FICHA TÉCNICA



Título obra La dama del armiño

Autoría Luis Fernández Ardavín

Notas de autoría Lope de Vega, Félix / autor de La moza del cántaro; Luis Muñóz Llorente y Luis Tejedor / libreto

Música Federico Moreno Torroba

Grupos y compañías Compañía Dramática Española Luis Fernández Ardavín

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Notas Extractos del anecdotario La dama de armiño y su historia, que Luis Fernández Ardavín leyó en el estreno de su obra

Referencia Armando de Maria y Campos, “Olvidos y recuerdos de La dama del armiño de Fernández Ardavín, que se representa en México”, en Novedades, 5 marzo 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Olvidos y recuerdos de La dama del armiño de Fernández Ardavín, que se representa en México

Armando de Maria y Campos

La compañía dramática del ilustre autor madrileño Luis Fernández Ardavín acaba de iniciar una temporada de comedias en el teatro Fábregas llevando a la escena la pieza en cuatro actos y en verso del mismo autor, La dama del armiño, que fuera representada por primera vez en México, como se sabe, el 20 de abril de 1921, en el teatro Arbeu de esta ciudad, por la Compañía Guerrero-Díaz de Mendoza.

La noche del debut de la Compañía Luis Fernández Ardavín, el gran poeta dramático habló al público, a telón corrido, refiriendo la historia anecdótica de La dama del armiño y recitó una bella, inspirada salutación a México, como a su tiempo y en su hora hicieron Zorrilla con su Oda a México, Salvador Rueda con La ciudad de las piedras y Villaespesa con Tierra de encanto y maravilla...

Tiempo habrá de hablar de los comediantes que interpretaron La dama del armiño, y como de la pieza se ha escrito tanto que hay poco –o nada– qué agregar, prefiero referirme a aquello que relacionado con la obra y su estreno en México es interesante y poco conocido.

Fernández Ardavín leyó sus cuartillas La dama del armiño y su pequeña historia, pero no las leyó íntegras. Este fue uno de los párrafos, interesantísimo, por lo íntimo que omitió: "Por los días de 1919 vivía yo difícilmente de la pluma. Una colaboración en un periódico de Sevilla, sobre temas de teatro; algunas otras colaboraciones en Madrid y traducciones muy mal pagadas. Tan mal pagadas que por la traducción del Werther me acababan de dar cien pesetas correspondientes a las cien páginas que en letra menuda formaban el volumen. Abandonar mis usuales trabajos periodísticos para dedicarme por entero a una obra teatral de no fácil representación, significaba un trastorno en mi hogar, donde vivíamos al día. Pero comprendiendo que de seguir como entonces no lograría libertarme de aquella esclavitud jornalera a que estaba sometida mi pluma, hice el esfuerzo necesario y me aparté de todo durante dos o tres meses. Ya había estrenado dos o tres obras con varia fortuna, pero ninguna de ellas alcanzó el éxito que soñaba. Y me propuse obtenerlo".

Una visita a Toledo, y en Toledo a la casa del Greco, la lectura del libro sobre Theotocópuli de Bartolomé Cossio, la contemplación de una reproducción de La dama del armiño, cuadro que se conserva en Londres, en la colección de John Stirling, le dieron a Fernández Ardavín elementos de inspiración suficiente para escribir la pieza que, después de no pocos incidentes, se representó por primera vez en México en la fecha señalada.

"Un día –habla Ardavín– recibí al mismo tiempo dos cables que llegaban de México. Uno era de don Fernando Díaz de Mendoza; otro de un grupo de intelectuales mexicanos. El primero decía así: "Terminó este momento estreno Dama del armiño. Exito completo, progresivo, clamoroso. Desde primer acto entró público de lleno en la obra. Al final todo mundo de pie aclamaba con entusiasmo. María (la Guerrero), bastante bien en morisca. Fernandito, en Samuel joven, bastante bien. Yo, Greco –obsérvese la modestia que usaba en tales referencias–. Tenemos obra indiscutible. No quise dar noticias hasta después estreno. María, chicos y yo le enviamos mil abrazos. Otro cable felicitante varios poetas asistieron estreno. Enhorabuena. Fernando Mendoza".

"El cable de los poetas –continúa Ardavín– decía así: "Le felicitamos por clamoroso éxito su Dama del armiño, compañeros y admiradores. José de J. Núñez y Domínguez, José D. Frías, José Luis Velasco, Roberto Núñez y Domínguez, Martín Gomez Palacio, Gabriel Alfaro, Armando de María y Campos, Wenceslao Blasco". Este Wenceslao Blasco –hablo yo–. era hijo del gran autor español don Eusebio, y escribía en Excélsior. El vate Núñez y Domínguez, como se sabe, encabezaba la pléyade de poetas y escritores que se conoció por el Grupo de Revista de Revistas. Recuerdo que el cable a que alude Ardavín lo redactamos y firmamos en el camerino de don Fernando y que nos costó gran trabajo impedir lo cubriera de su peculio. Lo llevaron a las oficinas cablegráficas Blasco y Pepe Luis Velasco; su importe lo pagamos a escote.

"Todavía recibí otros dos despachos –prosigue Ardavín–: uno dirigido igualmente por don Fernando a su administrador, don Miguel Rodenas, que me lo transmitió, y dice: "Dama de armiño, éxito serio, enorme, clamoroso. Hay obra para rato. Felicite Ardavín. Puede decir del éxito todo lo que quiera. Todo es poco". Y en fin, el cuarto que dos días después me dirigió a mí mismo y cuyo texto es éste: "Prensa unánime considera Dama armiño acontecimiento literario más importante muchos años acá. Sin el menor reparo dicen supera a don Alvaro y Trovador. Enhorabuena. Abrazos, Mendoza".

La brillante pieza de Fernández Ardavín ha hecho larga, rica, afortunada carrera. Medio México acude ahora a verla, y medio Veracruz, también, porque en estos días María Tereza Montoya la representa con Mondragón, Fernando Mendoza, Del Hoyo, en el teatro Principal del puerto. El lunes volará a Veracruz, Fernández Ardavín para asistir a un homenaje que nuestra ilustre actriz le ha preparado. Los "huachinangos" esperan con los brazos abiertos al creador de Catalina Theotocópuli, hija del Greco.