FICHA TÉCNICA



Título obra La dogaresa rubia

Autoría Luis Fernández Ardavín

Elenco María Guerrero, José Romeu, Ricardo Juste, Luis Orduña, Alicia Valery, Luis Porredón, Angelines Fernández, Maria Díaz de Mendoza

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cruzando el Atlántico llegó La dogaresa rubia...”, en Novedades, 9 abril 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Cruzando el Atlántico llegó La dogaresa rubia...

Armando de Maria y Campos

Todos los géneros teatrales tentaron a Luis Fernández Ardavín, pero de todos el que maneja –¡domina!– con más aliento dramático, con mejor gracia, es el poético. Creador exuberante, arquitecto escénico, eficaz, es antes que lo uno y lo otro, poeta, lo mismo en la comedia que en el drama, en la zarzuela, que en el folletín. Desde La dama del armiño, su primera obra enjundiosa, hasta esta Dogaresa rubia que acabamos de conocer, su vasta obra teatral –pasan de cincuenta sus piezas estrenadas– es vida poetizada, ya se trate de El doncel romántico que de La florista de la reina, de Vía Crucis o de La Caramba.

La dogaresa rubia –estrenada en Barcelona el 15 de octubre de 1942, mereció de la Real Academia Española de la Lengua, el premio "Piquer", como la mejor obra de teatro de ese año– es fruto maduro, rico y espléndido, de su frondosa producción. El mismo sitúa su magnífica obra en el histórico ámbito en que la produjo: "En el actual panorama del teatro, generalmente alejado de la poesía y carente de imaginación, parece aventura descabellada lanzarse y reñir batallas por lo legendario y lo poético. Y sin embargo, pese al tópico vulgar de su prosaísmo, el público desea y agradece siempre que se le arranque a la monotonía de nuestra vida cotidiana, para transportarle al mundo, de la historia o de la leyenda, siempre que éstas le sean ofrecidas con una visión moderna, en un léxico sin arcaísmos y al ritmo vivo a que el cine nos tiene acostumbrados". Exacto. Así crea y construye este gran poeta dramático. Su inspiración caudalosa, espontánea, exquisita a lo Zorrilla, se vuelve dócil al entrar, cristalina y murmurante, en el cauce de la técnica moderna del cine.

"Muy pocos poetas escapan a la sugestión medieval de Venecia –ha dicho el gran crítico español Federico Carlos Sáinz de Robles a propósito de La dogaresa rubia–, que apuró, como nadie, Shakespeare. De los modernos dramaturgos españoles todos cayeron en el cepo. No porque nosotros creamos rancio, dulzón y acromado el escenario de los canales adriáticos, vamos a afirmar que de ellos no puede surgir, en la agalla del delfín latino, el anillo ducal del éxito. Shakespeare es buena prueba de ello. Y entre nosotros, hoy, Marquina, con su Una noche en Venecia, y Ardavín con esta Dogaresa rubia. Y es necesario proclamar que con los dogos semihistóricos, con las dogaresas y las esclavas, los marineros y los esbirros, Ardavín ha sabido componer una fábula patética de singular calidad, que su poesía intuitiva, llena como siempre de lozanía, ha logrado atenuar cuanto de "made in Venecia" puede delatar cualquier obra de las sugeridas por el jurado encanto ancestral de la perla del Adriático".

¿Queréis saber qué es La dogaresa rubia, poema dramático de Fernández Ardavín?... Oídle: La dogaresa rubia, sucede en la sugestiva Venecia de los poderosos Dogos que ejercieron el señorío del mal y que, en simbólica unión, se desposaban con el Adriático azul, arrojando su anillo ducal al fondo de las aguas. La figura de Marino Faliero, con despotismo ambicioso, centra la acción de la comedia sobre un hecho rigurosamente histórico, y los protagonistas –la dogaresa rubia y el glondolero soñador– tejen, en torno de aquél, una bellísima y entretenida fábula de amor que la leyenda nos ha transmitido. Con estos elementos tan sugestivos para cualquier poeta, creo haber escrito un poema dramático de vivo interés para el público y en el que el verso es, ante todo, musical y agradable al oído como una sinfonía".

Teatro y poesía, poesía y actuación, teatro poético en suma, es este poema dramático de Luis Fernández Ardavín que se representa en el Fábregas entre aclamaciones para el autor e intérpretes. El espectador queda prendido desde el primer instante en la caudalosa inspiración del poeta y en la patética humanidad que sus principales intérpretes –María Guerrero y Pepe Romeu, Ricardo Juste y Luis Orduña, Alicia Valery y Luis Porredón, Angelines Fernández y María Díaz de Mendoza– imprimen y encienden a los personajes que encarnan y alientan.

María Guerrero está magnífica de voz y gesto. Para su garganta no hay matiz inédito. Sus ojos aman y sufren, suplican, exigen, reprochan que sólo de sus labios "o sus brazos elocuentes" digan la frase justa, revelen un pensamiento o subrayen una emoción. Romeu le da soberbia réplica. Maneja el autor almeriense su voz con tan singular dominio y tan sonora variedad de registros, que no hay tono que no corresponda a la situación justa que, en forma admirable, halla molde obediente en su singular temperamento artístico. Juste y Orduña, magníficos actores, y Alicia Valery, Angelines Fernández y Parredón, completan, con el resto de los intérpretes, la seductora evocación de una Venecia poética, romántica y miserable de 1354, que la encendida y fresca inspiración de un gran poeta nos presenta, tres veces teatral y dos más cinematográfica. Muy moderna y muy antigua –como diría Rubén– es la deliciosa fábula escénica de la Dogaresa rubia, con que han venido a regalarnos, cruzando el Atlántico, un juglar dramático y media docena de comediantes españoles...