FICHA TÉCNICA



Título obra Madre Paz

Autoría Joaquín Dicenta, hijo

Dirección Ernesto Finance

Elenco Prudencia Griffel, Amparo Morrillo, Bianchi, Sánchez, Miguel Manzano, Alejandro Ciangherotti, Jorge Mondrágón

Escenografía Rodolfo Galván

Espacios teatrales Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Madre Paz de Joaquín Dicenta, en el Ideal”, en Novedades, 29 enero 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Madre Paz de Joaquín Dicenta, en el Ideal

Armando de Maria y Campos

En el prólogo de su drama en tres actos y un epílogo, en verso, Madre Paz, Joaquín Dicenta, hijo, dice: "Considero que debo recoger la más adversa crítica que sobre ella se hizo y otra de las más cariñosas; así podrá el lector situarse en el fiel de la balanza al pesar méritos y defectos". Porque Madre Paz, estrenada en España a mediados de 1945, es una obra de polémica, que hace historia y... mítin. Y que es también, y sobre todo, magnífico teatro.

Biografía con títulos. Joaquín Dicenta, hijo, es autor de –en teatro dramático–: El bufón, La leyenda del yermo, Gente de honor, El carnaval de los viejos, Son mis amores reales, Pluma en el viento, Amparo, Leonor de Aquitania, Rosario la cortijera, Nobleza baturra, Curro trueno, Romeo y Julieta (refundición), Marietta, traducción en catalán. Los ojos verdes, Caminante sin camino, Cuento de cuentos, Algo menos que una santa y algo más que una mujer y El ladrón en su huerto, y –en teatro cómico– de El cuarto de gallina, La casa de salud, Simón y Manuela, El tenedor, ¡No me conoces!, Mi tía Javiera, He visto un hombre saltar, El banco de España y El espíritu de Alvino, y, finalmente –de teatro lírico–, de El idilio de Pedrín, La reina patosa, La piscina de Buda, Los cuernos del diablo, Caras y caretas, Contrabandista valiente, Comedias y comediantes, La mujer de Bandera y Aquella noche azul.

Aguila o Sol.– La crónica adversa, publicada en El Correo Catalán, de Barcelona, en septiembre de 1945, por José María Juntey, dice, entre otras cosas: "Joaquín Dicenta, el hijo del autor de Juan José, poeta de vena un tanto afectado en la profundidad de su alma, ha entonado un canto a la paz, pero una paz "muy a lo pacifista de aquella época" –(la de 1932)– o sea, del pacifismo que hacía imposible la pacificación.

"No podemos, en modo alguno, abundar en los conceptos contrarios a la guerra cuando la guerra es justa y la sangre vertida lo ha sido con un alto grado de evangelización cuando no estaban en litigio intereses, sino algo muy superior: la salvación de un pueblo plasmado en los valores eternos que le dieron fisonomía espiritual, adscribiendo a la civilización cristiana. Por esto nos pareció el drama de anoche una reiteración de motivos un mucho efectistas, que iban discurriendo por cauces demagógicos y ácratas, servidos por un teatro lleno de convencionalismos y paradojas que creíamos por siempre retirados de nuestra escena nacional.

"Ya tenemos, pues, obra de masas, pero de una tonalidad disolvente y, a nustro modo de ver, de una inoportunidad supina. ¡Que algún día no tengamos que lamentar colectivamente esa, llamémosle ligereza, de permitir la representación de obras tan reñidas con el espíritu de la verdadera España como ésta que enhoramala ha sido autorizada".

