FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor con motivo del proyecto de ley que crea el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, en vigor desde el 1 de enero de 1947

Referencia Armando de Maria y Campos, “Lo que en materia de artes dramáticas debe hacerse dentro del Instituto de Literatura y Bellas Artes de México”, en Novedades, 29 diciembre 1946.




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Novedades

Columna El Teatro

Lo que en materia de artes dramáticas debe hacerse dentro del Instituto de Literatura y Bellas Artes de México

Armando de Maria y Campos

El presidente –universitario– de la república, licenciado don Miguel Alemán Valdés, ha cumplido su palabra empeñada con sus electores, cuando les prometió dar preferencia durante su gobierno a las disciplinas artísticas, aceptando se incluyera en la organización del Comité Nacional Alemanista, un Comité de Cultura y dentro de él comités de cine, radio y teatro, al enviar al Congreso un proyecto de ley por medio del cual se crea el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, con personalidad jurídica propia.

El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que nacerá vigoroso y orientado, como obra largamente madurada por el presidente de la República y sus colaboradores en las materias que abarcará, tiene muy altas finalidades para el cultivo, fomento, estímulo e investigación de las bellas artes en las ramas de la música, las artes plásticas, las artes dramáticas y la danza, las bellas letras en todos sus géneros y la arquitectura –incluyendo, avanzado, actual–, el estudio y fomento de la televisión.

Desconozco el articulado completo del proyecto de ley enviado al Congreso, pero basta para reconocer su importancia el propósito ambicioso del presidente Alemán de crear un instituto que se ocupe de "la organización y el desarrollo de la educación profesional en todas las ramas de las bellas artes", a través de un Consejo Técnico Pedagógico, que será su órgano responsable: sé que se le dará preferencia al arte teatral, y que no se descuidará el problema de la educación de ¡todas las clases sociales! para que amen el teatro.

Pero, para que el fomento del amor, de la inclinación, de la afición al teatro, produzca el efecto deseado, no basta la creación de un organismo por importante que sea, que será centro y hogar de su existencia: es menester, al mismo tiempo, propagar la noble convicción de que el teatro es algo importante para la vida espiritual del país. Hace falta, entonces, aparte de la ya aludida creación de un teatro activo, de una corriente naturalmente viva, una labor intensa de estudio y divulgación.

Los antecedentes e historia de nuestro teatro –¡nuestro teatro, el de más tradición, de más rica y fecunda médula de la América española, y de "la otra" también!–, así como el registro y catalogación viva y permanente de su marcha artística en el mundo. Obra de divulgación es también la de formar la bibliografía de un teatro nacional, en todas sus categorías y aspectos, y en general, de una gran biblioteca teatral, de una sociedad de conferencias sobre temas de teatro, de un archivo y museo de arte dramático...

Existe una multitud de cuestiones trascendentes y complicadas que a menudo conocemos sólo someramente. Las condiciones generales de la vida e industrialización del Teatro, con sus naturales consecuencias, han añadido a la sencilla representación escénica de antaño una cantidad de elementos, factores y actividades que plantean crecido número de problemas interesantes, tanto desde el punto de vista del director, del autor y del actor, como desde el arquitecto, del ingeniero, del jurisconsulto. Así la estructura de los edificios destinados al teatro, la maquinaria del escenario; los efectos de luz, los deberes y obligaciones de los múltiples servicios que colaboran al éxito de la representación, hoy más especiales que nunca; los derechos de autor; la legislación; los impuestos, etcétera.

De todo ello se habrá de ocupar el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, responsable, también, del capítulo de subvenciones, tan desordenada, caprichosa y absurdamente repartidas desde la administración del presidente Obregón hasta la del presidente Avila Camacho, tal vez con la sola excepción de las muy breves de los presidentes De la Huerta y licenciado Portes Gil, más constructivas y certeras las otorgadas por el mandatario de Tamaulipas. No había en la historia de nuestras luchas por un teatro protegido por el Estado, ejemplo que superara a la protección brindada a nuestros autores, que la que les dio otro ilustre estadista veracruzano, el licenciado don Sebastián Lerdo de Tejada. El presidente licenciado don Miguel Alemán ha venido a enmendar la plana a su ilustre paisano, en los momentos en que la ideología del dramaturgo se manifiesta cada día con mayores audacias, en que la presentación escénica motiva originalidades sorprendentes, y en que existe en nuestra República la pavorosa estadística de millares y millares de gentes –¡de todas las clases sociales!– que no han ido nunca al teatro. Hasta ahora, todos los grandes fenómenos teatrales han repercutido entre nosotros en forma débil, a causa de que, por lo general, su descubrimiento y aplicación es –o fue– obra de la actividad particular, no siempre motivada por fines generosos y culturales.

A partir del 1 de enero de 1947, y gracias al presidente Alemán, será distinto.

Ojalá y que en la designación de las personas que representen la rama de las artes dramáticas en el Consejo Técnico del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, tenga el mismo acierto que en la elección de otros de sus colaboradores. De ello depende el éxito inmediato del nuevo, esperado, indispensable, necesarísimo Instituto, el primero de esta índole en el Nuevo Mundo.