva 2 representaciones y le faltan otras 2– la farsa La silueta de humo, para muchos –para mí también– su mejor obra. Es en la farsa, de los más difíciles géneros de teatro, donde JJR había hallado su mejor forma de expresión. Ni cómico, ni dramático, sino ironista sutil, autor lleno de malicia y finura, que sabe, como dijo Araquistáin a propósito de la farsa en el teatro, que "lo cómico tiene tanto valor como lo dramático. Todo consiste en situarse del otro lado de las cosas, en verlas desde la posición contraria. Existe el afán de continuar dramatizando asuntos que en la vida moderna han dejado ya de ser dramáticos para convertirse en cómicos: el adulterio, por ejemplo". Un curioso, pueril y dramáticamente cómico caso de adulterio es el argumento de La silueta de humo. A mí me parece que está muy bien tratado el asunto y que sus personajes son, de tan muñecos, humanos. Es interesante recordar ahora que La silueta de humo se representa con tanto decoro por los actores del grupo de Retes, Carmen Guzmán, Ana Demetria y Pilar Marchena; Rafael Estrada, Daniel Villarán, Jaime Valdés, Raúl Zarra, José Luis Vial, bajo la dirección de Retes, los juicios de los más autorizados cronistas de hace 20 años, Pepito Gamboa y Pepe Elizondo. Dijo Pepe: "El público saboreó la ironía, la ligereza y atingencia del diálogo en el primer acto, el mejor de los tres, y ya todo fue miel sobre hojuelas. Tanta es la teatralidad de ese acto de exposición, que fueron vistas con aplomo las audacias del ambiente del segundo muy "a la diabla"... a Doña Diabla –digámoslo de una vez– y las languideces del acto final". Y Pepito: La silueta de humo será un valor universal. Su autor no la envolvió, y es otro de sus méritos, ni en un rebozo de Santa María ni en un sarape de Saltillo, sino el glorioso manto de Arlequín...

Al público del Sindicato de Electricistas le ha gustado la obra, y también la labor de los intérpretes, que fueron muy aplaudidos.