Ahora, en la Hoja del lunes, de Madrid, de un día de julio del mismo año, la otra cara, firmada por "Acorde". Dice "el más noble propósito y los materiales más bellos han impulsado a Joaquín Dicenta a escribir su drama Madre Paz. No habría de tener esa obra más méritos que esos dos y ya serían bastantes títulos para merecer el aplauso y el entusiasmo del público y la consideración respetuosa de la crítica. Pero es que además, Joaquín Dicenta muestra en su drama una habilidad constructiva teatral de primer orden y un conocimiento exactísimo de hasta dónde pueden llevarse los recursos escénicos para que no fallen sus efectos en el público... El cuadro que ofrece Dicenta en su obra, con ser harto sombrío, es aún pálido ante la realidad de estas catástrofes que se llaman guerras... trozos hay en su drama que recuerdan por su bella serenidad a Zorrilla; trozos en que las descripciones magníficas de la paz del campo nos traen a la memoria las más bellas composiciones de Gabriel y Galán; trozos, hay, en fin, en los que Marquina se nos viene al recuerdo... El éxito fue enorme y unánime. Hacía tiempo que no veíamos en un teatro un público tan plenamente captado por una obra y tan enardecido por lo que en la escena se dice", etc., etc.

Joaquín Dicenta, hijo, es viejo, estimado conocido del público mexicano, más por sus piezas cómicas que por su teatro en verso. Pocos aficionados al buen teatro identificarán al autor de Pluma en el viento –estrenada en México por María Guerrero y López y Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero en 1927– con el ducho humorista que escribió ese saladísimo disparate que es La casa de salud, y, sin embargo, es el mismo. Ahora, con Madre Paz, se nos muestra tan hábil autor como inspirado, fluido poeta dramático que no ignora niguno de los recursos del teatro en verso, movilista que maneja los hilos invisibles de sus personajes, con una seguridad y tan fino donaire que lo hacen uno de los primeros autores –en serio o en broma– de España.

Escuchada y vista la pieza dramaticopoética Madre Paz sin la fobia de unos y sin la euforia de otros, nos parece una excelente obra de teatro. Su versificación, de gran espectáculo. El desarrollo escénico de la anécdota, independiente del simbolismo de cada uno de sus personajes, no desaprovecha recurso ni desaira detalle que pueda conectarla con la emoción del auditorio. El autor la concibió con un epílogo, aún más simbólico que el resto de la obra que fue suprimido, estrambote innecesario, como ya había ocurrido en Madrid y en Barcelona.

Para encarnar el difícil papel de la madre Paz la empresa del Ideal contrató a la eminente actriz gallegomexicana, doña Prudencia Grifell, que tan bien dice el verso; tal vez sea la actriz que lo ha dicho mejor desde hace un cuarto de siglo. Su amorosa y sufrida madre Paz no tiene “pero”, ni en emoción de gran comediante, ni en dicción, de insuperable intérprete del poema teatral. La señorita Morrillo más que discreta en la Aurora, y dándole muy ponderada réplica a doña Prudencia –y ya es elogio– las señoras Bianchi y Sánchez, Miguel Manzano, Alejandro Ciangherotti y Jorge Mondragón representaron los tres hermanos, y si bien dijeron su parte los dos segundos, mejor la dijo y actuó la suya el ya notable primer actor Miguel Manzano. Se estrenaron dos decoraciones de Galván que le dan mucho ambiente a la obra –cuya acción asegura el autor que ocurre en "un pueblo de indeterminado país", tan parecido a España, que si no lo fuera, habría que creer que en España ni pasa, ni ocurrió nada–. La dirección de Finance, muy correcta.

El público, escaso, interrumpió varias veces la representación para aplaudir algunos pasajes de gran brillo escénico y de intensa emoción dramática. Comprendió en toda su patética hondura la idea del autor, y sus aplausos aprobatorios más fuertes y espontáneos los sonó cuando Ismael, el hijo bueno de Paz, la simbólica madre de Caín y Abel, dijo los cinco versos que Dicenta pone en sus labios, pero que pueden estar en los de millones de hombres:

–Eres tierra y carne materna y gloriosa;
> tus hijos, espigas; tu regazo, el haz...
Eres patria –¿entiendes?–, patria generosa...
¡Eres Madre Paz!