FICHA TÉCNICA



Título obra La noche que raptaron a Epifania

Autoría Gerardo Mancebo del Castillo Trejo

Notas de autoría Alfonso Cárcamo

Dirección Ana Francis Mor

Elenco Rita Guerrero, Haideé Boetto, Mónica Huarte, Nora Huerta, Carmen Mastache

Música Daniel Hidalgo, Jacobo Lieberman y Leonardo Heiblum

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Rodolfo Obregón, “Epifanía”, en Proceso, 6 mayo 2001, pp. 69-70.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Epifanía

Rodolfo Obregón

Está claro que el primer acierto o desacierto de un espectáculo teatral es la relación espacial que establece con su espectador. Este hecho, que tanto público como creadores suelen dar por sentado puesto que la arquitectura del teatro es como es, determina el grado de apropiación de la propuesta escénica e influye definitivamente en el grado de retroalimentación que requieren los actores.

La arquitectura, lo sabemos gracias a la intensa exploración de espacios alternativos durante el siglo XX, es uno más de los múltiples códigos semánticos del teatro. Si el inmueble no es el adecuado para tal obra, hay que salirse de él o modificar radicalmente sus condiciones. Ya se sabe, no hay comedia que funcione cuando cincuenta espectadores se distribuyen en una sala hecha para mil; el regocijo exige cierto anonimato compartido.

Estoy seguro que subir al público, durante los fines de semana, al escenario del Teatro Julio Castillo volvería una experiencia muy gratificante, para público y actrices, la representación de La noche que raptaron a Epifania, una atractiva comedia que en las condiciones actuales funciona aunque se percibe desangelada.

Hacerlo justificaría, para empezar, una pesada y mal iluminada escenografía (sin crédito) que responde a la idea de una pasarela por donde desfilan los extravagantes tipos con que Gerardo Mancebo hacía suya La noche de Epifanía (o Duodécima noche).

Como en otras obras del malogrado autor (…Capitana Gazpacho, Mundos calánimes, Geografía, cuya publicación es una deuda moral de las instituciones queretanas de cultura), la subversión de valores, el trastrocamiento de los roles sexuales, el travestismo de la actualidad en los ropajes de una estructura clásica y, sobre todo, el desarrollo de un lenguaje plagado de citas y no obstante profundamente original, confieren su interés a esta reinvención en la cual Doña Chivos ha raptado a la supermodelo Epifania.

Como ninguna otra de sus obras representadas, donde los préstamos no eran asimilados aún de una manera definitiva, La noche que raptaron a Epifania es una mezcla homogénea del calánime mundo de Mancebo y el original shakespeariano. Duodécima noche, con su característico juego de ambigüedad sexual y su disfraz de idealidad (Iliria), le viene como anillo al dedo al dramaturgo que se revela un amante ardoroso de las teatralidades clásicas pese a su atavío iconoclasta.

El juego de identidades recreado por Mancebo se multiplica, al inverso de la costumbre isabelina, con la elección hecha por Ana Francis Mor de convertir la obra en una “ópera tecno” y representarla con un elenco exclusivamente femenino.

Delicioso en el papel, el pretendido aquelarre no logra desprenderse sin embargo de sus ataduras terrenas pues (amén de la falta de respuesta del público) la gran energía de la directora se concentra en la elaborada superficialidad del mundo de la moda mientras desdeña el contraste con la complejidad anímica que las pasarelas pretenden ocultar.

Inmerso en un brillante pero saturado juego corporal, el desempeño de las divas es irregular; y aún ahí sobresalen el dominio vocal de Rita Guerrero, la displicencia de Haideé Boetto (actriz de mucho mayor capacidad), la convicción y autenticidad de Mónica Huarte y Nora Huerta, pero, sobre todo, el desmedido encanto y capacidad de trabajo de Carmen Mastache, quien acapara luces y cámaras en este desfile de talentos al demostrar, por si fuera poco, sus dotes musicales.

A pesar de haber sido terminada por Alfonso Cárcamo, cuyas referencias a la actualidad se hacen tan evidentes como las parodias musicales que debilitan la ópera de Daniel Hidalgo, Jacobo Lieberman y Leonardo Heiblum, La noche que raptaron a Epifania parece la obra más personal de “el joven Mancebo” y su puesta en escena, un gozoso homenaje a su memoria, merecería un mejor destino.

P.D.: “El pleonasmo” solía llamarlo yo y le advertía que, en el futuro, su nombre sería una auténtica contradicción: “el señor Mancebo”. Rebelde y rijoso, hizo añicos mi predicción en el momento justo en que adquiría, a través de otros, una voz propia.


Notas