FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre las reposiciones de zarzuelas de género chico, y sobre el libro Apuntes para la historia del teatro eh Chile: la zarzuela grande de Manuel Abascal Brunet

Referencia Armando de Maria y Campos, “La zarzuela de ayer, género concluido y guardado”, en Novedades, 10 abril 1947.




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Novedades

Columna El Teatro

La zarzuela de ayer, género concluido y guardado

Armando de Maria y Campos

El público de México ha sido, y es, zarzuelófilo. Gusta de la zarzuela, pero ¿de qué zarzuela? ¿De la de ayer? ¿De la de ahora?... Se pasa la vida añorando reposiciones del género "chico", pero cuando las empresas reponen las obras que más están en el recuerdo y en la boca de los zarzuelófilos por excelencia, son pocos, muy pocos los espectadores que acuden a aplaudirlas, y entre éstos se cuentan los de la vieja guardia, los que recuerdan a ésta o a aquella tiple en tal o cual zarzuela.

La compañía del maestro don Federico Moreno Torroba se ha visto precisada a reponer algunos títulos del repertorio "chico" de ayer, y aun de antes de ayer, tercamente solicitados por una docena de viejos aficionados: La verbena de la paloma, La revoltosa, Bohemios, La alegría de la huerta, Molinos de viento, La viejecita, Gigantes y cabezudos, La canción del olvido, Los claveles–, y la verdad es que de las zarzuelas clásicas como La verbena y La revoltosa, Bohemios o Gigantes, La alegría de la huerta o La viejecita, únicamente han despertado franca curiosidad los insuperables sainetes que tienen por protagonista al pueblo de Madrid, con Mari-Pepa y Felipe, con don Hilarión, Julián, la Casta y la Susana. Las otras piececillas, no obstante la música de Vives o de Serrano, han sido escuchadas con deleite y aplaudidas con entusiasmo por los cada vez más escasos supervivientes de la "vieja guardia" del Principal tandófilo, pero el público ha brillado por su ausencia. ¿Es que nteresa poco el género zarzuelero? No. Lo que interesan cada vez menos son muchas obras del "género chico" que sólo son gratas por el mundo de añoranzas que despierta. La zarzuela de ayer –de veinte o veinticinco años para atrás– es género concluido que debe ser guardado. Tiene aún mucha vitalidad este teatro de que con razón se enorgullece España para pretender reanimarlo con inyecciones de un pasado marchito, no importa de cuánto gratos recuerdos esté cargado.

Salvo excepcionales, la reposición del género antiguo puede acabar con el crédito general de la zarzuela, chica o grande. Conviene andar con cuidado. Muchos de los libretos que ayer hicieron la delicia de nuestros padres o abuelos, chochean, y no pocas de aquellas partituras alegres y graciosas en su tiempo se decoloran, palidecen. El exceso en las reposiciones de zarzuelas que gustaron en su tiempo, y que obligan a muchos cantantes a desarrollar esfuerzos estériles para incluirlas en sus repertorios, ha dado al traste con muchas temporadas líricas que América sostenía por tiempo indefinido. Salvo México y Buenos Aires, en ninguna otra ciudad de importancia de la América española se sostienen en la actualidad compañías de zarzuela estimables, generalmente encabezadas por los músicos ases del género: Moreno Torroba, Sorozábal, Guerrero... que dan preferencia, como es natural, a sus obras. En Chile, por ejemplo, gran mercado para la zarzuela durante mucho tiempo, ya casi no se representa el género. Y lo mismo ocurre en Perú, Venezuela o Colombia, Brasil o Cuba. A propósito de Chile, en Santiago acaba de publicarse un interesante libro: Apuntes para la historia del teatro en Chile: la zarzuela grande, del profesor universitario don Manuel Abascal Brunet.

Con toda la minucia de una historia completa, el profesor Abascal, miembro de la Sociedad de Historia y Geografía, y aficionado a la zarzuela, da en su libro 14 años de la vida de la zarzuela en Chile, desde la primera presentación, en Copiapó, en 1859, hasta la disolución de la compañía Villalonga. Además de una lista de todas las compañías de zarzuela que llegaron a Chile, y la fecha del estreno de cada pieza del género hasta 1871, el autor incluye los nombres de todos los cómicos que hicieron un papel en los teatros, la trama de cada obra, y algunas de la canciones de más importancia, sin faltar lo que dijo la crítica en los diarios después de las representaciones.

Abunda el libro del acucioso señor Abascal Brunet en datos curiosos pra la historia del teatro español en América. Por ejemplo: Copiapó, pequeña ciudad chilena, tuvo el honor de introducir la zarzuela en Chile el día de la Navidad en 1857, cuando un grupo de aficionados presentó El estreno de un artista (libro de Ventura de la Vega, partitura de Gaztambide). La segunda zarzuela que escucharon los chilenos fue Jugar con fuego de Barbieri. Como en México, más o menos por esos años, esta zarzuela, que áun se canta, fue la más popular en todo Chile. Un maestro español llamado Víctor Segovia introdujo la zarzuela en Santiago y en Valparaíso. Este ignorado músico anunció a los chilenos que su compañía iba a presentar una clase de espectáculo teatral que los compositores de España "han empezado a escribir hace diez años solamente para el teatro". También el director cuenta –en la entrevista que le hicieron en 29 de junio de 1859, precisamente– sus esfuerzos para terminar con la influencia de la música italiana y "crear un nuevo género de música española que estuviese en consecuencia con el carácter español".

La zarzuela española está a punto de cumplir su primer siglo, rebasando las ambiciones del maestro españolchileno Víctor Segovia, porque ha creado un género de música española que está en consonacia con el carácter español; pero como este carácter ha cambiado tanto, aquellas partituras de Barbieri o Gaztambide, de Bretón o de Chapí, de Caballero o de Vives, y aún de Serrano, que estuvieron en consonacia con el carácter español de su tiempo, deben guardarse, conservarse entre algodones de recuerdos, para que ocupen la escena de los compositores de ahora: Moreno Torroba, Sorozábal, Guerrero...