FICHA TÉCNICA



Título obra Yo no soy marinero... ¡por tí seré!

Notas de Título Al abordaje, muchachada o Muchachada de abordo (título original)

Autoría Manuel Romero

Notas de autoría Carlos M. Ortega y Francisco Benítez / versión

Elenco Luis Sandrini, Daniel Herrera (El Chino), Fernando Soto (Mantequilla), Rubén Rojo, Eduardo Sandrini, Tita Merello, Amparo Arozamena, Chelo Gómez, Consuelo Guerrero de Luna

Espacios teatrales Teatro Lírico

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los bufones de antaño y los bufones de ahora. La presentación de Sandrini en el Lírico”, en Novedades, 24 diciembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Los bufones de antaño y los bufones de ahora. La presentación de Sandrini en el Lírico

Armando de Maria y Campos

La aparición en los escenarios mexicanos de Cantinflas primero, de Medel en seguida, de Tin-Tán, Palillo, Don Catarino, Don Chicho, Clavillazo o Borolas después, trajo al espectador que conoce como diletante las escuelas y tendencias escénicas, una novedad indudable en la deformación artística de estos cómicos (Cantinflas se colocó bien pronto en el lugar aparte, como un cómico de excepción), que, sumada a interpretaciones que degradan la realidad, provocan la risa incontenible en el vulgo, pero que el espectador de fina sensibilidad no acepta de buen grado, no obstante que es notaria la fama y popularidad de que disfrutan estos histriones, cuyas expresiones indecorosas desnaturalizan los principios inmutables del arte escénico.

Estos, indudablemente malos cómicos de hogaño, son frutos de un árbol genealógico que hunde sus raíces en un pasado remotísimo, y que se da por igual en cualquier tierra del mundo, en Francia o en Alemania, en México o en Argentina. Por cierto, argentino es el cómico que motiva este comentario sobre los bufones de antaño y de hogaño. Luis Sandrini, que el sábado 21 hizo su 4a. salida ante el público de México, sin contar sus apariciones en la pantalla, porque entonces, sumadas a sus temporadas de comedia y radio –ahora se encuentra en la revista– y su programa de radio, serían cinco.

Un cronista argentino, don Enrique Gustavino, comentando el auge de los bufones de hogaño, acaba de escribir: "El espectador avezado, de fina sensibilidad y cultura que, por azar y atraído por el reclamo de un éxito de taquilla, concurre a los espectáculos que ofrecen ciertas figuras populares de la escena autóctona –se refiere a Buenos Aires, pero parece que lo hace enfocando algún espectáculo mexicano– dadas a cultivar con morbosa preferencia un teatro subalterno, chocarrero y de comicidad primaria, se habrá preguntado con extrañeza y sin encontrar una explicación viable, a qué raza o familia pertenecen esos actores plagados de taras físicas, que varían desde la tartamudez sin remedio a la dicción defectuosa de los retardados; desde el andar grotesco del antropoide a las características más salientes de los congéneres de la escala zoológica y desde el desenfado y la procacidad de los débiles mentales a los exabruptos que denuncian al esquizofrénico en estado latente".

No es plaga de ahora la de estos cómicos bufones. El emperador azteca Moctezuma contaba en su corte con seres deformados, enanos, gibosos, rengos y patizambos, graciosos, en fin, que lo divertían, como en la Roma del imperio y de los césares, donde la disputa y posesión de estos "graciosos" alcanzó tan extraordinaria demanda entre los señores ricos y poderosos, que se creó un mercado especial destinado a la venta de esperpentos humanos e... histriónicos. Hay más antecedentes del bufón del tipo, de Medel, de Tin-Tán o de Sandrini. En los albores de la civilización, los persas y los egipcios gustaron de los bufones; la costumbre de utilizar tarados como instrumento de diversión pasó a Grecia y a Roma. En tiempos más recientes, ¿quién ignora que Triboulet, que estuvo al servicio de Luis VII y de Francisco I, hizo reír con tan ingeniosas travesuras bufonescas, que ha pasado a la historia, y su historia se halla en el Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, y en El rey se divierte de Víctor Hugo, que cuando se canta con música de Verdi se llama Rigoleto?... Vivero de bufones, Francia cuenta con otros famosos histriones bufos: Colart, Robinet, Dago... Cuando se aniquila el dominio de Moctezuma, se derrumba el imperio romano o termina el reinado de los Valois, lo que fue privilegio de unos pocos, pasa a ser del dominio público, y los bufones mantenidos por los mandamás, señores feudales o tiranuelos, tienen que encaramarse a los tablados y trabajar para la masa. En ocasiones –ya casi ayer– se organizan, y son, en la América antillana, los bufos cubanos... Dice bien el cronista Gustavino: "Las piruetas, los chistes groseros y las estupideces que mueven a piedad son las mismas de siempre. Solamente que ayer hacían las delicias de los innobles de la nobleza y hoy halagan los bajos gustos de un público que, con tal de que lo hagan reír, no ve pelos ni señales...

Para la presentación en el Lírico de Luis Sandrini como actor bufón, la dirección artística de ese coliseo popular, aceptó modificar, adaptándola a nuestro medio, una pieza argentina, del autor Manuel Romero, titulada Al abordaje, muchachada –o Muchachada de a bordo–, que ya había sido llevada sin éxito al cine argentino, interpretada también por Sandrini. El "arreglo" de Ortega y Benítez no logró mejorar el libreto argentino; lo actualizó un poco, para justificar el título nuevo: Yo no soy marinero... ¡por tí seré! –primer verso de la letra de la popular canción jarocha la Bamba, tan popular en la actualidad–. La novedad de injertar en la representación pasajes de la película argentina dio el efecto deseado, por lo mediocre de la cinta y por lo malo de la exhibición. El libreto argentino de Romero no tiene pretensiones, pero aun con este atenuante, es de muy reducida calidad. Aparte de los números musicales que Ortega y Benítez incluyeron en su "arreglo", el público oye otro agradable, el llamado "Candombe", con Chelo Gómez. Amparo Arozamena y Tita Merello en la primera línea. Sandrini –Juan Rosquete– es el personaje central de la obrita, encargado de hacer reír, sea como sea, a como de lugar. Y lo logra, ¡vaya si lo logra!, sin importarle recursos. Muy en actores cómicos, los excelentes "Chino" Herrera y "Mantequilla" Soto, y Rubén Rojo, que se incorporó a este elenco y tomó en serio su papel. Debutó el actor Eduardo Sandrini, y se mostró discreto.

La "vedette" Tita Merello lució un bello traje. Caso curioso el de esta "vedette", que ni canta, ni baila, y cosecha a aplausos.

¿He dicho algo de las mujeres bufones? Pues es de justicia anotar el nombre de la señora Consuelo Guerrero de Luna, que actuó y vistió su personaje con un desenfado bufo muy discutible, muy objetable...